sábado, septiembre 25, 2021
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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Yeidckol, el alfil de AMLO

Lo último que quiere es perder Morena para que otro, y no él, maneje el proceso de sucesión presidencial

Por Juan Bustillos

Sé que calienta, pero la realidad es que en mucho, no sólo en la atención a los indígenas, hemos regresado al priísmo anterior a la era del neoliberalismo.

Como todo buen político nacido en el PRI, Andrés Manuel López Obrador suele mentir con la verdad. ¿Quién puede creer su amenaza de abandonar el partido que creó para alcanzar la Presidencia de la República sólo porque los grupos que disputan el control actúan como lo hacían en el PRD?

Alguna ocasión, Arturo Núñez, que fungió como árbitro en la renovación de la dirigencia perredista, declaró a IMPACTO que aquello fue un “cochinero”.

No muy diferente a lo que ahora ocurre en Morena.

López Obrador no inventó la Cuarta Transformación para que dure un suspiro de seis años, sino para que perdure hasta la aparición de un quinto transformador, lo cual, en el futuro inmediato, parece imposible, sobre todo porque si sus proyectos se convierten en realidad sería innecesaria una renovación más, esto sin contar que difícilmente hay en Morena, o en su gobierno, quien reúna las características del Presidente.

Lo último que Andrés Manuel quiere es perder Morena para que otro, y no él, maneje el proceso de sucesión presidencial, y sabe que la única manera de mantener el control del partido en el poder es con Yeidckol Polevnsky, que, a diferencia del resto de aspirantes, sólo juega para su causa.

También para él juega Bertha Luján, que a su favor tiene, además de la amistad del Presidente, el apoyo del coordinador de los superdelegados del gobierno federal en las entidades federativas, Gabriel García Hernández, y el de su hija, la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde Luján, pero su fuerza no es comparable a la capacidad de movimiento de Polevnsky ni a la confianza que le tienen López Obrador y sus hijos.

No escapa al Presidente que la lucha por el poder en Morena tiene como fin último la candidatura presidencial, a la que desde hoy aspiran el coordinador de los senadores morenistas, Ricardo Monreal, y el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

Será Andrés Manuel quien, en última instancia, decida el procedimiento de la elección del líder del Movimiento Regeneración Nacional y, como en los viejos tiempos, su dedo señalará a quien quiera ahí.

Si construyó Morena no fue para una elección, por histórica que haya sido la de 2018, ni para tener a su sucesor enfrente desde el primer año de su gobierno.

Ebrard y Monreal saben mucho de este estilo porque nacieron y crecieron en el PRI. Conocen las reglas y saben que para sobrevivir es necesario ajustarse a ellas. En su momento fueron favorecidos por aquellas prácticas, pero también las sufrieron.

Marcelo perdió con Manuel Camacho la gran posibilidad de ser su sucesor porque el Presidente Carlos Salinas prefirió a Luis Donaldo Colosio y Ricardo tuvo que abandonar el PRI cuando le negaron el derecho, bien ganado, de ser candidato al gobierno de Zacatecas.

Hoy, los 2 están de regreso en las grandes ligas y no ignoran que, como en los viejos tiempos, el juego democrático interno depende de la voluntad del jefe.

Y todo indica que López Obrador sólo amaga con irse si las tribus no entran en razón y que, al final, será quien decida quién y por dónde.

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