“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

La utopía de Ochoa Reza: El PRI recuperará la Ciudad de México

Conforme a los resultados de la elección del 5 de junio pasado, Morena se adueñará, en 2018, de la Jefatura de Gobierno, de la mayoría de las delegaciones y, consecuentemente, de la tesorería más jugosa del país

Enrique Ochoa Reza o es un optimista irredento o tiene vocación de titán: Se autoimpuso una misión más titánica aún a  la obligación del PRI de  mantener el control de la Presidencia; quiere recuperar el Gobierno de la  Ciudad de México,  hoy  en manos del PRD y que, conforme a resultados electorales y a las encuestas, en 2018 pasará, de manera irremediable, a las manos de Morena, es decir, de Andrés Manuel López Obrador.

Que el PRI vuelva a gobernar la capital de la República, como ocurrió hasta que Ernesto Zedillo impuso la llamada “Reforma Política definitiva” y Cuauhtémoc Cárdenas, ya convertido en líder de la izquierda, ocupó la oficina que fue de Óscar Villarreal, parece meta utópica  más que una fanfarronada o sueño de un ingenuo político.

Conforme a los resultados de la elección del 5 de junio pasado, Morena se adueñará, en 2018, de la Jefatura de Gobierno, de la mayoría de las delegaciones y, consecuentemente, de la tesorería más jugosa del país.

La realidad es que después del dominio de Beatriz Paredes, que fue 2 veces candidata a jefa de Gobierno y presidenta nacional priísta, y del liderazgo de María de los Ángeles Moreno,  el PRI dejó de existir en la Ciudad de México.

Pero Ochoa Reza, en reunión con los diputados priístas que comandó Francisco Rojas en la LXI Legislatura, dejó claro que una de sus muchas misiones, ordenadas por sus superiores o autoimpuestas, es que la capital de la República vuelva a las manos del PRI en la próxima elección.

¿Cómo? No lo tiene muy claro, pero, por lo pronto, invitó a todos los que quieran trabajar en la Ciudad de México, o a los que hayan realizado trabajo político en la capital republicana, a que se incorporen para conseguir lo que sería un rescate histórico.

Si de pasar de las palabras a los hechos se trata, quizás sería conveniente que el nuevo líder priísta ordene quitar de su oficina la reja de metal que su antecesora, la embajadora en Brasilia, Beatriz Paredes, ordenó construir por temer a que sus oficinas fueran tomadas, por asalto, por su enemigo mortal, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre.

Equivaldría a una señal de que el nuevo líder a nada teme y que hay cabida para todos.

No obstante, para recuperar la Ciudad de México para el PRI, Ochoa Reza necesitará algo más que deseos fervientes y buenas intenciones. El partido fue aniquilado en la capital de la República por  ex priístas, como Cuauhtémoc Cárdenas, Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador, que desertaron porque el Presidente de la República en turno les negó la candidatura presidencial, a ellos o a su jefe, en 2 casos Manuel Camacho.

Un hecho incuestionable es la mentira de que la Ciudad de México sea liberal o de izquierda, como lo afirman Ebrard y el actual jefe de Gobierno, Miguel Mancera, al que no se le conoce ideología.

Desde  Alfredo del Mazo y Jesús Silva Herzog (éste prefería jugar golf a buscar el voto), la capital de la República ha sido feudo de ex priístas.

De hecho,  Rosario Robles,  ex jefa de Gobierno (sustituta del hijo del general Cárdenas), es miembro prominente del equipo del Presidente Peña Nieto y, por si fuera poco, fue responsabilizada, en la última reunión de gabinete, como encargada política del Estado de México. Más aún, ella  debe explicar por qué  la mitad de los delegados de la Sedesol en el país actuaran en contra de los candidatos del PRI en las pasadas elecciones.

Además, su hija, Mariana Moguel, hundió al PRI hasta la  séptima fuerza electoral en la Ciudad de México. Todo un récord Guinness.

Pero más allá de la realidad del PRI en la Ciudad de México, los ex diputados priístas que comandó Rojas abandonaron la reunión del miércoles con buena impresión de su nuevo líder partidista; inclusive, los convenció su respuesta a la interpelación de una ex legisladora sobre su extraña manera de llegar al liderazgo.

Respondió que fueron los medios de comunicación quienes lo criticaron porque cuando quiso ser consejero del INE manifestó no ser miembro del Partido porque era requisito ser apartidista.

Sin embargo, los ex diputados, que ingresaron a la reunión sin teléfonos o grabadoras, como si el encuentro de tratara de una encerrona del gabinete presidencial, dudan de su conocimiento de la realidad partidista por sus comentarios sobre la recuperación del gobierno de la capital de la República.

No obstante, los gustó escuchar que las puertas del CEN están abiertas para ellos, así como la invitación para coadyuvar en la transformación del partido.

“No guarden silencio ni caigan en la omisión de los errores que se cometan”, les dijo. “El PRI –añadió- debe ser ejemplo de combate a la corrupción y debe predicar con el ejemplo, pues de esta manera el partido podrá señalar los errores de los demás”.

Quizás lo más importante de la reunión con los ex diputados, al margen de la utópica recuperación del gobierno de la Ciudad de México, sea su convicción de que el Partido debe encabezar las demandas sociales y la obligación del gobierno de rendir cuentas a los militantes priístas.

Los funcionarios, dijo, deben rendir cuentas a la militancia del ejercicio del gobierno.

IMPACTOS: El Presidente Peña Nieto tiene que soportar que para recuperar credibilidad, los amigos televisos, en especial Bernardo Gómez,  quien maneja la empresa mientras Emilio Azcárraga se distrae con el equipo de futbol América, suelten a sus amanuenses a poner en duda  la legitimidad de su lucha contra la corrupción.