“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Medina Mora, ¿víctima?

Escándalo en torno a su renuncia poco tiene que ver con su persona porque quienes lo conocen de muy cerca aseguran que no es un gran abogado, pero truculento en buen grado sí

Por Juan Bustillos

Eduardo Medina Mora es víctima, primero, quizás de sí mismo.

Si al final se comprueba que cometió algún ilícito será difícil entender que alguien con su experiencia (espía, policía, procurador y embajador en Londres y Washington) desconociera la existencia del programa que utiliza la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) para almacenar hasta el último detalle del ir y venir del dinero.

Con origen en Felipe Calderón, pero desarrollado en tiempos de Enrique Peña Nieto, el programa de la UIF concentra todo tipo de movimientos de cualquier ciudadano, en especial servidores públicos, sus familiares y aventuras, desde registros notariales, compra de automóviles, adquisiciones de boletos de avión, contratación de hoteles en México y el extranjero; pagos en efectivo de cantidades superiores a 60 mil pesos.

A los operadores del sistema les basta escribir un nombre y apretar un botón para conocer la historia financiera de su objetivo, incluidos los familiares más cercanos y posibles prestanombres, y armar una historia que si no demuestra culpabilidad al menos lo coloca bajo sospecha creíble.

Y si esta información es filtrada a un medio de comunicación, todo está listo para la crucifixión mediática, aunque, con el tiempo, la víctima compruebe su inocencia.

Segundo, víctima del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, que, deseoso de agradar al Presidente López Obrador, lo acorraló en una comida, convenció al menor de una familia de 9 hijos de la necesidad de abandonar la Corte para enfrentar las investigaciones del poderosísimo titular de la UIF, Santiago Nieto, experto también en filtraciones periodísticas y en el uso de Twitter.

Y tercero, desde luego, de la necesidad de López Obrador de acumular más de los suyos en la SCJN para tener en sus manos el poder absoluto, sin contrapesos.

Es probable que, en la soledad que hoy padece (cuando se es objeto de la persecución del gobierno mexicano, cual sea el partido en el poder, se pierde todo, en especial a familiares,  amigos, y a quienes fueron aliados en los momentos que se estaba en la cumbre) Medina Mora recuerde cómo ejerció el poder cuando estaba en el Cisen y Genaro García Luna era tan solo uno de sus subordinados al que gustaba hacerle sentir quién era el jefe.

La ruptura entre el ministro y su antiguo empleado se dio en una cumbre en Colombia, cuando siendo él procurador general de la República presentaron a García Luna como una especie de su policía. Esto fue lo último que soportó quien lo sucedió en la Secretaría de Seguridad Pública en tiempos de Felipe Calderón.

El pleito permanente entre ambos provocó cierta parálisis del aparato de justicia de Calderón.

El escándalo en torno a su renuncia poco tiene que ver con su persona porque quienes lo conocen de muy cerca aseguran que no es un gran abogado, pero truculento en buen grado sí.

En realidad, el escándalo es por el convencimiento generalizado de que, al final, siendo víctima tal vez de sí mismo, la Cuarta Transformación aprovechó sus debilidades para adelantar el control de la Corte, que en 2021 será absoluto.

Contra lo que se diga, y más allá de sus méritos, Juan Luis Alcántara González Carrancá es ministro por decisión de López Obrador, al igual que Yasmín Esquivel, la esposa del ingeniero José María Riobóo.

Arturo Zaldívar llegó a la presidencia de la Corte por negociaciones del Ejecutivo Federal, de quien ya adoptó hasta el discurso de López Obrador. En respuesta a quienes critican la renuncia de Medina Mora preguntó en Twitter: “¿En dónde estaban los críticos de hoy cuando se dictaron sentencias polémicas en otros tiempos? ¿Cuándo se había intentado como ahora una real transformación del #PJF?”.