“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

El gabinete de cuarta del Presidente

Aunque algunos dijeran que en la reunión navideña con sus colaboradores López Obrador afirmara ‘estar a gusto’, existe la sospecha de que el encuentro no fue de terciopelo

Por Juan Bustillos

El Presidente Andrés Manuel López Obrador sostuvo, el jueves pasado, una reunión de fin de año demasiado privada con su gabinete. ¿En realidad dijo sentirse a gusto? Cunde la sospecha

Salvo Ebrard, Nieto, Herrera, Jiménez Espriú y Alcalde, el resto ha mostrado estar muy por abajo de lo que se espera de un equipo, evidentemente, mal conformado para una misión de envergadura histórica, como la Cuarta Transformación.

De esto se salvan el Staff, los poderes Legislativo y Judicial, así como la Fiscalía General de la República y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, porque no pertenecen al gabinete, aunque se comporten como si lo fueran.

Esto no pretende ser un recuento sobre el gabinete del Presidente López Obrador, sino uno de esos trabajos navideños destinados a mis tres o cuatro lectores leales que nadie lee porque siempre hay mejores cosas que hacer. Se trata de apuntes aislados, inconexos algunos, sin mayor intención que salvar el momento.

Andrés Manuel López Obrador dice estar a gusto con su gabinete. Sólo él sabe por qué si, a la vista, es evidente que en su mayoría, no en su totalidad, sus colaboradores le van a la zaga ofreciendo la impresión de que nos gobierna un hombre solo, que todo lo puede y hace, y que para todo tiene respuesta.

Desde luego, nada que se parezca a los Luises franceses, sino a los del priismo del preliberalismo, muy en especial a Luis Echeverría, en los que el Presidente lo era todo y entonces sí, como en los actuales, no en los de Enrique Peña Nieto, ninguna hoja de árbol se movía si él no le soplaba.

Lo cierto es que el gabinete inició tranquilo sus vacaciones decembrinas (decirles “saturnales” sería cometer blasfemia porque equivaldría a dudar del nacimiento de Jesús en estas fechas cuando los romanos celebraban el nacimiento del sol invicto) porque el aguinaldo fue la promesa de que sus chambas están aseguradas, pues no habrá más cambios que los ya realizados en Hacienda con la caída para arriba de Margarita Ríos Farjat.

La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, sintetizó, imagino, el frívolo espíritu campeante en la última reunión de gabinete del primer año de la Cuarta Transformación. El Presidente estaba feliz, feliz, dicharachero, ocurrente, al grado de que la habría felicitado porque se ve más joven de lo que es.

Fuera de esto no hubo más noticia de la reunión palaciega. Ni comunicado ni foto oficial quizás porque Jesús Ramírez Cuevas ya estaba de vacaciones o porque consideró vacuo registrar como noticia la eterna juventud de la Secretaria de Gobernación, lo que permite sospechar que el encuentro no fue tan aterciopelado como refirió doña Olga, pues el Presidente suele ser de mecha corta, más que la de Felipe Calderón, y no tiene las maneras mexiquenses de Enrique Peña Nieto, sino las tropicales de Tabasco.

EBRARD, ENCIMA DE CASI TODOS

Andrés Manuel es experto conocedor de la gente, virtud que le ayuda a fascinarla y ejercer manipulación, pero él sabrá el por qué de su comodidad con sus colaboradores, algunos de los cuales han mostrado estar muy por abajo de lo que se espera de un equipo, evidentemente, mal conformado para una misión de envergadura histórica como la del cambio de régimen que se hace llamar Cuarta Transformación.

No es secreto que en un año de gobierno, sólo Marcelo Ebrard ha estado a la altura de las circunstancias.

La necesidad del gobierno y las instrucciones de su jefe lo han empujado a asumir funciones ajenas a la Secretaría de Relaciones Exteriores, con el consecuente celo de sus compañeros, que lo ven alejarse a grandes zancadas.

Sin embargo, más temprano que tarde le será cobrada la eficacia demostrada en las tareas encomendadas por el Presidente, algunas de ellas como el cobijo al ex mandatario boliviano Evo Morales y el cambio drástico de actitud ante Donald Trump que, ante el disgusto presidencial, ha llevado a algunos íconos de la izquierda, como Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, a asegurar que México hace el trabajo sucio al gobierno norteamericano.

