“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Barbosa y su cuarta transformación

Imperativo que recuerde que Puebla es una entidad con personalidad propia, difícilmente comparable al resto de la Unión, razón por la cual se merece su propia versión de gobernador

Por Juan Bustillos

No es noticia; Puebla ya tiene nuevo gobernador, el tercero en menos de 8 meses.
Erika Alonso protestó el 14 de diciembre de 2018, pero murió, apenas 10 días después, en un accidente aéreo en el que también falleció su esposo, el ex gobernador Rafael Moreno Valle. Casi un mes más tarde, el 21 de enero de 2019, Guillermo Pacheco Pulido protestó como interino y, el sábado pasado, Miguel Barbosa entró al quite para terminar el periodo constitucional.
Por las circunstancias, Puebla se convirtió, de nueva cuenta, en un laboratorio político.
Para empezar, se dio el insólito caso de que a Moreno Valle lo sucediera su esposa, si bien después del breve interinato de Antonio Gali Fayad. Debió asumir el mandato, en la media noche del 14, ante los magistrados del Tribunal Superior de Justicia del Estado porque la mayoría de los diputados de Morena que dominan el Congreso Local le tenían preparada una mala jugada, pues consideraban que su triunfo fue producto de un fraude electoral, en agravio de Miguel Barbosa.
A su muerte fue designado gobernador el ex presidente del Tribunal de Justicia del Estado, Guillermo Pacheco Pulido, considerado, por propios y extraños, el político más completo de la entidad.
A Pacheco Pulido, merecedor de gobernar por 6 años, y no por 6 meses, nunca se le habría ocurrido lo que al bajacaliforniano Jaime Bonilla, cabildear para burlar la Constitución y quedarse el resto del mandato. Hombre de leyes, entendió que su obligación se reducía a construir las condiciones para que los poblanos acudieran, una vez más, a las urnas a decidir su destino. Y lo consiguió.
En su segunda oportunidad, Barbosa, que, a su vez, debió vencer a corrientes de Morena decididas a aprovechar la ocasión para adueñarse de la entidad, derrotó, sin problema, a las oposiciones, que nunca imaginaron que unidas tenían posibilidad de ganar la gubernatura.
Ya en el poder, Barbosa se ha ofrecido a los poblanos como una réplica del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Para decirlo de otra manera, Puebla ha empezado a vivir su Cuarta Transformación.
Se entiende el discurso lopezobradoriano de Barbosa porque a él y a la lideresa nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, ambos le dieron la segunda oportunidad de competir por la gubernatura, pero el ex senador debe recordar que Puebla es una entidad con personalidad propia, difícilmente comparable al resto de la Unión, razón por la cual se merece su propia versión de gobernador.
Don Miguel no traicionará a nadie si ensaya su propio proyecto; desde luego, no podrá ser muy diferente al que López Obrador se afana en instaurar, en especial en temas como la lucha contra la corrupción, austeridad y bienestar de las clases más desposeídas, pero en lo demás debe tomar en cuenta las características muy propias de la sociedad que gobierna.
Si observa las reglas fundamentales de la Cuarta Transformación, se mantiene leal a su propio pensamiento y mantiene orden en su equipo, seguramente será un buen gobernador y conseguirá extender la estabilidad conseguida por Pacheco Pulido en las circunstancias adversas que le entregaron el gobierno.
Por lo demás, ya habrá tiempo de escribir sobre Guillermo, el político sin par al que la vida dio sólo seis meses para demostrar que su partido se equivocó cuando teniendo a la mano a quien mejor entiende a los poblanos, y estos aceptaban sin pestañear, prefirió a otros que llevaron al PRI a su virtual desaparición.