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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Se topan piedra con coyol

Santiago Nieto cometió un grave error al involucrar a Javier Coello Trejo con el congelamiento y descongelamiento de 722 cuentas (supuestamente ligadas al narcotráfico), y presuntamente operadas por Humberto Castillejos

Por Juan Bustillos

Javier Coello Trejo, uno de los titulares de despachos de abogados ligados, junto a José Nassar y Diego Ruiz Durán, a la presunta red de corrupción encabezada por Humberto Castillejos desde Los Pinos

Santiago Nieto hizo con Javier Coello Trejo bueno el refrán que se refiere al resquebrajamiento de la piedra de tanto chocar, infructuosamente, con el coyol.

La prudencia aconseja no mirar hacia la Unidad de Inteligencia Financiera porque salvo algunos casos de inmaculados, que quizás los haya, en especial militando en Morena, el resto de mexicanos somos sospechosos de corrupción y estamos al alcance de la mano implacable del titular de lo que, si viviéramos en otro régimen, se podría llamar Comité de Salud Pública.

En el circo de tres pistas en que se ha convertido la Cuarta Transformación, en la central destaca el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto, dispuesto a ser el brazo armado de la misión divina, autoimpuesta por el Presidente López Obrador, de combatir la corrupción neoliberal y extirparla para siempre del país y de nuestro ADN.

Su protagonismo es tal que ha borrado de la escena al Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, se maneja sin concierto con el consejero jurídico presidencial, Julio Scherer, y a distancia de su jefe en el organigrama, el Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, que parece ajeno a su misión y a sus pesquisas.

La última de sus irrupciones mediáticas, para crear, por decisión propia o respondiendo a una estrategia superior, el marco perfecto al primer informe de gobierno de López Obrador, fue la calculada entrevista que dio al reportero Marcos Martín Chacón. Le dijo que a pesar de no tener en su poder “ningún elemento probatorio real”, la red de corrupción imperante en el sexenio pasado conduce al ex Presidente Enrique Peña Nieto.

“Creo que Peña estaba enterado… de los grandes actos de corrupción”, afirmó el doctor Nieto, a sabiendas de que tratándose de cuestiones jurídicas no basta con su creencia personal, sino que para hacer señalamientos de ese calado, sin caer en calumnia, requiere tener las pruebas en sus manos y esgrimirlas en un juzgado.

Para justificarse explicó que las investigaciones, aquí y en el extranjero, las concluirá antes de terminar el año.

De ocurrir no sería tan casual, como no lo es su afirmación sin datos probatorios previa al primer informe de López Obrador porque el 1 de  diciembre se cumplirá un año de la puesta en marcha formal de la 4T y la mejor manera de celebrar sería exhibir en la pista principal del circo la cabeza del ex mandatario.

No se trata de defender a Peña Nieto porque es tarea que a él corresponde, pero conviene, en este tipo de señalamientos mediáticos que causan sensación, acudir un poco al contexto, a fin de no perdernos en el sensacionalismo.

En su declaración a Marcos Martín Chacón, Nieto incurrió en las proclividades que lo caracterizan: Poner sobre aviso no por complicidad, sino por vanidad, a quienes persigue.

Lo hizo con el entonces subsecretario de Gobernación, Arturo Escobar, cuando era subsecretario para la Atención de Delitos Electorales, al declarar a Carmen Aristegui que había solicitado una orden de aprehensión en su contra.

Lo hizo después revelando información al periódico Reforma, y también en su cuenta de Twitter, sobre la investigación del caso Odebrecht en cuestiones electorales, en la que estaba implicado el ex director de Pemex Emilio Lozoya.

Lo siguió haciendo después de ser cesado como titular de la FEPADE por violar el Código de Conducta de la entonces PGR, hoy Fiscalía General de la República.

Es decir, si López Obrador entabló un pacto de impunidad con Peña Nieto, como muchos priistas afirman para justificar la facilidad con que el PRI fue derrotado en julio del 2008, la Cuarta Transformación no tiene intención de cumplirlo o, simplemente, no existe porque Santiago Nieto dice estar revisando con ahínco las finanzas del ex Presidente en México y el extranjero.

No hay otra manera de leer sus imputaciones graves reconociendo, sin embargo, carecer de elementos probatorios. Lleva nueve meses investigando y nada ha encontrado; le restan tres para dar caza a la presa.

LOZOYA Y COELLO, LA OBSESIÓN

Pero hay más en sus palabras que pudiera llevarlo a tribunales.

En la segunda parte de sus declaraciones a Chacón habló de que en tiempos de Peña Nieto hubo en la Consejería Jurídica de Los Pinos una red de corrupción encabezada por el antecesor de Julio Scherer. Humberto Castillejos.

