“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Urzúa, valiente, pero no tanto

A lo que no tiene derecho el ex secretario es a dejarnos un rosario de adivinanzas que cada cual ha rezado como puede conforme a la disponibilidad de información, filtraciones, intereses particulares y de grupo del gobierno, y, desde luego, a nuestra innata vocación mexicana a la conspiración

Por Juan Bustillos

Ya Carlos Urzúa ganó el reconocimiento que buscaba por la valiente claridad con que desertó de la Cuarta Transformación. Unánimes, las voces de tirios y troyanos reconocen la honestidad de su carta de renuncia a la Secretaría de Hacienda, en la que el Presidente López Obrador le otorgó “autonomía”, que, por lo visto, o no existió o para nada le sirvió, excepto para crear una inesperada crisis política aún de pronóstico reservado.

Andrés Manuel reaccionó con prontitud para evitar la crisis y sus consecuencias con la designación de Arturo Herrera, neoliberal también, pero con origen familiar en movimientos sociales y con respeto por su libertad de pensamiento, pero más allá de las consecuencias de la dimisión de Urzúa, a lo que no tiene derecho el ex secretario es a dejarnos un rosario de adivinanzas que cada cual ha rezado como puede conforme a la disponibilidad de información, filtraciones, intereses particulares y de grupo del gobierno, y, desde luego, a nuestra innata vocación mexicana a la conspiración.

Para ser totalmente valiente, Urzúa debe poner rostro, nombre y apellidos a quienes figuran en su renuncia como los malos de la Cuarta Transformación, en especial a los funcionarios que le impusieron y carecen de idea de la Hacienda Pública; enumerar, de la A la Z, las políticas públicas tomadas sin sustento; los personajes “influyentes” que actúan con patente de “conflicto de intereses” y a los extremistas de derecha e izquierda.

Desde luego, está obligado a decirnos si en alguna ocasión se opuso a las políticas públicas del Presidente y, en todo caso ¿a cuáles?
Y, para no ser exhaustivos, ¿cuál fue la gota que derramó el vaso?
Por revelación de su sucesor, Arturo Herrera, sabemos que su dimisión no fue una decisión repentina, sino que, por lo menos, en el fin de semana pasada estalló la crisis, debido a lo cual el Presidente tuvo que platicar con el ahora secretario de Hacienda de la posibilidad de ocupar el puesto.

Sin embargo, al marcharse en los términos contenidos en su carta de despedida, aunque el Presidente lo minimice, Urzúa le pegó un patadón en la ingle para alegría de muchos y preocupación de la mayoría.

Se alegraron, desde luego, los adversarios políticos del mandatario (fifís, neoliberales, conservadores, porfiristas, etcétera) que ansían su fracaso, pero el resto nos preocupamos porque gracias al dimitente, que no fue cualquier funcionario, ahora sabemos que, según su particular punto de vista, hay especímenes peligrosos que influyen en la Cuarta Transformación.

También por revelación del Presidente sabemos que la valentía de Urzúa no fue de última hora, cuando es lugar común en la opinión pública que otros datos indican que las cosas no andan tan bien como dice el discurso oficial; que tuvo el valor de discrepar con el Plan de Desarrollo de López Obrador y que él propuso uno que pudo ser redactado por los campeones del neoliberalismo, José Antonio Meade o Agustín Carstens, lo cual indignó a Andrés Manuel porque dejaba a la 4T en más de lo mismo.

En palabras de Andrés Manuel: Urzúa “es un hombre con criterio, pero nosotros tuvimos, entre otras discrepancias, el Plan de Desarrollo… hubieron dos versiones y la versión que quedó es la versión que yo hice. Había otra versión y sentí que era continuismo del neoliberalismo; era una concepción todavía en la inercia neoliberal y había que marcar la diferencia”.

Es decir, el ex secretario era, es, un neoliberal más, lo que para la 4T es pecado capital.

Urzúa tuvo diferencias también con el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo (quizás el extremista de derecha que, además, tiene “conflicto de intereses”); fue causante de la renuncia de Germán Martínez a la dirección del IMSS y tuvo diferencias con la titular del SAT, Margarita Ríos Farjart.

El Presidente reconoció a Urzúa que decidiera renunciar en sábado para no generar “un problema económico-financiero de ajustes en los mercados”, pero como el cambio que encabeza contempla actuar de manera diferente al pasado, lo invitó a anunciar su despedida de inmediato, el lunes. Así ocurrió y nada pasó porque, aunque hubo un ajuste, “el peso está fortachón, aguanta, y se recuperó y se va a seguir recuperando”.

Es decir, la turbulencia que Urzúa creyó que su ausencia podía generar sólo existió en su mente, según los datos del mandatario.

Tendrá que vivir mucho quien quiera saber qué piensa Urzúa de la cancelación del NAIM, de la construcción del aeropuerto en Santa Lucía, de la refinería de Dos Bocas, del Tren Maya, de los programas asistenciales y de las políticas públicas “sin sustento”, así como conocer los nombres de quienes le hicieron la vida pesada, que no sean Romo, Ríos Farjart y Germán Martínez, porque después de las palabras del Presidente en la conferencia mañanera de este miércoles, el ex secretario de Hacienda entrará en un periodo largo de silencio.

Y más le valdrá porque como gozaba de autonomía, al menos la otorgada en la mañanera, se le adjudicará lo que ocurra en materia económica, pues su repentina renuncia, como haya ocurrido, es una mal señal que enviamos al mundo financiero, no sólo al internacional.