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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

La lealtad militar

Por Juan Bustillos

No olvidemos que la Tercera Transformación, la del Apóstol Francisco I Madero, dio paso a dos dictaduras, la de Victoriano Huerta y la dictablanda del PRI.
Hoy, con otros datos y olvidadas las vergüenzas del “culiacanazo”, el severo discurso del general Carlos Demetrio Gaytán Ochoa –“nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados”– y la reiteración del Presidente López Obrador de que no hay riesgo de golpe de Estado, no existe la posibilidad, asumo, de que la 4T devenga en lo que la Tercera.
En este contexto, impresiona la habilidad del general Secretario Cresencio Sandoval para parafrasear el lenguaje presidencial en la reiteración de la lealtad de las Fuerzas Armadas al Presidente López Obrador en la ceremonia conmemorativa de la “Marcha” de los cadetes del Colegio Militar escoltando a Francisco I. Madero.
López Obrador ha dejado de usar en las conferencias mañaneras a Madero, a su hermano Gustavo y a los “fifís” que celebraron el asesinato de ambos, quizás porque consideró que ya chole con lo de los “fifís” y zarandajas por el estilo, pero no por ello deja de ser significativa la celebración.
Lo es por el simbolismo histórico que tiene que ver con la polarización política que vivimos en el inicio de la Cuarta Transformación y porque la “Marcha de la Lealtad” nos remite al remate sangriento que tuvo la Tercera al dar paso a la dictadura de Victoriano Huerta, un general en el que ingenuamente Madero puso toda su confianza.
No hace mucho, una de las figuras de la 4T me mencionaba que la clase media está enojada, pero que no importa pues las abajo de ella son felices dado que al fin están recibiendo algo, no mucho, pero algo y directamente, sin intermediarios. Lo mismo que dice el Presidente.
Verdad o mentira, la mayoría de las encuestas dicen que la popularidad presidencial se mantiene y por momentos está al alza; sin embargo, más allá de los encuestólogos, es cierto que las clases medias, que justificadamente abandonaron a los partidos tradicionales para votar por el candidato de Morena en 2018, empiezan a cuestionarse si hicieron bien o se equivocaron al otorgarle el poder inconmensurable del que goza y que día a día acrecienta a través del Congreso.
Ya el Presidente sabrá qué hace con ese poder que el pueblo sabio le otorgó; de igual manera, en los resultados electorales de 2021 sabremos si cumplió su amenaza de no meter las manos en Morena o si en el momento crucial se decidió a actuar como jefe de su partido, como en su momento lo hicieron todos los Presidentes priistas, con excepción de Ernesto Zedillo y Enrique Peña Nieto.
Pero lo que importa de la conmemoración dominical es la inexistencia de duda en la lealtad que le profesan los jefes de las Fuerzas Armadas.
El redactor del discurso del secretario Sandoval hizo malabares para colocar a los militares en sintonía con el Presidente:
“Las Fuerzas Armadas nos hemos sumado con determinación. Para nosotros el objetivo es claro: lograr la transformación de la vida pública de México a través de desterrar la corrupción, aplicar un nuevo paradigma en materia de paz y de seguridad, garantizar una democracia plena, actuar con honradez, honestidad, justicia y apego a la ley, atender a los más vulnerables sin dejar a nadie atrás, respetar plenamente los derechos humanos y alcanzar el bienestar del pueblo, acciones que están en marcha y con resultados evidentes.
“La confianza que usted ha depositado en las fuerzas armadas para participar en la seguridad pública y en los proyectos y programas prioritarios de su administración es y será correspondida siempre con profesionalismo, honestidad y trabajo constante, pero sobre todo con lealtad inquebrantable. En toda acción que emprenda su gobierno para el progreso y el desarrollo de México, ahí estaremos en las instituciones armadas para acompañarlo”.
En efecto, se trata sólo de lenguaje protocolario, pero contiene algunos puntos discutibles; por ejemplo, la afirmación de los “resultados evidentes” de las acciones en marcha como “aplicar un nuevo paradigma en materia de paz y de seguridad”, por ejemplo.
Caería bien una explicación: ¿cuál es el paradigma y qué resultados ha obtenido?
Ya sabemos la respuesta: el paradigma es abrazos en lugar de balazos y si no paran los asesinatos es porque son herencia del pasado.
Eso si, se entiende el agradecimiento militar por la confianza presidencial en las Fuerzas Armadas para “participar en los programas prioritarios de su administración”. No en balde les entregó la construcción del aeropuerto en Santa Lucía pasando, so pretexto de la seguridad nacional, por encima de la oposición de los pueblos afectados y del disgusto de un buen porcentaje de la población que no tiene pretexto para quejarse pues no acudió a la consulta que decidió dar gusto al Presidente.

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