Inicio > Columnas > “Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Spread the love

AMLO no entiende que nadie quiere que fracase

Por Juan Bustillos

El Presidente no entiende o no quiere entender que excepto sus adversarios imaginarios, esos diabólicos conservadores y neoliberales que conspiran en su imaginación para empujar a la Cuarta Transformación al abismo, y con los que se enfrenta mañana a mañana en la conferencia de prensa, nadie desea su fracaso porque a nadie conviene que le ocurra.

También debe entender que nadie espera adelante la consulta al pueblo para decidir si se queda o se va, pues en todo caso este movimiento de ajedrez pleno de dramatismo, más que una oportunidad a sus malquerientes para expresar su descontento, sería una inteligente maniobra para afianzar un mandato que, hasta hoy, sólo ha sufrido la mella natural que conlleva el ejercicio del poder, un fenómeno normal del que ni él puede librarse.

Si por mera casualidad, López Obrador perdiera en la consulta sobre la revocación de mandato, la decisión del pueblo sabio sumiría al país en una crisis política por la falta de liderazgos políticos y sociales, incluso en el partido gobernante y entre los colaboradores presidenciales, y por la polarización existente en la población.

Es de rutina prever que desembocaría en el indeseable golpe de Estado al que tanto invoca cuando busca unidad en torno a su figura, con el agravante que los beneficiarios no serían los alto mandos de hoy, sino algunos del pasado, ellos sí descontentos con el régimen porque están fuera del negocio de la gran constructora en que se han convertido las Fuerzas Armadas.

Asombra que sobre los problemas que aquejan al país –los más graves de hoy, coronavirus y caída del precio del petróleo, ajenos, hay que decirlo, a sus decisiones personales, pero no por ello menos peligrosos–, a López Obrador sólo le preocupe si los periódicos Reforma, El Universal o el Financiero cucharean las encuestas que coinciden en señalar que su popularidad camina hacia la baja.

Aún concediendo sin aceptarlo que lo hagan, es probable que López Obrador aún no entienda que fue electo porque el pueblo se hartó de la complicidad del PRI con el PAN y el PRD y, desde luego, por su popularidad personal, pero no para acrecentarla, sino para gobernar y continuar interpretando las demandas populares.

Sin embargo, por más que le caliente, no parece haber mucha diferencia en la concepción pasada de gobernar con la actual: al igual que antes del neoliberalismo y en el auge y caída de este, se sigue confundiendo el pensamiento del gobernante con el del gobernado.

Para decirlo sin recovecos, López Obrador parte del supuesto de que lo que se le viene a la mente es verdad absoluta y, en consecuencia, la única ley válida.

Y no hay poder que lo haga cambiar de opinión, ni siquiera la de sus más cercanos y la de los muy pocos en quienes confía.

Vaya, ni siquiera el encargado de las finanzas nacionales, el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, tiene voz en su materia. Como en los tiempos de Luis Echeverría, desde Palacio Nacional se manejan las finanzas y todo lo demás. Los colaboradores, que fueron designados y no electos por el pueblo, sólo están para cumplir órdenes, no para opinar y tener pensamiento propio.

Vivimos el gobierno de un solo hombre que lo ejerce desde el púlpito de la mañanera, en la que todo está armado para incrementar la popularidad presidencial, y desde ahí, en cada ocasión que quiere, sigue hablando de supuestos golpes de Estado.

Y es por ello, que se ven fantasmas en donde no existen, como el de La Niña de Palacio.
No hay ángulo posible desde el que se pueda calificar como episodios de una conspiración en contra del Presidente a la movilización femenina del domingo y al paro laboral y social del lunes, el mayor que el país haya experimentado en su historia.

Sí fueron, en cambio, movimientos para llamar su atención sobre un problema al que no se puede enfrentar con abrazos y perdones hipócritas, como lo recomendó en la mañanera a una compañera periodista que sufrió amenazas de un pelafustán dotado de gafete de reportero para servir de alfombra al Presidente.

%d bloggers like this: