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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

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Si sabían sus culpas ¿por qué priistas hicieron todo por perder?

No hay severidad en juicio sobre abandono a que han sometido a Rosario Robles y a todos los demás

Por Juan Bustillos

Algunos amigos me reclamaron la dureza en el juicio por mi comentario, del domingo, sobre el abandono y olvido a que han sometido a Rosario Robles quienes fueron sus compañeros de gabinete en el sexenio pasado, así como varios gobernadores que si ocurrieron los supuestos desvíos multimillonarios en Sedesol y Sedatu, quizás fueron sus beneficiarios electorales.

Probablemente no les falta razón y me pasé de tueste, pero ninguno contesta cuando pregunto ¿por qué si sabían lo que estaban haciendo en esas dependencias, y en algunas otras, en nombre del PRI o en beneficio de sus carteras y cuentas bancarias, no se preocuparon por ganar en 2018?

No tienen respuesta.

Les comento que ni siquiera pueden aducir, en su beneficio, que los tomó de sorpresa la persecución a que los ha sometido el gobierno de Andrés Manuel López Obrador porque se los anunció, insistentemente, a lo largo de la precampaña y en la campaña.

En cambio, las crónicas dan cuenta de que los priistas, que apenas en 2012 habían recuperado el poder, hicieron hasta lo imposible para perderlo.

Para explicar la derrota se hace hincapié en el proverbial pleito entre Luis Videgaray y Miguel Osorio Chong; hay mucho de verdad, pero, en términos reales, nadie de la nomenklatura está a salvo de responsabilidad.

La derrota estaba cantada, aunque muchos nos tragamos el cuento de lo contrario, servido, convenientemente, por quienes parecían alejados de la realidad o jugaban al engaño.

Si lo último tiene fundamento, como muchos lo creen, es decir, existió una derrota aceptada con mucha anticipación, sigo sin entender por qué se dieron por derrotados de antemano si tenían todo para ganar, entre otras cosas, el poder del Estado y las arcas públicas.

En realidad hubo voces conocedoras del sistema priista que a tiempo se percataron de que algo raro ocurría.

Recuerdo que horas antes de que el PRI perdiera 12 gubernaturas en junio de 2016, Carlos Salinas me preguntó si no habían visto el “tsunami que viene”.

El “habían” se refería a la cúspide política, entiendo yo, y el “tsunami” era López Obrador.

Contesté lo que sabía, lo que escuchaba: Quienes estaban en el poder tenían otros datos.

El ex Presidente sólo meneó la cabeza; tenía sus propios datos. Ese 5 de junio, el PRI fue el prolegómeno de julio de 2018,

Con esta anécdota quiero decir que al menos con dos años de anticipación ya se sabía que la ola vendría implacable y arrasaría con todo, y con todos.

Y nadie hizo nada, salvo alegrarse de que el perdedor formal, Manlio Fabio Beltrones, no disputaría la candidatura presidencial a Videgaray y a Osorio Chong.

Muy al contrario, una vez ocurrida la derrota en las 12 gubernaturas se dio la renuncia del mejor activo del PRI al liderazgo del partido, pero a la ausencia de Beltrones se dio la peor de las respuestas. La responsabilidad histórica se entregó a Enrique Ochoa Reza, que ni militancia tenía.

No se trata de aquí de sacar a relucir todo lo que puede explicar esa derrota histórica del PRI, sino de preguntar ¿por qué si según el Presidente López Obrador le entregaron un gobierno saqueado, nadie de los presuntos responsables hizo un mínimo esfuerzo, el que fuera, por no perder?

¿Quizás llegaron a pensar que Andrés Manuel convocó a una cruzada nacional contra los corruptos para, una vez que 30 millones de mexicanos le compraron la idea, no cumpliera con llevar a la hoguera, por lo menos, a uno o dos?

Cuando el PRI optó por José Antonio Meade para contrarrestar el discurso contra la corrupción ya era tarde. Estaba derrotado quizás desde 2016, o un poco antes.

Lo cierto es que nada hicieron para contenerlo y él lo ha agradecido por lo menos en tres ocasiones.

Las consecuencias están a la vista. La persecución es intensa y Rosario Robles no es la única abandonada. El resto de perseguidos no ha recibido siquiera una llamada telefónica de solidaridad.

Insisto, los priistas del más alto rango, aquellos que apenas dos años atrás no se dignaban a bajar de la nube en que los montó el triunfo de 2012, apenas se enteran ahora de que Santiago Nieto va a comparecer en la mañanera cavan un poco más el agujero en donde meten la cabeza con la esperanza de no ser vistos.

Bajo perfil le llaman. En realidad es pánico porque la cabeza la ocultan, pero la gran cola está a la vista.

Y tienen razón en temer porque, necesariamente, López Obrador necesitará, en 2021, llevar a varios más al quemadero de la inquisición que estaba por el rumbo de la Alameda y para 2024 quizás eche mano de la larga lista que atesora la Unidad de Inteligencia Financiera.

Y sabiendo todo esto aún pregunto a quienes me reclaman la severidad en el juicio sobre el abandono a que han sometido a Rosario y a todos los demás: Si sabían lo que hacían, ¿por qué hicieron todo por perder y nada para contener el tsunami?

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