“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

 

La ejecución de Moreira

En su momento cumplió el rol que el priismo necesitaba para emparejar el marcador cuando el panismo y el perredismo intentaban, por todos los medios, que Enrique Peña Nieto no fuera candidato, ni mucho menos Presidente

 

La política y el periodismo son así.

Según el juez, Humberto Moreira no ha cometido delitos, por lo menos, en España, pero aquí no nos rendimos; necesitamos encontrarlo culpable de algo. Lo último que le encontramos fue su visita a la profesora Elba Esther Gordillo.

Tengo la fortuna (para poder escribir) de nunca haber cruzado palabra con el exgobernador de Coahuila y exlíder nacional del PRI, pero tengo alguna idea de por qué llego a esta última posición, de la que lo arrojó la filtración  de Ernesto Cordero, ilegal por cierto,  sobre  manejos de deuda del gobierno coahuilense mientras él estuvo al frente de la administración o cuando ya estaba fuera.

Es un personaje que en su momento cumplió el rol que el priismo necesitaba para emparejar el marcador cuando el panismo y el perredismo intentaban, por todos los medios, que Enrique Peña Nieto no fuera candidato, ni mucho menos Presidente.

Moreira llegó a líder nacional priista  por su garantía declarada de no albergar aspiraciones a ser candidato a diputado o senador, o, mejor aún, a ser el primero en la línea de sucesión en caso de vacancia en la candidatura presidencial, de tal suerte que Peña Nieto podría recorrer el país con tranquilidad, sin perder el tiempo en cuidarse la espalda, al menos de los priistas.

Pero cuando el gobierno, vía la Secretaría de Hacienda (al igual que en tiempos de Vicente Fox, cuando Francisco Gil Díaz se prestó para ejecutar, con otros priistas, a Arturo Montiel) manejó la información sobre la escandalosa deuda de Coahuila, la posición de Moreira fue insostenible y, entonces, perdió amigos aquí y allá, en política y periodismo.

Para decirlo de otra manera, apestaba.

Peor aún, en el momento menos pensado, cuando la policía española, al servicio de la justicia norteamericana, lo detuvo para investigar 190 mil dólares en transferencias bancarias. Moreira, según sus acusadores, malversó millones de dólares “que fueron objeto de blanqueo”. Resultó hasta cómplice del grupo criminal los “Zetas”.

El escándalo de su detención y encarcelamiento vino a sumarse a los argüendes políticos que son cotidianos en México, pero he aquí que el juez español Santiago Pedraz no encontró evidencia del supuesto blanqueo ni de operaciones relacionadas con narcotráfico. Insisto, no al menos en España.

Al no existir evidencia, Moreira quedó en libertad para seguir sus estudios de maestría en Comunicación Política en Barcelona.

Pero aquí lo linchamos y seguimos exigiendo una investigación más profunda, no obstante que, durante meses, la policía española mantuvo “pinchados” (intervenidos) sus teléfonos. Conforme al juez, “mientras se mantuvo la intervención telefónica se obtuvieron diversas conversaciones de las que no se sigue actividad alguna relacionada con el blanqueo de capitales, ni aun de operaciones relacionadas con organización criminal alguna”.

Quienes quieren su cabeza dirán que el juez Pedraza es corrupto o que Moreira nunca baja la guardia. Lo que sea, por ahora y en España, no tiene de qué preocuparse.

Pero nuestros políticos y algunos colegas aguardan en la plaza pública, esperando su ejecución.