“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

No es crimen de la procu, sino una pen…

Craso error que la PGR interprete un criterio judicial que violenta el fuero constitucional y ‘retenga’ a diputada Lucero Guadalupe Sánchez López

Nunca mejor aplicada la frase de José Fouché, Talleyrand o de quien la haya pronunciado en ocasión del fusilamiento de Luis Antonio Enrique Condé, el último de los Borbón: “Ha sido peor que un crimen; ha sido un error”.

En realidad, el calificativo debe ser el mexicanísimo “pendejada”.

La recaptura de “El Chapo” fue un éxito tan histórico como su refuga (si en español existe el verbo) que con todo derecho el Presidente Peña Nieto y su gobierno, en especial la Marina, el Cisen y la Policía Federal, tienen derecho pleno a gozar, presumir y explotar en los medios hasta la saciedad.

Pero, nunca falta un pero, y… ¿cómo decirlo sin entrar en adjetivos que ofendan a los bien intencionados?

Resulta que Lucero Guadalupe Sánchez López fue “retenida” por agentes de la Policía Federal, trepada en un avión en el aeropuerto de Culiacán y transportada a la Ciudad de México, a fin de hacerla comparecer en la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, pero a sus “retenedores” y transportadores nos les pasó por la mente que la señora es diputada local y que, como tal, goza de fuero constitucional, es decir, solo pueden hacer con ella lo que hicieron a condición de que el Congreso sinaloense la despoje del fuero constitucional.

Es probable, solo probable, que Sánchez López sea novia, amiga, amante, socia, cómplice, simpatizadora, admiradora o lo que se quiera de “El Chapo”, pero mientras goce de fuero constitucional, ninguna policía puede meterse con ella.

Conforme a la información oficial, la diputada cometió la temeridad de hacerse pasar por otra persona y visitar a “El Chapo” en el penal del Altiplano utilizando documentación falsa, pero cuando ocurrió el encuentro, nadie se percató de su audacia.

Más aún, dicen los que saben que si en ese momento la hubiesen descubierto, ni siquiera, entonces, alguna autoridad tenía facultad de aprehenderla, pues en esa o cualquier otra circunstancia era y es diputada.

Que es injusto, sí; ridículo, también, pero es peor que la Procuraduría General de la República interprete un criterio judicial que violenta el fuero constitucional, como ocurrió ayer, y, a partir de esa interpretación, la “retenga”.

Todo lo heroico, lo chingón, de la reaprehensión de “El Chapo” lo echó a perder un celoso guardián del orden que se pasó el fuero constitucional bajo el arco del triunfo, es decir, de la ingle.

Por ejemplo, para que Miguel de la Madrid se desquitara de Jorge Díaz Serrano tuvo que desaforar al senador sonorense; para  inhabilitar a Andrés Manuel López Obrador como candidato presidencial, el Poder Judicial de la Federación ordenó al procurador Rafael Macedo de la Concha gestionar el desafuero en la Cámara de Diputados; para salvar a Julio César Godoy, José Guadalupe Naranjo y Alejandro Encinas lo escondieron en la oficina de la Coordinación de los diputados perredistas en la Cámara de Diputados hasta que obtuvo el fuero que le permitió huir hasta el día de hoy, no obstante tener una orden de aprehensión en su contra, pero a la diputada Sánchez López no la han desaforado y, mientras no ocurra, el Ministerio Público no puede retenerla contra su voluntad.

Decían los antiguos que trabajo bien hecho no admite reclamación, pero el episodio ocurrido a la diputada, según ella “secuestro”, no es un crimen. Parodiando a  Talleyrand, aunque se atribuya la frase a Fouché, no fue un crimen, sino una soberbia y soberana… tontería.