“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

AMLO es Morena, lo quiera o no

Por más énfasis que el cuartotransformador ponga en su supuesto alejamiento de las tareas partidistas, uno está obligado a suponer que, en el mejor de los casos, solo se trata de buenas intenciones

Por Juan Bustillos

Por más que sea sincero, es difícil creer a Andrés Manuel López Obrador que no se mete, ni se meterá, en la vida interna de Morena, en donde la lucha por el poder está a todo lo que da.
La frase con que contestó al coordinador editorial de IMPACTO, Roberto Cruz, para definir sus intenciones es muy elocuente: “Yo represento a todos los mexicanos, siempre lo he dicho; el partido es una parte; gobierno es la representación de todos; no quiero ser jefe de grupo; jefe de pandilla; jefe de fracción; jefe de partido; yo soy el representante del Estado mexicano, entonces, no tengo por qué meterme en asuntos partidistas”, pero la realidad es otra, más vulgar y cruda.
Quiera o no, el Presidente deberá hacer valer su condición del primer morenista porque de lo contrario, su partido correrá el riesgo de balcanizarse, como ocurrió al PRD y le está pasando al PAN y al PRI.
El realismo dice que sin López Obrador, Morena dejaría de existir casi de inmediato porque nadie, sólo él, cohesiona a esa variopinta colección de tribus en permanente lucha por la primacía.
No hay nadie, en la cúpula partidista ni en la gubernamental, que sea capaz de garantizar la preservación del partido en caso de faltar Andrés Manuel.
Algunos por razones de edad, pero la mayoría porque no son morenistas, sino personajes aislados, enemigos en algún momento, que buscaron el árbol que más sombra pudiera darles después de fracasar en sus partidos de origen y en otros en que se refugiaron antes de la creación de Morena.
Entendámonos: Los votos son de Andrés Manuel y su discurso, no del grupo que lo rodea, y la supervivencia de la Cuarta Transformación no está supeditada a Morena, sino al contrario.
Eso es realismo político.
Por eso, por más énfasis que el cuartotransformador ponga en su supuesto alejamiento de las tareas partidistas, uno está obligado a suponer que, en el mejor de los casos, sólo se trata de buenas intenciones.
Al final de cuentas, y con sus asegunes (como el discurso anticorrupción y la condena al neoliberalismo), Morena es una versión Siglo XXI del PRI, es decir, una amalgama de grupos con intereses diversos, y hasta encontrados, unidos por una voluntad.
En el pasado, el punto de unión era el Presidente; también hoy.
La conclusión puede resultar ofensiva a López Obrador por su odio a todo lo que huela al PRI, pero así ocurre cuando todo se construye en torno a una sola persona, como es el caso de Morena y lo fue en el tricolor.
Por eso, lo mejor es que meta orden ya en su partido y en el gobierno; de lo contrario, la batalla por el control de las siglas y, en consecuencia, por las candidaturas de todo tipo, así como la lucha palaciega que ya se advierte, podría, más que sus contrarios políticos, dar al traste con la Cuarta Transformación.