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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Peña Nieto no sirvió de distractor, por ahora

Por Juan Bustillos

Es un hecho, que Enrique Peña Nieto no sirvió al gobierno para desviar la atención de la opinión pública del tema que realmente importa, el coronavirus y sus consecuentes crisis letales en la salud y la economía nacionales.

No al menos por ahora.

Es ocioso intentar responderse si se trató de una estrategia unilateral de la secretaria de la Función Pública para destacar porque otros funcionarios han monopolizado la atención del país, como en el caso del Fonca (con origen en el sexenio de Carlos Salinas), o de un globo sonda enviado con el propósito de distraer.

En cualquier caso, resultó fallido. Insisto, al menos por hoy.

Pero entenderá Irma Eréndira Sandoval que resulta difícil, realmente imposible, tragarse la explicación de que la investigación de las cuentas bancarias del ex Presidente Enrique Peña Nieto, de su familia y su ex esposa, no debe verse como un evento extraordinario en un momento que merece el mismo calificativo, sino el procedimiento rutinario de “una regla de continuo trabajo para vigilar el buen desempeño de los servidores en áreas estratégicas”.

Conforme al periódico El Universal, el martes 14 de abril la secretaria de la Función Pública envió al vicepresidente de Supervisión de Proceso Preventivos de la Comisión Nacional bancaria y de Valores, Sandro García Rojas Castillo, la solicitud e información sobre los movimientos bancarios de Peña Nieto y su entorno familiar.

¿Por qué esperó un año 4 meses y 14 días para abrir el expediente Peña Nieto si, como presume, en este tiempo ha abierto 133, en contraste con los 58 que se iniciaron durante los primeros meses de 2018, cuando Arely Gómez era titular de la SFP?

No tiene manera de negar la funcionaria que poner en la mira de la opinión pública al ex mandatario, precisamente ahora, podría resultar útil para la Cuarta Transformación, al menos para distraer un poco.

En efecto, la SFP cuenta con todas las atribuciones legales para verificar las declaraciones patrimoniales de todos los servidores públicos, presentes y pasados, de la administración pública y es su obligación cumplir el mandato legal revisarlas para prevenir y detectar posibles actos de corrupción, pero ¿por qué precisamente el 14 de abril se le ocurrió que era el momento de cumplir su deber de investigar a Peña Nieto si hay tantos casos “viejos”, como los de Rosario Robles y Emilio Lozoya, presumiblemente relacionados con él?

Los días previos a la solicitud de información sobre Peña Nieto, fueron álgidos en cuestión noticiosa: los enfrentamientos de las cámaras empresariales con el gobierno exigiendo apoyos; el inicio de las exigencias de gobernadores de revisar el Pacto Fiscal y la escandalosa carencia de insumos en el sistema público de salud.

Pero más importante aún, nueve días antes el Presidente López Obrador rindió en el patio de Palacio Nacional, en solitario, cumpliendo el mandato de Hugo López Gatell de observar la sana distancia, su primer informe trimestral de 2020. La reacción política y mediática fue de severa crítica porque nadie encontró respuesta a sus demandas de apoyo.

Quizás a alguien, y no necesariamente a López Obrador, se le ocurrió que era el momento preciso de echar mano de Peña Nieto para distraer a la opinión pública.

Más allá de cualquier especulación, por sus explicaciones burocráticas no pedidas pareciera que Irma Eréndira Sandoval corrió por su cuenta y no en cumplimiento de una consigna o de una estrategia presidencial, y que todo quedó en los 15 minutos de gloria que obtuvo la Función Pública.

Como sea, fue un chicle que no pegó. Nadie se enganchó y, si algún comentario provocó, como aquí, fue sólo para destacar lo fallido de la intentona.

No obstante, esperemos, porque, aceptando sin conceder que fue sólo la necesidad de hacerse notar o al celo de la señora Sandoval por cumplir rutinariamente su mandato legal y no la puesta en marcha de una consigna o su participación en una estrategia, el resultado no fue el esperado; la noticia fue ignorada por políticos y medios de comunicación que, en otro contexto, con gusto se habrían sumado a la crucifixión del exmandatario.

El sábado, El Universal selló el asunto asegurando que el gobierno federal no tiene intención de soltar balas, misiles o bombas atómicas contra e ex mandatario. Por ahora, sigo insistiendo.

IMPACTOS: Solo como dato al margen para los sospechosistas: quizás no tenga mayor relevancia y sólo se trate de un descuido, que suele suceder, de los atareados editores del portal electrónico de El Universal, pero su columna Bajo Reserva del domingo, dedicada en su primer bloque a que los “Médicos temen que políticos sepulten la Guía Bioética”, en realidad mantuvo hasta el cierre de esta columna, la foto del ex Presidente con la cabeza: “No habrá balas ni misiles en caso Peña Nieto”.

La intención del mensaje es obvio.

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