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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

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Convidado de piedra, Arturo Herrera se queda por gratitud

Su gratitud es inmensa, tanta que prefiere su desgaste impresionante a colocar al Presidente en la tesitura de perder a dos secretarios de Hacienda en sólo 13 meses y por las mismas razones.

Por Juan Bustillos

Apenas cumplió seis meses como secretario de Hacienda y Arturo Herrera calcula que quizás para septiembre otro ocupe su lugar como ocurrió a Carlos Urzúa cuando el regiomontano llevaba casi 7 meses en el cargo.

Si no se ha ido por decisión propia y permanece al frente de una dependencia de indiscutido poder hasta que se instaló la Cuarta Transformación, es por gratitud al Presidente y porque aún tiene confianza de que algún día se tome un momento para escucharlo, sin embargo día a día pierde la esperanza y en los hechos está relegado a lo estrecho de su oficina. Es un convidado de piedra. Nadie lo toma en cuenta, ni en Hacienda ni en Pemex.

Su gratitud es inmensa, tanta que prefiere su desgaste impresionante a colocar al Presidente en la tesitura de perder a dos secretarios de Hacienda en sólo 13 meses y por las mismas razones. Las consecuencias serían desastrosas.

A Andrés Manuel debe su crecimiento profesional desde que sustituyó en la Secretaría de Finanzas del Distrito Federal al jugador de Las Vegas, Gustavo Ponce, hasta convertirse en responsable teórico, sólo teórico, de la economía nacional en el primer gobierno de Morena.

Su realidad es que es más débil aún de lo que fue su antecesor, Carlos Urzúa, quien ahora está convertido en un crítico público implacable del Presidente y de sus decisiones en materia económica.

Urzúa es más crítico ahora que cuando lo hacía en privado y lo fue al despedirse de López Obrador por sus “Discrepancias en materia económica … Algunas de ellas porque en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento”, y por la  “inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública”.

Hoy asegura Urzúa que ante el magro crecimiento de la economía (“el consenso, razonable, en este momento rondará el 1 por ciento…”, dice en su colaboración en El Universal), el gobierno, presionado por el gasto “de los nuevos programas sociales y de salud”, probablemente utilice los 135 mil millones de pesos que quedaron de los 260 mil millones del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios después de retirar 125 mil millones el año anterior.

Para consuelo de Herrera, su caso no es único. Por regla general los secretario de Hacienda de México son poderosos … mientras el Presidente de la República así lo desea, ya por confianza, porque los números lo fastidian o no tiene idea de finanzas.

Ahí están las historias de Antonio Ortiz Mena que al convertirse en mandamás del Banco Interamericano de Desarrollo permitió exclamar sardónico a Gustavo Díaz Ordaz: “por fin es presidente de algo”.

Hugo B. Margain lo fue … hasta que una caída del caballo permitió a Luis Echeverría manejar la economía desde Los Pinos, lo que abrió el camino a José López Portillo, el único secretario de Hacienda que ha logrado cruzar sobre su pecho la banda presidencial, con los resultados conocidos.

No pudo emularlo Pedro Aspe Armella para  quien hubo un intento de modificar la Constitución a fin que pudiera ocupar la candidatura vacante de Luis Donaldo Colosio por el magnicidio, pero el PAN se negó aduciendo que el texto fundamental no se reforma para solo un hombre.

José Antonio Meade llegó a candidato, pero la derrota del PRI estaba cantada y nada había que hacer.

Jaime Serra duró menos que Urzúa; ni siquiera pudo celebrar la navidad en su oficina. El “error de diciembre” arrastró con él.

Caso excepcional fue Luis Videgaray. Los cuatro meses que pasó en una oficina en Polanco, estando fuera del gobierno de Enrique Peña Nieto, siguió siendo tan poderoso como cuando despachaba en Hacienda; y lo fue aún más al reintegrarse al gabinete como secretario de Relaciones Exteriores.

Herrera está cada vez más resignado a tener un papel meramente testimonial que estructural. El Presidente lo ha relegado de una u otra forma y él ha contestado con lealtad.

Más que florero es una especie de convidado de piedra en su propia dependencia, al que confrontan constantemente con el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, y por lo general pierde.

La derrota más reciente ante Romo fue la designación de éste como coordinador del Gabinete para el Crecimiento Económico con lo que arrebató a Herrera toda interlocución con los actores relevantes del país en materia económica.

Y la relación internacional está en manos del secretario de Relaciones, Marcelo Ebrard.

En su entorno es conocido que el secretario Herrera ha pensado en seguir los pasos de Urzúa.

No lo hace, como se ha dicho aquí, por lealtad y gratitud, pero no está dispuesto a asumir los costos políticos y sociales que se generen por decisiones de política económica que él no ha tomado y ni siquiera le consultan.

Una de las razone porque quizás septiembre le gustó para marcharse sea no estar dispuesto a ser partícipe en la decisión de utilizar el gasto de 2021 para ganar o mantener posiciones electorales.

Para entonces quizás no sea tan desastroso perder a dos secretarios de Hacienda en casi dos años.

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