“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Miguel Romo, el Landeros moderno

Pocos políticos como el senador; hasta en el momento más difícil de su vida antepone su condición de hombre de bien a cualquier otra reacción natural en un militante sin lealtad

 

Cuando hablo de Miguel Romo lo imagino con la muleta en el centro de la Monumental Plaza de Toros de Aguascalientes; es un muchacho y el toro jala por donde él manda.

Hoy, la noticia no es que Lorena Martínez sea la candidata del PRI a gobernadora de Aguascalientes; lo es, al menos para este reportero, que no lo sea su compañero senador, don Miguel Romo.

Miguel cumple hoy 66 años y  no ser candidato a gobernador de su entidad es el peor regalo que el PRI le puede hacer, pero de sus últimas palabras recuerdo su recomendación: Soy un caballero y como tal me comportaré hasta la muerte; amo a  mi partido.

Así es; pocos políticos como el senador Romo, que hasta en el momento más difícil de su vida, cuando  su partido  le niega el registro de su candidatura, antepone su condición de hombre de bien a cualquier otra reacción natural en un militante sin lealtad.

Lo escucho, lo veo y me parece estar admirando una imagen moderna de quien fue su jefe, el exgobernador, el admirable Rodolfo Landeros Gallegos, y es entonces que ruego que su líder en el Senado, Emilio Gamboa, y el dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, no se equivoquen en la solución encontrada por el PRI para Aguascalientes, una entidad que parece perdida porque los municipios más importantes están en manos de la oposición.

Romo habría sido la solución ideal, pero por las circunstancias de la política, que él entiende como pocos, las fuerzas dominantes del partido se inclinaron por la senadora Martínez y él la apoya, y la apoyará, con todo lo que tiene en la entidad, que es mucho, mucho más que lo que su propio partido está dispuesto a reconocer.

¿Cuándo conocí a Miguel?  No recuerdo si antes del 1 de diciembre de 1980, cuando Rodolfo  Landeros tomó posesión como gobernador de Aguascalientes. Todo éramos jóvenes, incluso cuando inauguramos la alberca de la Casa de Gobierno; han  pasado ¡34 años!  Es probable que lo encontrara antes, cuando don Francisco Guel Jiménez le encargó implementar el nuevo régimen penitenciario de su tierra.

¿Para qué recordar fechas que se pierden en el tiempo si el lugar común de entonces a la fecha es su condición de hombre  y político honorable y bueno, condiciones, ambas, que compartía y comparte con su jefe de toda la vida, “El Güero” Landeros?

Miguel no será candidato del PRI al gobierno de su estado porque las encuestas dicen que Lorena tiene mayores posibilidades de mantener la gubernatura, hoy en manos de Carlos Lozano, otra de las creaturas de Rodolfo. Ya los electores decidirán.

Por lo pronto me queda la más reciente lección de este hombre que apenas es más joven que yo, un par de años: Soy una gente decente, mi Juan, y ocurra lo que ocurra no cambiaré por nada, ni siquiera por la gubernatura.

Lo que en otras palabras decía Miguel semanas atrás es que de ninguna manera acudiría a la guerra sucia para amarrar una candidatura que se decide en otros niveles, en donde los mortales comunes, como él y cualquiera de nosotros, nada pueden hacer.

Si alguien sabe cómo se deciden estas cosas en el sistema priista es él.

Además, Lorena le merece respeto y solidaridad.

Ya nos encontraremos para platicar cuando muy joven él, segundo de Sergio García Ramírez, y yo, un poco menos joven, reportero de El Universal, le tocó investigar la escapatoria, de Lecumberri, del narcotraficante Sicilia Falcón a través de un túnel, y a mí, reportero de guardia nocturna, hacer la crónica de su reaprehensión.

Claro, también hablaremos de la noche del 4 de octubre de 1987, cuando su jefe, García Ramírez, recibió el informe, equivocado, de que era él, y no Carlos Salinas, el candidato presidencial del PRI; yo, ya columnista de El Universal, hice crónica de los equívocos de Alfredo del Mazo y Alejandro Carrillo Castro.

Por ahora sólo resta esperar lo que el tiempo le traiga; él hizo lo que estaba en sus manos y el Presidente Peña y el PRI decidieron; como sea, Emilio Gamboa seguirá contando con el leal jurista y compañero que es Miguel Romo.

Por lo pronto, como él dice, aún le quedan 2 años y medio como senador de la República  para realizar, con lealtad, irrepetibles tareas que el país reclama.