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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Otro aporte “voluntario” y burócratas tendrán que poner de su bolsa

Por Juan Bustillos

Porque el Presidente López Obrador conoce muy bien a la clase política que echó del poder en julio de 2018 es que se puede dar el lujo de invocar el rescate de la soberanía nacional para imponer medidas por decreto, maquilladas de “voluntarias”, que, unas, van en detrimento de los trabajadores al servicio del Estado y, otras, ponen en riesgo a la administración pública.

Sabe el mandatario que, los senadores, por ejemplo, además de rasgarse las vestiduras y firmar desplegados, no tomarán una acción práctica para bloquear sus geniales ocurrencias, y se concretarán a acusarlo de despreciar el orden constitucional y la separación de poderes.

De ellos no tiene por qué preocuparse.

Pero el Presidente se equivoca si cree que algunas de las medidas anunciadas por decreto sólo indignaron a los senadores del PAN, PRI, PRD y MC.

Si rasca un poco en las filas de la burocracia, incluida la alta que con él llegó al poder, sabrá del tamaño del malestar de quienes de inicio aceptaron a regañadientes el recorte del 50 por ciento de su salario y ahora sufrirán otro 25, después del 30 que el SAT les retenga.

No, con los senadores no se equivoca.

Conozco a la mayoría y tengo plena seguridad que más allá de su firma no darán un paso más para impedir lo que denuncian: violación a los derechos laborales de los trabajadores de la administración pública; puesta en riesgo la operatividad de la administración pública, y la reasignación de 622 mil millones de pesos para programas no esenciales.

La aparente indignación mediática de padres y madres de la patria tiene su origen en el plan presidencial de austeridad republicana para, con pretexto de rescatar la soberanía de México, disponer de recursos a costillas de la burocracia, decretando o pidiéndole que de manera “voluntaria” renuncie en lo que resta del año al 25 por ciento de su salario así como a su aguinaldo.

También a la desaparición de 10 subsecretarías, aún no identificadas, una estrategia que, dicen los senadores, “sienta las bases y define la hoja de ruta para una peligrosa parálisis de todo el Gobierno Federal”.

Así como “la reasignación de 622.5 miles de millones de pesos para el cumplimiento de actividades y programas que sin duda no son esenciales para enfrentar la realidad de la recesión económica y la disminución de los ingresos tributarios”.

Como discurso se escucha emocionante que los senadores del PRI, PAN, PRD y MC griten que “En una República representativa, democrática, laica y federal NO se gobierna por decreto y sin escuchar a la pluralidad de la Nación”, pero, insisto, ¿qué hacen para ser escuchados?”.

Creen cumplir con su obligación buscando a su reportero favorito para hacer una declaración altisonante o firmar un desplegado que coloca a López Obrador como autócrata, para luego, en cumplimiento a la sana distancia y al confinamiento aconsejado por la autoridad sanitaria, refugiarse en la comodidad de su hogar en espera que otros hagan lo que ellos no hicieron en la campaña de 2018 y no harán hoy cuando el “gobierno (se muestra) empeñado en tomar medidas unilaterales y aisladas”.

Estamos de acuerdo con los senadores en que “Nuestros hijos no merecen un país devastado por la enfermedad, ni la incertidumbre económica y mucho menos, merecen un país roto”, pero ¿cómo creerles que realmente harán algo cuando concretan a reconocer que tienen la “responsabilidad constitucional … (de) ser un contrapeso y ser la voz de la pluralidad que hoy nos demanda a todos trabajar en unidad”, y luego se recuestan en su sillón favorito a continuar viendo las series de Netflix en lo que pasa la epidemia del coronavirus.

Pero el riesgo para el gobierno no está en los senadores de la oposición a Morena, sino en la burocracia que va a terminar poniendo de su bolsa en la coperacha para rescatar la soberanía nacional.