“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Sí, guerra sucia, pero ¿qué dirá Colima?

Lo mejor que puede hacer Jorge Luis Preciado es dejar de lamentar su condición de víctima y dedicarse a convencer a sus paisanos de que su discurso sobre el respeto al derecho a la vida no es solamente verborrea aprendida en el catecismo panista

Estoy muy lejos de juzgar al senador de la República Jorge Luis Preciado por el contenido de sus conversaciones telefónicas con una joven porque aquí sí cabe el pasaje bíblico de la primera piedra.

Vaya, no me atrevo,  ni siquiera, a prejuzgar.

Ya sabrá el senador y candidato a gobernador del PAN si es cierta o no la historia que el difusor, disfrazado de supuesto Anonymus, colocó convenientemente, y en el momento oportuno, en redes sociales en dos episodios demoledores, pero el daño a su imagen ante la opinión pública está hecho.

Falta saber, en todo caso, cómo impactarán los escabrosos diálogos telefónicos en la disputa por la gubernatura de Colima.

Aquella región puede ser muy machista, pero en la misma proporción lo es puritana.

La cuestión es el giro que ha tomado la llamada “guerra sucia” política, calificada así por quien es víctima, pero celebrada como estrategia genial cuando se usa para aniquilar al contrario, como ocurrió, para no ir más lejos, en la disputa entre Gustavo Madero y Ernesto Cordero por el control de la bancada panista en el Senado, de la que Preciado fue beneficiario.

Una facción panista puso a funcionar el ventilador y el estiércol bañó, por ejemplo, injusta y falsamente a Juan Ignacio Zavala.

Hubo  época en que bastaba señalar de comunista al competidor para acabar con su reputación; con el tiempo, el calificativo cambió a narco y parecía que ahí nos quedaríamos porque nada peor se puede ser por estas tierras; en otras es terrorista.

Pero nos hemos superado; con el advenimiento de las redes sociales todo sirve para la aniquilación del contrincante: Una foto echándose unos tragos con los cuates; un registro en video de un exabrupto callejero; unas instantáneas abordando el helicóptero oficial para iniciar el periodo vacacional, etcétera.

Pero hasta en esto hay niveles.

De poco o nada sirvió en la lucha por algunas gubernaturas la difusión de charlas telefónicas sobre supuestos compromisos entre candidatos y patrocinadores, pero ¿cómo impactarán audios sobre amores extramaritales y supuestas inducciones al aborto para salir del problema ocasionado por un presunto embarazo no deseado?

En efecto, se trata de guerra sucia, pero los elementos ofrecidos por Anonymus calan aún en una sociedad en apariencia liberal cuyos jueces supremos ya autorizaron a 4 ciudadanos a consumir mariguana, que se prepara a debatir sobre el uso recreativo de la misma, que todavía no digiere del todo  el derecho de la mujer a disponer de su cuerpo en materia de aborto y que no se atreve a generalizar la legalización de matrimonios del mismo sexo y adopción de niños.

Lo mejor que puede hacer el senador Preciado es dejar de lamentar su condición de víctima de una guerra sucia, como en efecto lo es,  y dedicarse a convencer a sus paisanos de que su discurso sobre el respeto al derecho a la vida no es solamente verborrea aprendida en el catecismo panista, y que si gana la gubernatura, como lo auguraban las encuestas antes de las revelaciones de Anonymus,  las familias colimenses no tendrán que preocuparse por esposas, hijas y hermanas, pues  la casa de gobierno no será habitada por un don Juan inescrupuloso.

Esa es su tarea inmediata; la de la sociedad es determinar qué tan dispuesta está a dejarse conducir por el “periodismo” sin rostro, y sin nombre, de las redes sociales  al servicio de  todas las fuerzas políticas.