“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Promesa o juramento constitucional

No olvidemos que el segundo transformador siempre encontró pretexto para permanecer en la Presidencia hasta que la angina de pecho lo traicionó

Por Juan Bustillos

Bien por el Presidente López Obrador, que comprometió su firma, ante notario público, en garantía de no buscar la reelección, sin embargo, vale la pena preguntarse ¿qué vale más, una fe pública notarial o el juramento, ante el Congreso de la Unión y el pueblo de México, de cumplir la Constitución y hacerla cumplir?
No pongo en duda su convicción de no fallar al tercer transformador, Francisco I. Madero, que dio su vida por la no reelección, como creo que el evento notarial en la conferencia mañanera no fue una puesta en escena que terminará, irremediablemente, en el bote de la basura si la multitud acudiese a rogarle permanecer en la Presidencia mientras la Cuarta Transformación (4T) no esté debidamente cimentada.
Igual creo que fue innecesaria la ceremonia de firma porque se trata tan sólo de una promesa, mientras que lo ocurrido el 1 de diciembre de 2018 en la Cámara de Diputados es un juramento constitucional demandable en caso de incumplimiento.
Pero poco importa lo que yo crea, sino lo que el Presidente piense de la reelección.
Ahora ya sabemos, por el documento firmado ante el notario, que hay intención suya de permanecer en el puesto sólo hasta que el mandato constitucional concluya, pero no sabemos lo que piensan su equipo o los ejércitos de convencidos de que sin él, la Cuarta no tendrá sentido ni futuro.
Ulises tuvo que amarrarse al mástil de su nave para no sucumbir al canto de las sirenas, pero Agustín de Iturbide no se opuso a la multitud enardecida por el sargento Pío Marcha, que lo proclamó emperador cuando iniciaba nuestra vida independiente y quizás no terminaba de secarse la sangre del primer transformador, Miguel Hidalgo.
El Presidente tendrá que cerrar los oídos a las sirenas que le cantarán muy cerca y enviar a fusilamiento a los Pío Marcha, que por ellos, no por él, se resistirán a dejar el poder cuando se cumpla el término constitucional.
No obstante, lo que ocurra en la primera mitad del sexenio, cuando se acerque el final y sea necesario pensar en quién tomará la responsabilidad de que la 4T no se quede en los prolegómenos, la popularidad de López Obrador habrá descendido un poco, pero no lo suficiente como para ser una carga para su partido. Al contrario, seguirá siendo el mejor de sus activos y, si mucho me apuran, el único.
En esas condiciones, cómo dejar de escuchar los cantos seductores o cómo advertir que el frenesí de las multitudes exigiendo que no se vaya no es espontáneo, sino un movimiento planeado por quienes queriendo mantenerse en el poder saben que sólo con él podrían conseguirlo.
Es probable que en esto resida la importancia del papel firmado ante el notario, pues su exhibición servirá para recordar a la nación y a él mismo que aparte del juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución existe una promesa formal.
La ventaja es que el documento ya no volverá a traspapelarse y, si ocurriera, siempre se podrá acudir al Archivo General de Notarías a pedir una copia certificada.
Como sea, no olvidemos que el segundo transformador siempre encontró pretexto para permanecer en la Presidencia hasta que la angina de pecho lo traicionó.