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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

¿Y la orden de cateo apá?

Todo impecable.

Por Juan Bustillos

La argumentación del Presidente López Obrador; las explicaciones del secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, sobre cómo combatir en la Cuarta Transformación al crimen organizado; el emocionante video de la rendición de Ovidio Guzmán, tipo miniserie de Netflix sobre narcos; la narrativa del general secretario Cresencio Sandoval del minuto a minuto, y la revelación de la ejemplar reacción de las fuerzas militares ante el ofrecimiento de 3 millones de dólares por dejar en libertad al hijo del Chapo.

Pero ¿y la orden de cateo para justificar la aprehensión?

Ya lo sabemos: nunca llegó. Lo que nadie explica es por qué.

Tal vez porque un juez se negó a emitirla o quizás porque la emoción de tener en sus manos a la invaluable presa, hizo olvidar al gabinete de seguridad o al comandante del operativo que necesitaban el papelito para legalizar la detención.

De poco o nada sirvió que la autoridad se diera tiempo suficiente para armar el minuto a minuto de las horas de terror que vivieron los culichis a causa del operativo fallido con que la Cuarta Transformación faltó a su promesa de que no perseguiría a los grandes capos.

Las argumentaciones del Presidente, de Durazo y del general Sandoval, no habrían servido para que un juez del tipo de Felipe de Jesús Delgadillo Padierna mantuviera preso por unos minutos a Ovidio Guzmán.

Y no porque el hijo del Chapo sea inocente de los delitos por los que los norteamericanos lo quieren en una Corte de su país; no, la narrativa sobre el operativo desmiente la flagrancia, es decir, que los militares reaccionaron a una agresión.

La carpeta de investigación incluye hasta el domicilio del set televisivo, José Muro Pico no. 2403 del fraccionamiento “Tres Ríos”, en donde fue filmado el video de la aprehensión y liberación.

La narrativa explica que, a las 14 horas del 17 de octubre, confirmada la presencia de Ovidio Guzmán en Tres Picos, el “escalón” de Seguridad Externa del Campo Militar 9-A salió a colocarse en posición; 10 minutos después lo hicieron los de Asalto y Seguridad Interna acompañados de un equipo de la Policía Federal. A las 14.30 los “escalones” ya rodeaban el domicilio del “objetivo”. 20 minutos después Ovidio y sus acompañantes atacaron a las fuerzas federales que los tenían cercados.

Y todo esto ocurrió, es decir, la salida de los “escalones” y el cerco al inmueble en donde estaba el objetivo, sin que las fuerzas federales tuvieran en sus manos la orden de cateo.

Aún quienes se emocionaron con el video de la rendición de Ovidio y no son expertos en derecho no podrán entender que la “retención transitoria” del jefe mafioso no sea considerada aprehensión porque “nunca estuvo a disposición de alguna autoridad judicial o ministerial”, como insiste el general Sandoval.

Si no estuvo a disposición fue porque las fuerzas federales no lo presentaron o no pidieron su auxilio a pesar que salieron de sus cuarteles con la intención de cercarlo y capturarlo.

Lo tuvieron en su poder, como se aprecia en el video; si lo dejaron ir fue para evitar una carnicería, pero sobre todo porque un flojo o corrupto juez les echó a perder el numerito.

No imagino al secretario de la Defensa Nacional sosteniendo su argumentación ante el juez Delgadillo Padierna que por menos dejó en libertad a los delincuentes de Tepito que aprehendió la policía de la Ciudad de México.

Desde luego es loable que el gabinete de seguridad prefiriera evitar una masacre que cumplir a los norteamericanos la promesa de que les entregaría al hijo del Chapo.

Lo que no se puede entender es que a nadie se le ocurriera que el crimen organizado reaccionaría como lo hizo en Culiacán y que incluso amenazara, como dice el secretario de la Defensa, con atacar a entidades vecinas si no soltaban a Ovidio.

Como han reconocido los miembros más conspicuos del gabinete de seguridad, no hubo inteligencia ni planeación en el operativo, pero si intención de capturarlo sin cuidar los pasos exigidos por lo que se conoce como el debido proceso.

Simplemente alguien quiso colgarse una medalla.

Al final el salvador del desaguisado fue aquel a quien se le ocurrió justificar la capitulación con el argumento de evitar daño y dolor a la población civil.

Y quizás lo mejor sea que creamos esta versión.

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