Ebrard ha aprovechado la circunstancia muy personal que impide a López Obrador codearse con jefes de Estado en los foros internacionales y ha evitado ser salpicado por episodios penosos, como el protagonizado por el subsecretario para América del Norte, Jesús Seade, que, abusando de su cercanía con el Presidente, se comió solo el escándalo ocasionado por su apresuramiento a firmar el T-MEC sin leer las letras chiquitas con que le escondieron la existencia de “agregados laborales”que permitirán al gobierno norteamericano meterse hasta la cocina de las empresas y sindicatos mexicanos.

Seade podría preguntar a su colega, el subsecretario para América del Sur, Maximiliano Reyes Zúñiga, cómo se juega en equipo.

Solo jugando al estilo de Maximiliano se pudo extraer de Bolivia a Evo Morales y trasladarlo a salvo a México sobre cielos y suelos inhóspitos.

ROCÍO Y ERÉNDIRA

Inopinadamente, López Obrador ha permitido que la alianza abierta entre las secretarias de Energía y de la Función Pública entorpezcan los afanes del director de Pemex de mejorar la producción petrolera, un factor decisivo en los planes presidenciales.

López Obrador encargó a Rocío Nahle la refinación de petróleo, pero, por alguna razón, la secretaria de Energía cree que también debe ser suya la exploración y producción y, en con- secuencia, colocar ahí a quien escuche sólo sus instrucciones, razón por la cual encontró en Irma Eréndira Sandoval a la aliada perfecta para minar a Octavio Romero, pasando, incluso, sobre el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, y sus no ejercicios de acción penal.

Es probable que el Presidente no se percate de lo que ocurre entre Energía y Pemex; de lo contrario no diría que se siente a gusto, por lo menos con ese par de damas de su baraja personal, muy cercanas a su corazón, pero a todas luces ajenas a sus proyectos quizás por la influencia de sus respectivos maridos.

INSEGURIDAD, NOSTALGIA POR EL PASADO

Tampoco se entiende que pueda estar a gusto con su política de seguridad, cuyo mérito máximo consiste en que los responsables de mantener tranquilos a los mexicanos sacrifiquen el sueño para asistir a reuniones en las que la justificación es que la culpa de los altos índices de criminalidad sigue siendo de Felipe Calderón y Enrique Peña.

Por ahora, la gran salvación de esta premisa descansa en la detención, en Estados Unidos, de Genaro García Luna, responsable del espionaje y de la seguridad pública en tiempos de Vicente Fox y Felipe Calderón, y sobre quien se ha denunciado desviación de miles de millones de pesos de la Secretaría de Gobernación a empresas que intermediaban con una suya, incluso en el sexenio de Enrique Peña Nieto.

Sin embargo, este tipo de explicaciones y otras no justifican episodios como el “culiacanazo”, en el que el Ejército y la Guardia Nacional exhibieron ingenuidad, ineptitud o, en el mejor de los casos, falta de coordinación entre quienes López Obrador depositó la confianza de cambiar el estado de cosas.

Fue penoso mirar a Alfonso Durazo y al general Cresencio Sandoval intentando explicar lo inexplicable; por cierto, un episodio convenientemente olvidado.

El escándalo suscitado por la rendición de las armas nacionales ante el cártel sinaloense y sus aliados fue sustituido por la tragedia de las familias LeBarón y Langford, de la que ya nadie habla, no obstante la marcha de protesta ninguneada por el gobierno y los medios de comunicación.

Quien más sufrió lo fallido de aquel operativo fue el general Sandoval, que no entiende que el pasado es el pasado y sigue atado a su antecesor, Salvador Cienfuegos.

Discípulo fiel de López Obrador, Durazo esquivó responsabilidades a base de retórica.

La superación de las marcas de Calderón y Peña Nieto en inseguridad ha llevado al surrealismo a los responsables de la seguridad de los mexicanos; por ejemplo, en los días previos a las vacaciones, el reclamo fue a los gobernadores por no levantarse temprano para emular las reuniones de madrugada del Presidente con su gabinete de seguridad.

