“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Ahora o nunca, señor Presidente

Apenas cerró la boca Donald Trump en su primera conferencia de prensa en 6 meses y el Presidente Peña Nieto le contestó con firmeza y puntualidad sus amenazas a México

Por Juan Bustillos

 

El proyecto era hacer historia, y he aquí que la oportunidad está a la mano.

Apenas cerró la boca el presidente electo de Estados Unidos en su primera conferencia de prensa en 6 meses y el Presidente Peña Nieto le contestó con firmeza y puntualidad sus amenazas a México: “No son negociables principios básicos como la soberanía, el interés nacional y la protección de connacionales”.

El encuentro anual con los embajadores y cónsules de México en el mundo, y no una esperada entrevista periodística, fue el marco, inmejorable, para que Peña Nieto contestara la diatriba amenazante de Trump.

Así, le recordó la corresponsabilidad del gobierno que encabezará, con México, en la lucha contra el tráfico de armas y del dinero producto del narcotráfico que viaja de su país al nuestro; rechazó “cualquier intento de influir en las decisiones de inversión de las empresas (en México) con base en el miedo o en amenazas”, como está ocurriendo, y le reiteró que, por supuesto, no pagaremos su muro. De paso le recordó, como si no viniera al caso, que unos 15 mil haitianos esperan en territorio mexicano internarse al norteamericano.

Ayer, Peña Nieto bosquejó la dimensión del problema que la Presidencia de Trump constituirá para México; será, explicó, de mayor complejidad y trascendencia que el incremento al precio de los combustibles.

Por ello, “en ningún momento aceptaremos nada en contra de nuestra dignidad como País ni de nuestra dignidad como mexicanos”, dijo al cuerpo diplomático mexicano que obligadamente llevará al mundo su mensaje.

Habrá quien no esté de acuerdo con algún concepto o con otro, y alegue que no tenemos manera de evitar el pago del muro si Trump castiga con impuestos el envío de remesas o encarece con aranceles prohibitivos los productos mexicanos que vendemos a Estados Unidos, pero nadie puede negar que el Presidente expresó el sentir nacional. ¿Cómo estar en desacuerdo con su posición de estadista?:

“…el mundo verá en México a un País que con audacia y pragmatismo privilegia el diálogo y el entendimiento para lograr beneficios concretos para los mexicanos. Impulsaremos una negociación abierta y completa. Todos los temas que definen nuestra agenda bilateral están sobre la mesa, incluyendo seguridad, migración, y comercio.

“En ningún momento aceptaremos nada en contra de nuestra dignidad como País ni de nuestra dignidad como mexicanos”.

Desde luego que por momentos acudió al lenguaje diplomático porque es su obligación (“el Gobierno trabajará para tener una buena relación con el próximo Presidente –de Estados Unidos-, que sea benéfica para los mexicanos”) y porque lo último que todos deseamos es un enfrentamiento frontal, del que sacaríamos la peor parte, pero regatear la firmeza en el discurso sería mezquino, a menos que no falte el loquito que aconseje el rompimiento de relaciones.

¿Qué podríamos reclamar hoy a Peña Nieto? No hay en su mensaje ni sumisión ni pirotecnia patriotera; en cambio, hay pragmatismo y firmeza en conceptos que nos son tan caros, como la soberanía y la defensa a nuestros paisanos que corren el riesgo de la deportación masiva.

Lo que sigue es la titánica tarea de aterrizar el discurso teniendo enfrente a un contrincante impredecible e irrazonable. Es un reto histórico, pero para hacer historia, escuché alguna vez, Enrique Peña Nieto se empeñó en ser Presidente.

Cuenta la leyenda que alguna vez su paisano y antecesor Adolfo López Mateos golpeó el claxon de su carro deportivo 7 veces para contestar como lo mereció un taxista lépero. “Ahora o nunca”, dicen que se dijo a sí mismo don Adolfo El Joven.

Hoy es el ahora o nunca.