“El esquema de extorsión presuntamente operado desde la unidad consistió en solicitar sobornos a 722 particulares y compañías cuyas cuentas bancarias les habían sido congeladas desde la UIF entre el 2014 y 2018… las cuentas habían sido congeladas bajo sospechas de lavado de dinero. Los sobornos, presuntamente, fueron cobrados a través de representantes de al menos cinco despachos jurídicos ligados a Castillejos… nos explicaron (los informantes) es que había despachos, que eran despachos cercanos a Los Pinos, que eran los que los buscaban (…), entonces, ¿qué es lo que hacían?; no es que desde la UIF fuera gente a extorsionarlos, a los empresarios, a los que estaban con las cuentas bloqueadas. Es que venían los despachos de Los Pinos, los contactaban a la gente que estaba bloqueada y la pregunta es ¿cómo podían tener esa información?, y partir de ahí se generaba el caso”.

Dice Carmen Aristegui que según Reforma, con base en fuentes federales no identificadas, el congelamiento y descongelamiento de esas 722 cuentas estarían ligados al cártel de Sinaloa.

Es decir, con narcotraficantes.

Los despachos de los abogados ligados a Los Pinos serían, según Nieto, los de José Nassar, Diego Ruiz Durán y Javier Coello Trejo.

Es aquí en donde empiezan los problemas para el titular de la UIF. Ya recibió cartas de Nassar y Ruiz Durán, y a uno de ellos le ofreció una disculpa.

Está por verse qué ocurre con Coello Trejo.

Está claro que Nieto culpa a Coello Trejo o a su cliente, Emilio Lozoya, de su vergonzosa salida de la FEPADE cuando, en realidad, fue Alberto Elías Beltrán quien le aplicó el Código de Conducta por revelar información en su resguardo.

Nieto nunca pudo imputar a Lozoya por delitos electorales en el caso Odebrecht. El tiempo se le fue y el caso terminó prescrito, como él mismo lo reconoció en un libro. Elías Beltrán tendría sus razones para evitar que un agente del Ministerio Público firmara la prescripción antes de concluir el sexenio, lo cual sí ocurrió durante el mandato de Gertz Manero.

Lozoya y Coello Trejo se convirtieron en obsesión para don Santiago. Gracias a lo que, se supone, sabe del caso de Odebrecht obtuvo que Morena y López Obrador le abrieran las puertas y lo convirtieran en la superestrella de la Cuarta Transformación, pero al involucrar en sus declaraciones a Coello Trejo con Castillejos, y el congelamiento y descongelamiento de las 722 cuentas, cometió un grave error quizás por obsesión o falto de información.

Coello Trejo mantuvo distancia áspera con el Presidente Peña Nieto, precisamente, por ser defensor de Lozoya.

¿Cómo podría estar involucrado en la red de corrupción de Los Pinos, operada supuestamente por Castillejos, el abogado que ha solicitado que el ex Presidente sea citado a declarar como testigo en los casos por los que la Fiscalía General de la República persigue a su cliente?

Nieto podría pasar el sexenio buscando un dato probatorio de una supuesta relación, siquiera amistosa, de Coello Trejo con Castillejos, como sí lo fue la del ex consejero jurídico de la Presidencia con quien ahora lo señala como el jefe de la banda. Fue él quien lo impulsó para que ocupara la Subprocuraduría Especializada para la Atención de Delitos Electorales.

En aquella época, Castillejos era conocido como el “senador 129”, pues era quien presentaba e impulsaba los nombramientos propuestos por el Ejecutivo Federal. Nieto fue producto de las negociaciones con el PRD, que supo vender su firma en el Pacto por México.

Y ¡cómo cambia la vida! Cualquiera que frecuentara Los Pinos en aquella época sabe que el doctor Nieto, como Raúl Cervantes, fue uno de los prospectos del gran Beto Castillejos para la Fiscalía General de la República. Si aquello se cebó fue sólo porque el Presidente Peña Nieto nunca terminó de convencerse de la autonomía, como tampoco lo estaba, ni lo está, López Obrador.

Por otra parte, cuando Nieto aún usaba pañales, Coello Trejo ya era conocido como “Fiscal de Hierro”, en la PGR, de Óscar Flores Sánchez. En esa época detuvo, él sí con datos probatorios, a funcionarios de la talla de los ex secretarios de la Reforma Agraria Félix Barra García y de Comunicaciones Eugenio Méndez Docurro, pero también al ex director del Inmecafe Fausto Cantú Peña y al director del Fideicomiso de Bahía de Banderas Alfredo Ríos Camarena.

Y, luego, como Subprocurador en tiempos de Carlos Salinas persiguió a los narcotraficantes; nunca su despacho ha defendido a uno.

Falto de información, quizás Nieto podría acudir, para saber quién es Coello Trejo, con el Fiscal General de la República, que bien conoce la pésima relación del abogado de Lozoya con el gobierno de Peña Nieto porque, además, fue su apoderado para denunciar la muerte de su hermano Alfredo. Por cierto, coincidieron en la PGR en la época de Pedro Ojeda Paullada.

Habrá que ver el siguiente episodio de la historia de la piedra y el coyol porque está claro que Coello Trejo no buscará sólo una disculpa de Nieto.

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