“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Estamos en recesión: Mujeres y niños primero

Nadie podrá negar que lo advertimos a tiempo y, a cambio, nos dijeron hasta de lo que nos vamos a morir

Por Juan Bustillos

El 10 de octubre pasado se escribió en IMPACTO que estábamos a punto de ingresar a lo que los economistas llaman “recesión técnica” y que para hablar de recesión, sin adjetivos, sólo faltaba saber lo que ocurriría en el cuarto semestre.

Consecuencia fue la satanización automática, en redes sociales, con improperios y amenazas, como es costumbre, pero también algunas llamadas de amigos preguntando si somos conservadores o adversarios de la Cuarta Transformación.

En IMPACTO TV fuimos más lejos; hablábamos de que el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, ha perdido el sueño, que las ojeras lo delatan y no sería extraño que estuviera pensando en seguir los pasos de su antecesor, Carlos Urzúa; que en las últimas semanas ha permanecido ausente, a grado de no protagonizar siquiera la acción de gracias al Congreso por aprobar el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2020, etcétera, etcétera.

También mencionamos que el contexto nos recuerda los tiempos en que Luis Echeverría solía decir que la economía del país se manejaba desde Los Pinos y justificaba la defenestración de Hugo B. Margáin con la caída de un caballo.

Lo último que querría hacer es comportarme como el periodista que suele presumir con el consabido “se los dije”, pero así es.

La mala noticia es que el INEGI dice que estamos en recesión técnica desde diciembre del 2018, es decir, desde el primer trimestre del gobierno del Presidente López Obrador, y que el Bank of America y la calificadora Moody´s aseguran lo mismo, y todo porque la tasa de crecimiento es nula y el PIB se ha reducido en los tres trimestres del año.

Para decirlo de otra manera, del crecimiento del 0.06 y 0.09 poco falta para que ingresemos a los números negativos, pues ya estamos en el 0.01.

Esta mala noticia puede ser satanizada porque Bank of América y Moody´s son conservadores y, conforme a lo escuchado en la conferencia mañanera del Presidente, enemigos, pero el secretario de Hacienda no es conservador ni enemigo. Arturo Herrera se animó a romper la soledad y superar su melancolía, como solían llamar los poetas a la depresión, para dar la cara y anunciar lo que cualquiera sabe: Que la economía crece a niveles más bajos de los esperados.

No faltará quien se alegre de lo que parece el fracaso en política económica de Andrés Manuel, pero hará mal porque si Arturo Herrera sale a decir que se debe estimular la economía incrementando el gasto para conseguir el milagro de hacerla crecer por encima del 0.01 por ciento, y no caigamos abajo del cero, equivale a escuchar al piloto de una nave aconsejar que nos abrochemos los cinturones porque intentaremos un aterrizaje de emergencia, o al responsable de una sala de cine, o de un estadio deportivo, recomendar, en un desastre, que corran primero las mujeres y los niños; después los ancianos y que al final se salve quien pueda.

Herrera nos puso a temblar, pero de paso nos dijo que la salvación está a la vista: “Lo que estamos tratando es de cambiar la dinámica de la inversión en México con un doble propósito: Ir sustituyendo el gasto corriente, poco a poco, por gasto de inversión, acelerándolo también, que es parte de lo que hemos venido haciendo, pero también, y lo verán mañana, entendiendo que la inversión privada es complementaria a la inversión pública; en México, la inversión privada es casi siete veces la inversión pública; es, más o menos, una de las constantes que existen en el país”.

O lo que es lo mismo, estamos en manos de Carlos Slim y sus pares, que ya tienen la promesa de que a ellos tocará construir el 50 por ciento de la infraestructura. Por fortuna, como ya se comprometieron los organismos cupulares de la iniciativa privada, formularán y signarán un código de ética que ayude a desterrar para siempre a la corrupción, pero en la fórmula salvadora del secretario de Hacienda faltó algo: El gobierno está tratando de cambiar la dinámica de inversión con un doble propósito: Ir sustituyendo el gasto corriente, poco a poco, por gasto de inversión. Debió incluir un tercer propósito: Disminuir la política asistencial, que lo es todo en la Cuarta Transformación, y con ese dinero crear empleos bien remunerados, pero eso es otra cosa. La cuestión es que nadie podrá negar que lo advertimos a tiempo y, a cambio, nos dijeron hasta de lo que nos vamos a morir.