Lo cierto es que a despecho de buenos deseos, de políticas novedosas, como el cambio de estrategia bélica a regaños de abuelitas y mamacitas, de abrazos en lugar de balazos, de sospechosas declaratorias de no más guerra al crimen organizado, de combatir las causas en el origen (repartiendo dinero a los “ninis” y a los campesinos para que no caigan en manos de los narcos), y con el Ejército, la Marina y la Policía Federal en la calle disfrazados de Guardia Nacional, las estadísticas indican que en casi 13 meses nada ha mejorado en materia de seguridad, sino al contrario, y que el territorio nacional sigue siendo un gran cementerio y un ominoso charco de sangre, como en los peores tiempos del neoliberalismo.

NIETO, EL CAMPEÓN

La lucha contra la corrupción ha encontrado a su campeón indiscutible en el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto, a quien, sin embargo, en el último momento, el Congreso no entregó todas las garras y colmillos que quería para incrementar el terror que ya le tienen los poderosos, pero también el mexicano de a pie, pero aun así, Nieto es, sin duda, el más eficaz de los servidores de López Obrador en la meta de desterrar la corrupción en lo que resta del sexenio. Lo que el Presidente no obtuvo en las urnas se lo da el titular de la UIF; le basta insinuar que tal o tal está en su mira para desaparecer cualquier oposición.

Ahora mismo, el secretario de Gobernación de Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio, no ha dicho una sola palabra sobre la insinuación presidencial de que también en su sexenio existió desvío de dinero de Gobernación hacia empresas de García Luna quizás porque no lo hubo.

LA DECEPCIÓN Y EL SILENCIO

La mayor decepción del gabinete la ha constituido Arturo Herrera después de la shakespeariana renuncia de su antecesor, Carlos Urzúa.

Resulta imposible mirarlo haciendo valer su importancia, como Luis Videgaray, José Antonio Meade, Pedro Aspe o Guillermo Ortiz en su tiempo.

La noche anterior a los cambios de su Oficial Mayor y de la directora del SAT, muchos miembros del gabinete ya conocían los nombres de las protagonistas; sólo Herrera desconocía que López Obrador echaría mano de Raquel Buen- rostro y Thalía Lagunas Aragón.

Sin embargo, no nos engañemos. Parece estar, simplemente, a la espera paciente de que la economía nacional estalle para que su jefe eche mano de sus habilidades.

Entre que se va por razones de salud y se queda porque es invencible, Javier Jiménez Espriú cargará, al final, con la responsabilidad de no haber actuado con honestidad al tratar cuestiones de infraestructura con el Presidente. La cancelación del NAIM, el aeropuerto en Santa Lucía, el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas, constituirán un reclamo permanente. Y todo por no tener la valentía de decir no.

De manera somera parece evidente, sin tocar al staff, a los poderes Legislativo y Judicial, así como a la Fiscalía General de la República y a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, porque no pertenecen al gabinete, aunque se comporten como si lo fueran, es incuestionable, que salvo los mencionados, el resto de colaboradores del Presidente no existe.

ALCALDE, APENAS

Tal vez la Secretaria del Trabajo un tanto, pero salvo por su propensión a repartir tomas de nota como si fueran cartas de baraja, Luisa María Alcalde ocupa un primer plano por razones distintas a su responsabilidad.

El resto no existe o ha decidido nadar de muertito con la esperanza de que el Presidente no se percate de su existencia.

En estas circunstancias no se entiende que López Obrador se sienta a gusto con su gabinete, como presume Sánchez Cordero.

Si no se tratara de un cambio de régimen e instaurar la Cuarta Transformación no tendría mayor importancia la proliferación de mediocres o de protege-chambas que prefieren el silencio a exponer sus dudas u objeciones al jefe, pero si, como se dice, la pretensión de López Obrador es inscribir su nombre en la historia, con este equipo no llegará ni a la solapa del texto gratuito de primer grado de educación primaria.

Es cierto que, en muchos casos, los jefes deciden rodearse de enanos para destacar, pero a esta estratagema barata no tiene derecho quien pretende instaurar una transformación histórica. El 2020 le ofrecerá la oportunidad de sacudir el árbol y deshacerse de las hojas secas. Él sabrá si lo hace o sigue rodeado de mediocres que, en otras circunstancias, no servirían ni para cargarle el portafolios.

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