“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

AMLO y la mano que mece la cuna contra Evo

Evidente su convencimiento de que manifestación de policías federales no fue espontánea

Por Juan Bustillos

Llegué a pensar que por ser su cumpleaños 66, el Presidente López Obrador estaba de vena y bromeaba al decir que la protesta de los policías federales que sólo quieren que Alfonso Durazo pague sus finiquitos para dedicarse a otra cosa fue ideada y operada por una mente malévola con la finalidad de bloquear el trayecto, en territorio mexicano, del ciudadano Evo Morales, rescatado de Bolivia por razones humanitarias.

Me equivoqué; he escuchado, una y otra vez, la grabación de las palabras, en la mañanera, de López Obrador hablando de provocación y es evidente su convencimiento de que la manifestación de los policías federales no fue espontánea.

Llegó a afirmar que alguien “está meciendo la cuna”.

Es decir, no se trata de una broma del cumpleañero.

No alcanzo a discernir si Andrés Manuel realmente está convencido del complot contra Evo en la capital mexicana o alguno de sus asesores le aconsejó, en una clásica maniobra mediática, hablar de la conveniencia de esa supuesta tortuosa conspiración para ayudar a que Durazo siga fortachón después de lo ocurrido en Culiacán y con la familia LeBarón.

Me preocupa, sin embargo, oírlo hablar de manipulación para echar a perder la bienvenida al ex presidente de Bolivia, pero al mismo tiempo revelar que no cuenta con información.

Si tiene datos de la conspiración o los servicios de inteligencia mexicana están seguros de que alguien o algunos intentaron deslucir el histórico episodio protagonizado por el gobierno mexicano, salvando la vida del ex mandatario boliviano, lo conducente habría sido hablar con claridad y no concretarse a sembrar la sospecha contra los conservadores y neoliberales sin tener una prueba en la mano.

Y es que, conforme a las palabras de López Obrador, no tiene datos para sostener sus sospechas. Dijo: “Si tenemos información aquí (en la mañanera) lo vamos a denunciar, sea quien sea; saben que hay una tensión por la llegada de Evo y buscaron hasta detener el convoy”.

Y preguntó: “¿Quiénes están en esto?”

El “si” es condicional, es decir, ayer, en la mañanera, sólo le pareció sospechoso que, casualmente, los policías federales la reemprendieran contra el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, precisamente, cuando Evo bajaba del avión de la Fuerza Aérea Mexicana que lo trajo a nuestro país.

Y “si tenemos información…”.

El Presidente tiene derecho a sospechar; el problema es que el bloqueo de los policías federales fue a la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y Evo abrazó al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y ofreció su primer discurso de agradecimiento a México por haberle salvado  la vida, en lo que fue el hangar presidencial, que está ubicado, exactamente, en las antípodas.

Para decirlo de otra manera, si hubo conspiradores equivocaron el campo de batalla.

Por eso, aun viendo la seriedad con la que el Presidente denunció la existencia de una mano que mece la cuna, estoy seguro de que, en realidad, sólo empezaba el festejo de su cumpleaños con una broma que no se convirtió en noticia por inverosímil.

Como sea, es preocupante que primero se denuncie y, a renglón seguido, se diga que se va a investigar y se ofrezca que si se tiene información de lo denunciado será exhibida en la mañanera.

Lo conducente habría sido que el general Audomaro Martínez, director general del Centro de Inteligencia, averiguara primero y, a continuación, sólo entonces, el Presidente fusilara al dueño de la mano que meció la cuna contra Evo a su llegada a la Ciudad de México.