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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Gandallismo de Trump y seguridad nacional

Si bien Andrés Manuel López Obrador dijo que la acción del inquilino de la Casa Blanca se resolverá mediante el diálogo, quizás se requiera una medida extraordinaria

Por Juan Bustillos

El gobierno mexicano vive el peor de los infiernos, pero, fiel a su estilo, el Presidente López Obrador intentó salvar la situación acusando a su amigo Donald Trump de haber introducido “clandestinamente” cesiones en el T-MEC que México no hizo.

Sólo López Obrador, de nacionalismo insospechado, calificado, a sí mismo, de izquierda y enemigo declarado de todo lo que huela a neoliberalismo, podía salvar la situación en que lo metió el subsecretario para América del Norte, Jesús Seade, pues amaneció bajo sospecha de todo, incluso de ir más allá de Carlos Salinas, quien consiguió para México el mejor de los tratados, el de América del Norte.

Y, sin duda, esto calienta.

Según el Presidente, “…en un proceso que depende más de una decisión de Estados Unidos se envió una ley de Estados Unidos al Congreso para la supervisión de este Tratado que habla de que cada seis meses pueden venir inspectores, habrá cinco inspectores, lo cual no se aprobó en el Tratado; esto sale de manera clandestina”.

Antes de la aclaración presidencial me preguntaba: ¿Qué preferirá el Presidente López Obrador? ¿Que califiquen a él y a su gobierno como entreguista a Donald Trump y a Estados Unidos, o aceptar que su negociador estrella en la firma del T-MEC fue chamaqueado por su amigo Bob Lighthizer?

Siguiendo la aclaración, supongo que Andrés Manuel, por fin, comprendió que su amigo norteamericano es un gandalla porque sólo alguien con estas características puede incluir de manera clandestina, en un Tratado, puntos que no se negociaron y que nadie firmó.

El fin de semana, el Presidente, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y el subsecretario Seade fueron puestos bajo sospecha de ingenuos, en el mejor de los casos, y, en el peor, de entreguistas.

Las críticas han sido severas mucho antes de que Seade se enredara en explicaciones sobre la figura de los “agregados laborales”.

Desde que nos pegaron el susto, de inicio del sexenio, con el incremento de los aranceles fue sembrada la sospecha, y no precisamente por los críticos y adversarios del Presidente, sino por sus aliados.

Dos personajes de izquierda fueron a fondo. Porfirio Muñoz Ledo, primero, y, después, Cuauhtémoc Cárdenas calificaron de entreguista la política exterior mexicana en materia migratoria, en especial la centroamericana.

El entonces presidente de la Cámara de Diputados dijo en Tijuana, durante la celebración de la desaparición del peligro arancelario, que nos hemos convertido en una especie de policía migratoria de Trump, y el ex candidato presidencial y líder espiritual de la izquierda nacional recién afirmó, en una entrevista en el periódico El País, que hacemos el trabajo sucio a Estados Unidos.

Hoy es peor; la revelación periodística de “letras chiquitas” en el T-MEC y del adéndum ha ofrecido a los periodistas mexicanos expertos en economía y relaciones internacionales la oportunidad de cebarse en el subsecretario para América del Norte, Jesús Seade, quien presumía de su amistad personal con Lighthizer, pero también ha llevado al escarnio a su jefe, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y a quien manda sobre los dos, el Presidente López Obrador.

Y, desde luego, a Ricardo Monreal, que más veloz que, el héroe de Marvel, Flash aprobó el Tratado.

El fin de semana fue de vergüenza para Seade. Se la pasó insistiendo en la no existencia de los ahora famosos “agregados laborales”. Sus explicaciones fueron torpes: Que sí los incluyeron, pero que no los vio, etcétera, y ahora nos enteramos de que hasta seremos monitoreados vía on line en materia laboral.

Al final se la intentó sacar diciendo, temerariamente, que no hay letras chiquitas, pero que para calmar a los “duros” de su país, Trump incluyó los “agregados laborales”.

El Presidente lo respaldó hablando de clandestinidad.

López Obrador dijo que el agandalle de Trump se resolverá mediante el diálogo, pero quizás se requiera una medida extraordinaria, por ejemplo, dar instrucciones a la embajadora Martha Bárcena de protestar formalmente porque el gandallismo del presidente norteamericano colocó al mexicano, durante el fin de semana, como entreguista o ingenuo.

Y eso no se vale.

Y, desde luego, es materia de seguridad nacional.

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