Inicio > Columnas > “Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Los buenos discursos de Zaldívar

Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación tiene la oportunidad, histórica, de demostrar que no solo sabe redactarlos y pronunciarlos

Por Juan Bustillos

Arturo Zaldívar tiene la oportunidad, histórica, de demostrar que no solo sabe redactar y pronunciar discursos. Le bastaría con mantener la autonomía de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ante el poder incesantemente creciente del Presidente López Obrador.

Cierto, debe seguir el ejemplo de Andrés Manuel, al menos en el discurso, en el sentido de revertir la percepción de corrupción que lastra al Poder Judicial de la Federación, pero no, en definitiva, no es suficiente.

El mayor acto de corrupción del máximo tribunal del país sería someterse ante cualquiera de los otros 2 poderes de la Federación, el Legislativo y el Ejecutivo. La República no lo soportaría.

No obstante, en el supuesto de que el ministro Presidente esté convencido de la necesidad republicana de mantener, a cualquier costo, la autonomía de la Corte, no le será fácil llevarlo a la práctica porque el Legislativo, dominado por el Ejecutivo a través de la mayoría de Morena y sus satélites en el Congreso, obsequia con aprobaciones todas las propuestas presidenciales, se trate de quien se trate.

Así, el pleno empieza a poblarse con quienes escuchan consignas, perdón, sugerencias, en el Ejecutivo.

Ante esto, Zaldívar poco o nada puede hacer porque no está en sus manos, pero su ejemplo personal sería su mayor aportación a la disposición constitucional de la separación de poderes.

Por no faltarle razón se aplaude su aceptación de que “un Poder Judicial percibido como corrupto carece de la fuerza y legitimidad para desempeñar adecuadamente el rol equilibrador que constitucionalmente le corresponde”, pero ya se ha dicho: La mayor corrupción sería, precisamente, no jugar ese rol constitucional.

Si abandona la burbuja en que vive podría enterarse de la creciente percepción de que, como en los viejos tiempos, la Corte ya es uno de los tantos apéndices del Ejecutivo.

Nadie pide al Supremo Tribunal convertirse en contrapeso, porque para eso existen los partidos políticos, como él mismo sostiene, pero sería suficiente con algunas acciones que le ayudaran a “construir con la ciudadanía (la) relación de confianza” que no existe al día de hoy y que se acrecentó, por ejemplo, con su complicidad ante la manera nada elegante de brincar a los amparos en Santa Lucía usando la seguridad nacional como pretexto, pero también persiguiendo al juzgador incómodo utilizando el recurso manido de combatir la corrupción.

Una oportunidad invaluable es mostrar autonomía parando en seco la pretensión del gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, de extender 3 años más un mandato de sólo 2.

Cualquiera sabe que bastará con el rechazo de 4 ministros a la grotesca pretensión de Bonilla, pero sería un mensaje histórico si el pleno votara en contra del gobernador por unanimidad.

Es paradójico, pero el más agradecido sería el Presidente López Obrador porque se quitaría la sospecha de estar atrás de la ambición de Bonilla para usar el antecedente en sus propios fines.

No hay mejor favor que la Corte pueda hacer al Ejecutivo sin lesionar, sino al contrario, la separación de poderes.

Por lo demás, es de aplaudir el discurso de Zaldívar cuando habló, ante el Presidente López Obrador, de sacar de las filas del Poder Judicial “a los malos servidores públicos, a los corruptos… pero también a los mediocres, a los que no estén a la altura de la investidura que ostentan, así como a los que entienden esa investidura como privilegio, no como servicio”.

Así como Zaldívar imita el discurso de Andrés Manuel en materia de corrupción, el jefe del Ejecutivo Federal debería hacer suyas las palabras del ministro Presidente y sacar del gobierno “a los mediocres, a los que no estén a la altura de la investidura”, porque son muchos, tantos que solo brilla el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

%d bloggers like this: