miércoles, junio 3, 2020
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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

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El riesgo del hiperpresidencialismo

Por Juan Bustillos

Solo la mente lúcida de Diego Valadés podía definir lo ocurrido en Washington: “El Senado de Estados Unidos no declaró inocente a Trump, lo declaró impune. En el siglo XIX los países latinoamericanos intentaron imitar el sistema presidencialista de EU, sin conseguirlo. Ahora EU calca con éxito el hiperpresidencialismo de América Latina”.

Diego habla con la autoridad que le da haber sido ex procurador general de la República, ex ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y ex director del Instituto de Investigaciones Jurídicas, entre otras muchas cosas de similar importancia, pero en su caso la autoridad no la da el puesto, sino el hombre.

Ignoro qué ejemplos estaban en su mente cuando habló del hiperpresidencialismo de los países de América Latina, pero son tantos que resulta innecesario enumerarlos.

Están a la vista y cada quién está en su derecho de sacar conclusiones, si bien el ex procurador del Distrito Federal, ex abogado general de la UNAM y ex embajador en Guatemala, no hizo señalamientos concretos, simplemente habló de un fenómeno generalizado en el continente.

El hiperpresidencialismo lo vivimos en México en todo su esplendor hasta que don Jesús Reyes Heroles convenció a José López Portillo de sacar a la izquierda de la clandestinidad y darle ingreso al sistema vía el Congreso, primero la Cámara de Diputados.

Ya en tiempos de Carlos Salinas empezó el acotamiento con la presencia de la Corriente Democrática de Cuauhtémoc Cárdenas que tuvo de ideólogo a Porfirio Muñoz Ledo.

El resto es historia. Con Ernesto Zedillo el PRI y el Presidente perdieron el control de la Cámara Baja, después entregó la Presidencia al PAN durante dos sexenios y le tocó acotar al presidencialismo desde el Congreso.

Hoy, paradojas de la historia, un grupo de ex priistas, aliados a la izquierda heredera de Cuauhtémoc y Porfirio, han reinaugurado un hiperpresidencialismo que pensábamos desterrado para siempre, en especial cuando Manlio Fabio Beltrones propuso al Congreso la creación de los gobiernos de coalición, una idea compartida, por cierto, por Diego Valadés.

La reflexión de Diego dará mucho de qué hablar y causará resquemor porque es innegable que el hartazgo de la población entregó el Poder Ejecutivo a Andrés Manuel López Obrador, pero también el Legislativo. Aprovechando esta conjunción, camina a zancadas rumbo a controlar el Judicial y ha anulado en los hechos a los órganos reguladores poblándolos con militantes, más que expertos, en las materias a su custodia. Quedan muy pocos que no estén bajo su influjo; todavía el INE y el INEGI.

Pronto nada habrá que se le resista. Del sistema de contrapesos, fundamentales en una democracia, sólo quedará el recuerdo.

Poco o nada hay que se resista a su voluntad.

No es culpa suya, sino de quienes hicieron lo necesario para entregarle en bandeja todo el poder. Contenerse estará en él y no en sus opositores porque se antoja difícil que en 2021 pierda la mayoría constitucional en la Cámara de Diputados, como esperan algunos que no saben cómo limitar su poder.

El presidencialismo norteamericano, el que nunca pudimos imitar, como dice Valadés, cuenta con un sistema de contrapesos que nada pudo hacer para echar a Trump del poder gracias al dominio republicano en el Senado, a pesar de su culpabilidad en la comisión de delitos como abuso de poder y obstrucción al Congreso para mantenerse en el poder minando a sus contrincantes electorales.

Es por eso que hoy permanece impune, que no inocente, en la Presidencia de Estados Unidos, y se prepara para ser reelecto en noviembre próximo.

Y eso que, comparado con muchos de los mandatarios latinoamericanos, puede ser el de más poder en el mundo, pero no tiene tanto como ellos al interior de su país.

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