Inicio > Columnas > “Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Spread the love

Urbanidad de AMLO y De Hoyos

Para un Presidente mexicano no hay peor insulto que ser colocado arriba de Santa Anna en sumisión ante Estados Unidos

Por Juan Bustillos

Andrés Manuel López Obrador y Gustavo de Hoyos ofrecieron al país una lección de urbanidad que a algunos nos resultó penosa.

Recordarán Luis Rivera y Víctor Backre cuando, ¿hará 56 años?, viéndome sangrar de la boca, y con la camisa escandalosamente manchada por el vital líquido que corría, a borbotones, por mi pecho, gracias a la puntería de los puños de Estefan, en lugar de consolarme, doña Clemen me preguntó indignada: “¿Y ni la madre le mentaste para que le doliera algo?”.

Aquella anécdota juvenil en la que fui vengado por Juan Jacobo me vino a la mente al mirar al Presidente López Obrador estrechando, sonriente, la mano del líder de los patrones mexicanos, Gustavo de Hoyos.

Ambos ofrecieron la impresión de haber olvidado que, indignado porque los negociadores de López Obrador hicieron de lado a los empresarios mexicanos en la recta final de las pláticas que concluyeron con la firma del T-MEC, De Hoyos tuvo la gentileza de igualar, qué digo, poner al Presidente López Obrador un escalón arriba de su Alteza Serenísima, Antonio López de Santa Anna.

Apenas se firmó el T-MEC, el presidente de la Coparmex afirmó que desde el tratado Guadalupe-Hidalgo, por el cual perdimos Texas, California, Nevada, Utah, Colorado y parte de Wyoming, ningún gobierno ha sido tan “flexible” ante Estados Unidos como el de López Obrador.

Y el lunes, en la ceremonia, en Palacio Nacional, para el anuncio del incremento de 20 por ciento al salario mínimo, el responsable del ceremonial sentó a Gustavo de Hoyos atrás del Presidente de la República y ambos se dieron la mano felices de la vida, ante el beneplácito del secretario de Hacienda, Arturo Herrera, que les hizo marco aplaudiendo y sonriendo como si algo tuviera que ver en la negociación salarial o en la reconciliación.

Don Pancho Galindo Ochoa me recriminaría exigiendo no sorprenderme por estas conductas, pues en política, me explicaría, es conveniente guardar las formas, aunque, según Jesús Reyes Heroles, en ocasiones, estas sean el fondo.

En realidad, la escena de esta especie de paz pactada el lunes en Palacio Nacional encaja más en la frase de Groucho Marx que mi compadre Rafa Reséndiz suele repetir: “Estos son mis principios, y si no te gustan tengo otros”.

Supongo que comparar al Presidente con Santa Anna sólo fue una hociconada para conseguir espacio en los medios y hacerse notar, pero si Gustavo de Hoyos  fuera un fanático, un “fundamentalista”, como dice que no es, y de veras pensara que López Obrador es más “flexible” que su Alteza Serenísima, constituiría un peligro para la espalda del Presidente.

Sólo a un oficial irresponsable del extinto Estado Mayor Presidencial se le habría ocurrido sentarlo atrás del mandatario.

Por lo demás, entiendo que el Presidente esté obligado a apechugar estas cosas y se vea obligado a tragarse sus sentimientos para no enturbiar más el clima de polarización que vivimos.

Sin embargo, supongo que para un Presidente mexicano no hay peor insulto que ser colocado arriba de Santa Anna en sumisión ante Estados Unidos, en especial López Obrador, que a diario presume su conocimiento de la historia patria.

La verdad, me habría gustado ver algo del Presidente, cualquier detalle, que hubiese dejado claro a De Hoyos que acusó recibo del peor insulto que le han proferido durante su mandato.

Creo que su pragmatismo le impedirá creer lo declarado por De Hoyos al concluir el evento del incremento al salario mínimo:

“Nunca hemos tenido un conflicto; nosotros creemos que en la democracia se puede coincidir y se puede disentir; no nos cuesta ningún trabajo reconocer y celebrar cuando hay una buena política pública; así lo hemos hecho en el pasado y así lo haremos hacia adelante, igual que cuando haya que cuestionar y señalar lo seguiremos haciendo… Aquí no hay ni conflictos personales ni pleitos casados; no somos opositores fundamentalistas ni tampoco somos aplaudidores sistemáticos; cada decisión por sus propios méritos”.

Un poco diferente a lo de Santa Anna, la flexibilidad ante EU y el Tratado Guadalupe Hidalgo.

En todo caso, allá el Presidente si le cree.

%d bloggers like this: