“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Anaya y el oportunismo en tiempos de coronavirus

Por IMPACTO Redacción

No dudo de la sinceridad de Ricardo Anaya, pero es irremediable sospechar que su instinto político lo llevó a leer que la crisis pandémica y económica que vive el país le brinda la oportunidad de relanzar su dañada imagen política, bajo el supuesto de que puede ser el líder que amplios sectores de la población esperan para oponerse de manera organizada al Presidente López Obrador.

Veo una y otra vez el video de cinco minutos que subió a las redes sociales para ofrecernos una explicación detallada de cómo debemos conducirnos los mexicanos en este tiempo de crisis, y me pregunto por qué en la campaña presidencial ocultó ese otro yo convincente que hoy exhibe.

El del video se parece un tanto a aquel joven maravilla que en la Cámara de Diputados deslumbró ayudando a Enrique Peña Nieto, vía alianza con Luis Videgaray, a aprobar las reformas paridas por el Pacto por México, pero todos sabemos que en esa imagen de bien cuidada frescura subyace el ambicioso político que consiguió disputar la Presidencia transitando por un camino de traiciones a quienes lo hicieron crecer en su partido y a quienes desde Los Pinos ayudaron a fabricarlo para la competencia nacional.
Confieso, el largo discurso en redes sociales del ex dirigente nacional y ex candidato presidencial del PAN casi me convence, pero ¿cómo olvidar las referencias a su verdadera personalidad con quienes platiqué antes que emprendieran su camino al exilio?

Si no hubiese caminado sobre Gustavo Madero, Margarita Zavala y muchos otros panistas para correr hasta donde llegó; si no hubiese traicionado las alianzas forjadas en lo oscurito con el grupo gobernante del sexenio pasado y, si no hubiese puesto en riesgo jurídico a sus familiares, creería en la sinceridad de su mensaje dominguero, pero en este caso el hubiera es insoslayable.

Su muy bien leído mensaje lo delata.
Dice que no son tiempos de política y su irrupción para expresar solidaridad no es otra cosa que politiquería barata.

Afirma que “no son tiempos para dividir, o polarizar, sino para unir (y que) no es momento de pleitos entre políticos”, y su reaparición no conseguirá otra cosa que dividir y polarizar.

Subraya que tampoco “.. se trata de pelar con el Presidente o con nuestros líderes democráticamente electos…”, pero en la misma frase exige seriedad a López Obrador.

Sería absurdo negar su derecho a decir lo que le venga en gana y a aprovechar, una vez más, las oportunidades que se le presenten. Esta le parece invaluable porque el tsunami de 2018 barrió con la clase política priista y panista y los descontentos con la Cuarta Transformación que, conforme a los encuestadores, día a día crecen en número, ahí lo tienen intentando convencerlos que puede ser su mesías.

Allá ellos si le creen.