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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Al rescate de la paz

El gran reto de Omar García Harfuch al tomar las riendas de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX. Sheinbaum pone en sus manos la tranquilidad de los capitalinos

Por Juan Bustillos

El reto de Omar García Harfuch consiste en conseguir que los capitalinos recuperen la tranquilidad perdida o, como dijo al despedirse su antecesor en la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Jesús Orta, devolverles la paz.

En resumen:

Que los padres de familia sepan que los fines de semana, o en cualquier día y a toda hora, sus hijos regresarán a casa sanos y salvos no solo de secuestradores, sino de envenenadores que han convertido las calles y centros de reunión capitalinas en un gigantesco tianguis de droga al menudeo.

Que ellos mismos no serán extorsionados al recibir una llamada telefónica de un extraño que les dice tener en su poder a uno de sus familiares.

Que pueden convivir en un restaurante o una fonda, o viajar en el transporte público, y los delincuentes no los asalten impunemente.

Que las mujeres ejerciten el físico en parques, como el Bosque de Tlalpan, sin ser agredidas sexualmente, a pesar de la “vigilancia” policiaca.

O salir de la Ciudad de México unos días y que al retornar no encuentren su domicilio saqueado.

Más aún, no experimentar el susto de la vida cuando, por la noche, una patrulla les ordena parar su vehículo.

Parece poco, pero es todo para una ciudadanía atemorizada por el incremento de la inseguridad en la capital de la República, una verdad indiscutible, imposible de ser desmentida con discursos y promesas de que en un futuro más o menos cercano, cuando todos entandamos que la solución es portarnos bien, el Estado cumplirá con su obligación, mínima, de garantizar seguridad a la ciudadanía.

SHEINBAUM, A RECUPERAR TERRENO

Bien por la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, que muestra dotes de estadista al no dudar en reconocer el error de la designación de Orta como secretario de Seguridad Pública.

Con este movimiento, y algunos más que quizás ocurrirán en breve, recuperará el terreno perdido en 10 meses ante quienes le disputan el futuro, como Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard, que, además, gozan de una amplia cobertura mediática.

Es un hecho que en el mundo político de la Cuarta Transformación nadie está más adentro en el corazón del Presidente López Obrador que la señora Sheinbaum, sin embargo, hasta ella necesita resultados en su gestión como jefa de Gobierno para dar el gran salto que probablemente su jefe político le tiene programado.

Pero cualquiera sabe que no basta con cariño, sino con resultados en donde más duele, la seguridad de los ciudadanos.

Al margen del futurismo, muy dado en quienes nos dedicamos a esto y que siempre está presente en los protagonistas de nuestra vida pública, la principal de las tareas de la jefa de Gobierno es garantizar a los capitalinos poder vivir el día a día con seguridad. Y esto no estaba ocurriendo.

El arribo de García Harfuch a la policía chilanga estaba programado a partir del inicio de la gestión de doña Claudia, pero, como suele ocurrir en política, algo pasó que los planes cambiaron y fue hasta junio pasado que lo llamaron a encabezar la jefatura general de la Policía de Investigación de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México.

De inmediato, la delincuencia sintió su mano firme. Ejemplos sobran, pero registremos solo que la Unión y la Contra Unión de Tepito saben ya de quién se trata.

UNA VOCACIÓN HEREDADA

Licenciado en Derecho y Seguridad Pública, García Harfuch tiene, ahora, el puesto que ostentó su padre, el legendario Javier García Paniagua, en tiempos de Manuel Camacho como regente del Departamento del Distrito Federal. Es nieto del general Marcelino García Barragán, también legendario por rechazar el ofrecimiento de encabezar un golpe de Estado en tiempos de Gustavo Díaz Ordaz, de quien fue secretario de la Defensa Nacional.

Podríamos extendernos aquí sobre lo heredado de su padre y abuelo, en especial su amor por México, su concepto de lealtad y su obsesión por la seguridad pública y nacional. Nunca acabaríamos, pues sobran los episodios en los que a sus intereses personales impusieron los del país.

Los presenció, le fueron relatados de primera mano y formaron su carácter, de tal suerte que no es sorpresa que a los 37 años ya haya ocupado posiciones claves en materia de investigación policiaca y seguridad en sexenios panistas como priístas, tanto en la Policía Federal como en la PGR, la Fiscalía General de la República y la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, y que en todas esas posiciones fuera protagonista en asuntos relevantes sin que su prestigio sufriera merma, de tal suerte que, en plena lucha contra la corrupción, la Cuarta Transformación no tuvo objeción alguna para confiarle comisiones de relevancia fundamental, como la de devolver la paz a los capitalinos.

Haciendo a un lado sus antecedentes familiares, que pocos o nadie puede presumir, destaquemos su vocación policiaca, contra la que no pudo ni la opinión en contra de su familia cuando ingresó a la Policía Federal en 2008. A partir de entonces se sucedieron los cursos especializados en el extranjero, y en México, en análisis táctico y operativo, combate al secuestro, terrorismo, secuestro trata de personas, planeación estratégica policial, liderazgo y manejo de crisis, pero todo esto es historia.

Ahora le toca bregar en una ciudad en paulatina descomposición por lo ocurrido en el sexenio pasado y los primeros meses fallidos de la presente administración.

El gran reto del nuevo jefe policiaco de la Ciudad de México será combinar su larga experiencia en investigación con la más difícil de las tareas, la prevención en un área de la Capital de la República densamente poblada y con extensas zonas conurbadas en donde campea el delito.

La tranquilidad de los chilangos está en sus manos, al igual que el futuro político de Claudia Sheinbaum.

Por lo pronto, la jefa de Gobierno envió a la delincuencia, que sentó sus reales en la gran ciudad, el mensaje claro de que no habrá más tolerancia, que el asunto va en serio y que más les vale emigrar o dedicarse a otra cosa.

Pronto, los resultados estarán a la vista.

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