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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Preferible la 4T que una dictadura militar

Si el fantasma del golpe de Estado revivido por el Presidente de la República en Días de Muertos tuviese algún fundamento actual sería razonable preguntarse si hay en los mandos militares, en la sociedad civil y en el partido dominante, Morena, con quién sustituir a Andrés Manuel López Obrador

Por Juan Bustillos

Que no le quepa duda al Presidente López Obrador: Hay mucho de cuestionable y debatible de la Cuarta Transformación, pero es mil veces preferible un proyecto que pueda mantenerse o derribarse en las urnas, o transformarse en algo razonable de llegar a cambiar el equilibrio político en el Congreso, a una dictadura militar o a un remedo de gobierno democrático sostenido con bayonetas y tanques.

Si el fantasma del golpe de Estado revivido por el Presidente en Días de Muertos tuviese algún fundamento actual sería razonable preguntarse si hay en los mandos militares, en la sociedad civil y en el partido dominante, Morena (porque el resto no existe), con quién sustituir a Andrés Manuel.

La respuesta es ¡no! No al menos en los cinco años que faltan para que el pueblo acuda a las urnas a votar un nuevo Presidente.

Ahora bien, que no se equivoque López Obrador: La percepción es que la 4T podría desembocar en una dictadura supuestamente democrática a partir de la estrategia, inocultable, de convertir al Poder Judicial en un apéndice más del Ejecutivo, como ya lo es el Legislativo por culpa del raquitismo de la oposición partidista, y por el paulatino aniquilamiento de los organismos reguladores, a los que el Presidente, con la complicidad del Senado, está saturando con incondicionales de ineptitud evidente.

De esta suerte, el país volvería a los tiempos que usualmente evoca el Presidente, a la dictablanda (el Estado soy yo) de Luis Echeverría y congéneres, como Mario Vargas Llosa llamó al prolongado sistema priísta en recuerdo del sistema español que siguió a la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

Todo esto porque Andrés Manuel consideró necesario sacar al fantasma del camposanto para espantar a quienes, como dice la canción de Jesús Camacho Villaseñor, se asustan con su sombra al caminar.

¿A qué podría temer el Presidente de México o, peor aún, por qué preocupar al pueblo de México hablando del golpe de Estado?

Andrés Manuel López Obrador hizo que el fin de semana lo pasáramos hablando de golpes de Estado, y no precisamente en Venezuela, Chile o Ecuador, etcétera.

El sábado escribió en su cuenta de Twitter: “¡Qué equivocados están (ojo con el uso del verbo estar en tiempo presente) los conservadores y sus halcones! Pudieron cometer la felonía de derrocar y asesinar a Madero porque este hombre bueno, Apóstol de la Democracia, no supo, o las circunstancias no se lo permitieron, apoyarse en una base social que lo protegiera y respaldara”.

Ahora, eso no podría ocurrir porque, escribió el Presidente, “aunque son otras realidades, y no debe caerse en la simplicidad de las comparaciones, la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz que no permitiría otro golpe de Estado”.

¿Por qué López Obrador creyó necesario alertar a los mexicanos sacando del camposanto un fantasma del golpe de Estado que solo habita en las series de Netflix y, por lo que veo, en la imaginación de sus asesores políticos y mediáticos?

Supongo que fue la manera que le recomendaron responder a las especulaciones en torno al malestar en el Ejército que se habría manifestado en el discurso que el ex subsecretario de la Defensa Nacional Carlos Gaytán Ochoa pronunció el martes 22 de octubre ante el titular de la Sedena, Luis Cresencio Sandoval.

El domingo, desde Palenque, a donde fue a honrar a sus fieles difuntos, el Presidente López Obrador hizo un esfuerzo por alejar un fantasma de su creación. Interrumpió su descanso en la finca familiar para grabar un video de casi 2 minutos para decir que: “Creo que vamos bien; ese es mi balance; no hay nada que temer porque estamos cumpliéndole al pueblo y el pueblo nos está apoyando; nos está respaldando”.

Para ser menos enigmático sólo le faltó decir, como acostumbra, que el Ejército es pueblo uniformado.

“No hay nada que temer”, dice el Presidente, y tiene razón, pero no toda.

Aunque su gobierno dista mucho de cumplir en materia de seguridad y política económica, y, desafortunadamente, no lo hará en el futuro inmediato, un alto porcentaje del pueblo lo apoya y respalda, pero, además, el Ejército Mexicano no es golpista, y tampoco lo es el pueblo, pero hay más; como decía, es mil veces mejor que la Cuarta Transformación agote su periodo sexenal, y se mantenga otro si la oposición no se recupera y el pueblo vuelve a votar por el proyecto de Andrés Manuel, a una dictadura militar.

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