“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Los Chairos del gabinete

Es cierto, el ambiente en Los Pinos alcanza temperaturas insospechadas, pero algo e inmediato debe hacer el Presidente con su entorno; ya no puede permitirse más autogoles. Los “Chairos” de Andrés Manuel hacen daño, pero los propios les ganan

Juan Ramón Bustillos, a quien a veces le da por ser iconoclasta, me decía 2 días atrás que los asesores hacen peor daño al Presidente Peña Nieto que los “Chairos”, esos personajes de las redes sociales cuyo héroe es Andrés Manuel López Obrador.
Le sobra razón, pero los viejos decían que la culpa no la tiene el indio sino quien lo hace compadre, y a los asesores los hizo compadres el Presidente.
Hoy, por ejemplo, pese a que Peña Nieto dijo a Carlos Marín haber sido él quien tomó la decisión de invitar a dialogar a Donald Trump y que, en consecuencia, asume el costo político mediático, la culpa la carga el secretario Luis Videgaray, entre otras cosas, por un elemental sentido de lealtad, pues al registrar la golpiza que recibía su jefe por escuchar su sugerencia, decidió hacer público que suya fue la idea.
Como todavía soy renuente a montarme en la modernidad del Twitter y Facebook, mi participación es casual en el mundo de las redes sociales; si acaso pongo atención a quienes se toman la molestia de ponerme como lazo de cochino, progenitora incluida, en los comentarios a lo que publico en el portal digital de IMPACTO.
Por eso ignoro la reacción de “Los Chairos” (esas personas que según Pável M. Gaona, de “Chilango”, “con una identidad política de izquierda, un rebelde caricaturizado, bidimensional, a veces desaseado, que porta playeras del Che Guevara y para relajarse recurre a la mariguana o al peyote. ¿Sus héroes? Andrés Manuel López Obrador y más recientemente, Carmen Aristegui…”) a la negativa de Peña Nieto a acudir a rendir homenaje a las cenizas de Juan Gabriel en Bellas Artes.
Vista la madriza que se llevó de manera injusta el colega Nicolás Alvarado por haber publicado en Milenio su poco gusto por la obra de Juanga, imagino la reacción chaira porque el Presidente no se sumó al homenaje al Divo que, dicho sea de paso, componía y cantaba a toda madre.
Pero ¿a qué se habría arriesgado Peña Nieto si hubiese tomado lugar en la cola para decir adiós a las cenizas del ídolo? Por lo menos a una rechifla que habría sido más sonora si el Estado Mayor hubiese usado el derecho a abrir paso al Mandatario.
A los únicos “Chairos” que pongo atención son los del gabinete presidencial.
Juan Ramón me dará la razón a medias si digo que acertó el chairo del gabinete que sopesó el costo beneficio de la ausencia-presencia del Presidente en Bellas Artes y aconsejó la inasistencia.
Pero a cambio le concedo razón en lo que se refiere a la innecesaria exposición de Peña Nieto en su entrevista con el director de Milenio, Carlos Marín.
Dirá Carlos que me brota sangre por la herida porque fue él y no cualquiera de nosotros quien obtuvo la exclusiva. Y no se equivoca, me gana la envidia, pero nada más.
Asegura Marín que la consiguió porque la pidió.
Hace 5 sexenios reclamé a Carlos Salinas por qué dijo a un periodista inglés y no a un mexicano que no buscaría la reelección, y el Presidente contestó que fue porque no se la pedí.
No lo creí entonces como no lo creo ahora. Supongo que un genio del gabinete presidencial sugirió a Peña Nieto puntualizar su de sobra conocida versión en torno a la invitación a Trump, usando los servicios de un periodista agresivo que gusta mostrarse como tal, con la finalidad de no dar lugar a la sospecha de que las preguntas fueron hechas a modo.
Pero el tiro salió por la culata al asesor. Carlos sobre-protagonizó su personaje; hacia el final del encuentro, la molestia de Peña Nieto era inocultable, en especial cuando el periodista le dijo con todas sus palabras que, como millones de mexicanos, no se sintió representado por él en el encuentro con el candidato republicano a presidente de Estados Unidos, lo interrumpió para que no siguiera haciéndole un recuento de su cuarto informe de gobierno, y terminó por aconsejarle una “decente” mentada de madre a Donald.
Ignoro si las expectativas del “Chairo” de Peña Nieto se cumplieron, pero los bonos de Marín crecieron.
En YouTube, Anonymus lo presenta como el periodista que humilló y ridiculizó al Presidente; el video acumulaba anoche decenas de miles de visitas.
Imagino que esta no era la idea del estratega. Diría el gran general Pirro: otra victoria de estas y…
No obstante, para el Presidente hay algo rescatable en la entrevista (para Carlos todo fue ganancia).
Es la mejor evidencia de que, lejos de la suposición generalizada, Peña Nieto no ofrece señales de agobio, pesadumbre o cansancio; no eludió preguntas y tuvo respuesta para todo, incluso cuando parecía acorralado en el debate sobre percepción y realidad.
Pero el episodio pudo terminar peor.
Es cierto, el ambiente en Los Pinos alcanza temperaturas insospechadas, pero algo e inmediato debe hacer el Presidente con su entorno; ya no puede permitirse más autogoles. Los “Chairos” de Andrés Manuel hacen daño, pero los propios les ganan.