“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

AMLO necesita poner orden y concierto

Mientras titular del Ejecutivo trabaja, infatigable, en asegurarse un lugar en la historia al lado de los transformadores del país, sus colaboradores lo hacen, cada cual, para su santo y grupo

Por Juan Bustillos

A partir de que sacaron, a patadas, a los priistas de Los Pinos, los panistas empezaron a preocuparse por que el poder podría dejarlos sin partido; 12 años fueron suficientes para el cumplimiento de sus peores temores.
Cuando los priistas recuperaron la Presidencia parecían inaugurar otra era, si no de 70 años, al menos de 2 o 3 sexenios. Duraron 5 años 7 meses porque Andrés Manuel López Obrador empezó a gobernar al día siguiente que ganó, abrumadoramente, las elecciones. Hoy, el PRI es meramente testimonial.
Morena lleva apenas 10 meses como partido casi hegemónico, dedicado a destruir lo construido en siglos y dispuesto a instaurar un nuevo régimen, pero su líder y creador, Andrés Manuel López Obrador, ya se avergüenza de algunos de sus más destacados militantes y amenaza con marcharse y llevarse, incluso, las siglas partidistas para evitar que sean mancilladas.
La conclusión lógica es que las más recientes generaciones de los políticos mexicanos solo sirven para ganar elecciones, pero no saben gobernar; de lo contrario no serían aves de paso en la administración pública.
El reto de López Obrador es romper lo que parece la regla general o maldición gitana.
No le será fácil porque, a pesar del discurso optimista de su tercer/primer informe de gobierno, y de lo que a diario repite en las conferencias mañaneras y en su infatigable campaña electoral a lo largo y ancho del territorio nacional, el consenso es otro.
Fiel a su estilo dirá que las críticas vienen de quienes perdieron privilegios, conservadores y neoliberales, pero si le fuese permitido escuchar sin intermediarios al pueblo raso, incluido el que recibe de manera directa la compra de su lealtad, desconfiaría de las encuestas que persisten en colocar su popularidad en porcentajes sorprendentes.
Lo cierto es que su gobierno, compuesto por todo tipo de personajes provenientes de diversas fuerzas políticas, en especial del PRI, en donde él mismo tuvo su origen, avanza sin orden y sin concierto, y, en muchos casos, atropelladamente.
La lucha entre las antiguas tribus por el control del nuevo PRI en que se transmutó el PRD de Cuauhtémoc Cárdenas se ha desatado y se refleja en los penosos episodios ofrecidos por los legisladores de Morena en el Congreso de la Unión.
Simultáneamente, mientras Andrés Manuel trabaja, infatigable, en asegurarse un lugar en la historia al lado de los transformadores del país, sus colaboradores lo hacen, cada cual, para su santo y grupo, al igual que los dirigentes partidistas y las tribus representadas en el Congreso.
Ya llamó la atención a la dirigencia partidista y ha dicho que lo avergüenzan los diputados que pretenden violar la ley orgánica del Congreso, pero no sabemos si ya reunió a su gabinete para ajustarle las tuercas.
Quizás haya quienes no tengamos oportunidad de ver en qué termina la Cuarta Transformación, pero sería lamentable que los aliados de ocasión, que para sobrevivir se pegaron a Andrés Manuel en su eterno caminar a la Presidencia, conviertan un esfuerzo de décadas en penosa anécdota, como fueron las 2 transiciones anteriores.
Tal vez si el Presidente deja un poco de hacer campaña, y se coloca al frente de su gobierno y de su partido, la suerte de la Cuarta Transformación sea diferente.