miércoles, mayo 27, 2020
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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

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AMLO va por la cuarta transformación mundial

En México tenemos bien identificadas nuestras transformaciones históricas; todo indica que a partir de diciembre estarán tan bien construidos los cimientos de la Cuarta que, aunque después de 2024, ya no estando Andrés Manuel López Obrador en el poder, no habrá poder humano que nos regrese al pasado neoliberal, depredador, corrupto y deshumanizado.

Suficiente para pasar a la historia, pero la ambición es mayor …

Me declaro incapaz de identificar cuántas transformaciones mundiales llevamos. Imagino que una, no se si la primera, debe adjudicarse a Jesús el Cristo; otra, a Martín Lutero; una más, fallida y desastrosa, a Carlos Marx, y la verdad, ignoro si antes o después ocurrieron otras. Por lo pronto quizás vamos por la cuarta.

De lo que no hay duda es que este domingo el Presidente López Obrador aprovechó el vacío de información y su necesidad de llenarlo, para proponer al mundo “reconvertir” los organismos económicos y financieros internacionales.

En el acostumbrado video que los domingos sube a redes sociales para suplir de alguna manera su conferencia mañanera, de la que dice ya estar encariñado, y los discursos que pronuncia en sus giras por todo el país, interrumpidas temporalmente por culpa del coronavirus, propuso que los que organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, la OCDE y hasta el G-20, se conviertan en verdaderos promotores de la cooperación para el desarrollo y el bienestar de los pueblos y las naciones.

Se trata, reportó IMPACTO, de hacer a un lado el enfoque mercantilista, individualista y de poca solidaridad predominante en esas instituciones durante las últimas cuatro décadas.

Su propuesta es muy ambiciosa:

“Procurar que las ideas y las acciones de los gobiernos de los países del mundo se guíen por principios humanitarios, más que por intereses económicos, personales, de grupos o de potencias, por legítimos que sean.

“No a la violencia ni a las guerras de ninguna índole, no al predominio de grupos de presión o intereses creados, no a la desigualdad, al racismo, a las dictaduras; sí a la paz, a la justicia, a la igualdad, a la libertad, a la democracia y el bienestar”.

No es el primer mexicano que intenta cambiar al mundo.

En abril de 1972, en el tercer periodo de sesiones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, celebrado en Santiago de Chile, Luis Echeverría ¿quién más? habló de la Carta de derechos y deberes económicos de los Estados.

Después de ser discutida durante dos años, el 12 de diciembre de 1974, en el aniversario de las apariciones de Guadalupe, la Morena mexicana –¡vaya coincidencia!—, la resolución sobre Carta de Echeverría fue aprobada por 115 votos a favor, 6 en contra y 10 abstenciones.

Echeverría tenía las mejores intenciones del mundo y sin duda su aportación lo transformó, como lo podemos comprobar a diario.

Al azar selecciono uno de sus artículos para acentuar lo histórico de su aportación:

Artículo 18.- “Los países desarrollados deben aplicar, mejorar y ampliar el sistema de preferencias arancelarias generalizadas, no recíprocas y no discriminatorias, a los países en desarrollo de conformidad con las conclusiones convenidas pertinentes y decisiones pertinentes aprobadas al respecto dentro del marco de las organizaciones internacionales competentes. Asimismo, los países desarrollados deben estudiar seriamente la sensibilidad de adoptar otras medidas diferenciales, en las esferas en que ello sea factible y apropiado y de manera que se dé a los países en desarrollo un trato especial y más favorable a fin de satisfacer sus necesidades en materia de comercio y desarrollo. En sus relaciones económicas internacionales los países desarrollados tratarán de evitar toda medida que tenga un afecto negativo sobre el desarrollo de las economías nacionales de los países en desarrollo y que haya sido promovido por las preferencias arancelarias generalizadas y por otras medidas diferenciales generalmente convenidas en su favor”.

Nuestro embajador en la ONU en esa época, José Alfonso Eufemio Nicolás de Jesús García Robles, obtuvo el Premio Nobel de la Paz, que compartió con la diplomática sueca Alva Reimer Myrdal, pero no por la Carta de Echeverría que ya nadie recuerda, sino por su labor en las negociaciones de desarme de las Naciones Unidas.

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