“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Cruz, Cruz, que se vaya el diablo …

Con una imagen religiosa en cada mano preguntó a los reporteros que asistieron a la mañanera si saben lo que es el “detente”; no esperó respuesta; la dio él: “Detente, enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”.

Por Juan Bustillos

Cuando sólo queda Dios como último recurso llegó el momento de hincarse y pedir al Creador que detenga al enemigo.

Por segunda ocasión en un año y un mes, este miércoles por la mañana el Presidente López Obrador sacó de su cartera los escapularios y el billete de dos dólares (el trébol de 4 hojas no lo encontró), con los que el 19 de febrero de 2019 sorprendió a los paisanos de El Chapo en su visita a Badiraguato.

Aquel febrero de 1919 hizo referencia a los escapularios, al billete norteamericano y al trébol para explicar por qué llegaba sin temores a la tierra del jefe del cartel de Sinaloa que era enjuiciado en una Corte de Nueva York; este miércoles mostró los mismos amuletos (“mis guardaespaldas”, los llamó) al referirse a la pandemia del coronavirus.
Con una imagen religiosa en cada mano preguntó a los reporteros que asistieron a la mañanera si saben lo que es el “detente”. No esperó respuesta; la dio él: “Detente, enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”.

La escena, magistralmente planeada e interpretada, tocó sin duda el nervio religioso del pueblo mexicano que con pánico sigue paso a paso lo que ocurre en las naciones en donde no se tomaron a tiempo las medidas de contención del virus.

Ignoro si la intención presidencial de invocar el corazón de Jesucristo cuando estábamos a punto de ingresar a la fase dos de la pandemia (ya llevamos 118) y ocurrirán los contagios masivos y empezarán a registrarse decesos, fue crear conciencia de que sólo nos queda encomendarnos a Dios porque el Estado no podrá hacer nada mejor que mantener la atención del gran público en el horario estelar de los medios de comunicación que todas las noches acapara el doctor Hugo López Gatell.

Tengo la seguridad que no fue la intención presidencial decirnos que sólo nos queda el recurso de un milagro porque, conforme al artículo 73 constitucional, él todavía puede y debe convocar al Consejo de Salubridad y confiar la conducción de la batalla contra la pandemia a quien tenga las agallas, la experiencia y el conocimiento para enfrentar una guerra como la que está a la vuelta del calendario, y no padezca del autismo del doctor Jorge Alcocer y el enciclopedismo y disposición de López Gatell para decir lo que el Presidente quiere escuchar.

Recemos porque en los momentos cruentos no se nos aconseje, como en la infancia ante el peligro: hacer la señal de la cruz con los dedos y repetir una y otra vez “Cruz, Cruz, que se vaya el diablo y venga Jesús”.

Sí, debemos encomendarnos a Dios, pero que el Presidente instale ya el Consejo de Salubridad y lo integre con profesionales que no tengan temor de decirle la verdad.