“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

EL MOMENTO DE ERUVIEL

Sabe que ganar la elección en su entidad en las circunstancias que vive el país, con el avance de López Obrador y la merma en la popularidad del Presidente, le dará cierta oportunidad al PRI de mantener el Poder Ejecutivo Federal

Por Juan Bustillos –

> En sus manos está la responsabilidad de que su partido sea competitivo y que él mismo pueda disputar con Osorio Chong, y aunque Videgaray diga que no, con él también, entre otros, el derecho a seguir siendo el ‘verdugo’ ideal de Peña Nieto

Recuerdo a Eruviel Ávila entrando, a finales de febrero de 2011, al estudio de IMPACTO TV; nunca antes lo había visto y, de entonces a la fecha, sólo lo vería una vez más (convertido, ya, en candidato del PRI a gobernador) en la oficina de Enrique Peña Nieto, en donde se encontraría con Luis Videgaray para acordar la coordinación de su campaña. Entonces se hablaba de que abandonaría al PRI para encabezar la alianza PAN-PRD enfadado porque el mandatario mexiquense postularía a su pariente Alfredo del Mazo.

Ante las cámaras de IMPACTO TV le pregunté a quemarropa: ¿Eres traidor? Ni siquiera respiró: “Soy peñista y priísta de hueso colorado; soy hombre de bien; así fui educado. ¡No soy traidor!”. El resto fue rutina. El 17 de marzo de 2011 se registró como candidato a gobernador.

Cinco años antes, a mediados de mayo, con las encuestas en la mano, Peña Nieto vislumbraba su futuro; faltaban 4 meses para entregar su primer informe de gobierno al Congreso local y ya pensaba en lo que sus antecesores y él llamaban “mi verdugo”, es decir, su sucesor.

Según la leyenda, Carlos Hank González instauró la costumbre de que el gobernador saliente aconseje al entrante pensar, desde el principio, en su “verdugo”, es decir, en aquel que le asestará una puñalada trapera o le cuidará la espalda.

Peña Nieto enfrentaba el peor de los escenarios: A causa del “efecto Madrazo-Montiel” había perdido, en marzo, los municipios más importantes; su control del Congreso local era frágil; en junio, en la elección federal, perdería la mayoría de la diputación; el Estado de México no tendría senadores de mayoría y Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador hundirían al PRI en el sótano de las fuerzas electorales más importantes, en el tercer lugar de las tres más grandes.

En ese contexto, le sobraban preocupaciones, una de ellas su “verdugo”. ¿En esas circunstancias, cómo podría el PRI mantener el control de la entidad, el segundo mayor granero electoral del país? Recuerdo que me dijo que todo pasaría por Ecatepec; no hablaba de hombres, sino de recuperar el municipio más poblado de la entidad.

Y Eruviel lo recuperó.

Los astros se empezaron alinear para Peña Nieto con el control de la diputación federal gracias al peso del fortísimo grupo de legisladores mexiquenses que comandó Francisco Rojas; con la recuperación de los municipios más importantes de la entidad (los llamados cinturones amarillo y azul); con la siembra de gobernadores y alcaldes en las entidades y ciudades más importantes del país; con el apoderamiento del CEN de su partido a través de Humberto Moreira y con el abortamiento de toda posibilidad de alianza entre el PAN y el PRD para ir juntos por el Estado de México (de manera sorpresiva, el panista César Nava no tuvo empacho en firmar con la priísta Beatriz Paredes un documento conteniendo el compromiso de dejar colgados de la brocha a los perredistas).

Fue apenas natural que Eruviel se convirtiera en el “verdugo” que al día de hoy cuida la espalda de su antecesor.

PANORAMA SIMILAR, PERO…

Todo aquello pudo hacerlo Peña Nieto porque el inquilino de Los Pinos no era priísta. Esa circunstancia permitió al gobernador mexiquense idear y operar, sin someterla a aprobación de nadie, la estrategia que le permitió mantener bajo control la joya de la corona, condición “sine qua non” para conquistar la candidatura presidencial y recuperar la Presidencia de la República.

Seis años después, las circunstancias son similares (PAN y PRD no terminan de ponerse de acuerdo para ir en alianza por la gubernatura y cada uno, por su lado, no son de peligro), pero hay ingredientes adicionales: No hay necesidad de recuperar Ecatepec; Andrés Manuel López Obrador, que en 2011 ayudó a impedir la alianza de panistas y perredistas para mermar las posibilidades presidenciales de Marcelo Ebrard, amenaza con Morena y Delfina Gómez; Isidro Pastor quiere ser candidato independiente y el inquilino de Los Pinos es mexiquense y antecesor de Eruviel.

En cualquier momento, el candidato priísta a gobernador del Estado de México escuchará “las palabras mayores” en Los Pinos. Peña Nieto no operará solo en esta ocasión, como lo hizo cuando confió la espalda a Eruviel; hoy, éste tiene opinión, sabe que será escuchado y, llegado el momento, acatará la decisión de su jefe porque, de nueva cuenta, se le presenta la oportunidad de cuidarle la espalda.

En 2011 se trataba de tener Ecatepec para mantener el control del Estado de México y, así, asegurar la candidatura presidencial de Peña Nieto. Hoy, la tarea es retener el gobierno estatal para que el PRI pueda mantenerse en Los Pinos y el Presidente pueda vivir con tranquilidad su ex Presidencia.

Como todos, Eruviel sabe que ganar el Estado de México en las circunstancias que vive el país, con el avance de López Obrador y la merma en la popularidad del Presidente, le dará cierta oportunidad al PRI de mantener el Poder Ejecutivo Federal; en cambio, una derrota en territorio mexiquense regresaría a su partido al lugar en donde lo dejó Madrazo, y a Peña Nieto lo dejaría indemne ante “verdugos” con características diferentes a las de Eruviel.

Este es el gran momento del gobernador mexiquense. Cuando ganó la gubernatura en 2011 parecía que sus aspiraciones estaban más que colmadas al ayudar a crear las condiciones para que Peña Nieto consiguiera el milagro de recuperar para el PRI la Presidencia perdida por Francisco Labastida y Ernesto Zedillo en 2000; ahora, en sus manos está la responsabilidad de que su partido sea competitivo en el 2018 y que él mismo pueda disputar con Miguel Osorio Chong, y aunque Luis Videgaray diga que no, con él también, entre otros, el derecho a seguir siendo el “verdugo” ideal de Peña Nieto.

La condición ineludible es no equivocarse en la selección del candidato, una tarea que sólo compete al Presidente y a él. A nadie más.

#SóloParaIniciados