miércoles, julio 8, 2020
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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

En tiempos de pandemia, el gobierno confunde a la población

Por Juan Bustillos

La esposa del Presidente López Obrador, Beatriz Gutiérrez Muller, recién lamentó que todos nos estemos volviendo epidemiólogos, en referencia a que los usuarios de las redes sociales y quienes gozan de un espacio libre en los medios de comunicación, tenemos la solución y emitimos todo tipo de opiniones, por lo general en contra de lo que hace o dice la autoridad.

A esta razón quizás obedezca, eso lo digo yo, a que la mayoría de las encuestas coincidan en que la popularidad del Presidente, el bien que le es más valioso, esté en plena caída. En algunas alcanza ya niveles por abajo del 50 por ciento, cuando apenas hace unos meses seguía casi en los mismos del inicio del sexenio.

Y no le falta razón a doña Beatriz.

Quizás el último caso, el más relevante por la importancia pública de quien emitió su opinión, sea el de Ricardo Salinas Pliego que reunió a los directivos de sus múltiples empresas para hablar del tema.

Como lo informó Impacto, antes que Tv Azteca, criticó “La decisión que están tomando todos los gobiernos del mundo, incluido el nuestro, de suspender drásticamente toda la actividad económica de frenar la marcha normal de un país y mandar a todos los trabajadores a sus casas para evitar contagio, no producirán nada positivo sino un resultado seguro: crisis y desesperación para millones de personas y de eso sí tenemos que preocuparnos”.

Explicó “que si la mayoría de la población deja de generar ingresos hoy, simplemente mañana no tiene que comer; como tampoco tendrán que comer muchos que hayan tenido que aguantar la cuarentena y que al regresar encuentren empresas quebradas, empresas cerradas, empresas que no existen más.

“Paralizar toda la actividad económica de tajo significa hambre y por lo tanto dentro de poco tiempo se desatará la delincuencia, la rapiña y el caos porque resulta que el estómago no sabe esperar”.

Incluso propuso regresar a los niños y jóvenes a las escuelas porque en casa serán contagiados por los adultos mayores y porque sus padres se verán obligados a dejar de laborar porque deben paralizar sus actividades productivas para cuidarlos.

Salinas Pliego habló en consonancia con los dichos más recientes del Presidente; en su gira por Oaxaca colgó un video en las redes sociales en el que, en un restaurante típico, invitaba a los mexicanos a no encerrarse, a seguir acudiendo a taquerías, fondas, etcétera, y en una de sus mañaneras insistía en no tener miedo, salir a la calle y no paralizar la economía.

Sin embargo, por la tarde del miércoles, el comandante en jefe de la guerra contra la pandemia, Hugo López Gatell, anunció la paralización del gobierno federal, excepto en sus áreas esenciales; sólo trabajarán los mandos superiores y a quienes ellos seleccionen en razón de la importancia de sus labores.

Un día antes, se había decretado que mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, así como enfermos crónicos y adultos mayores de 65 años, tanto del sector público como del privado deberían quedarse en casa para romper la cadena del contagio, sin que esto afectara sus salarios ni prestaciones.

El fin de semana anterior, el gobierno atizó la confusión. La filtración de un “muy” preliminar documento de trabajo que firmarían los secretarios de Salud, Jorge Alcocer, y la titular de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, que ya contenía lo que el martes y miércoles López Gatell hizo oficial, fue desmentido por Sandoval que publicó sus propias reglas.

Pero de pronto, algo ya no encajó en la narrativa oficial que la estrategia cambio abruptamente. Con seguridad los números a que tiene acceso la autoridad son diferentes a los que se manejan por las mañanas y las noches en las conferencias en Palacio Nacional, y ahora se siente obligada a ser más realista.
Hay que decir, que antes que el gobierno federal, algunos gobiernos estatales y las instituciones de educación superior tomaron sus propias medidas para romper la cadena del contagio.

Tal vez el último epidemiólogo sea el gobernador Miguel Barbosa, convertido en la celebridad del momento por su revelación de que el coronavirus sólo afecta a los ricos y no a los pobres.

Es probable que su información científica tenga que ver con que los casos más sonados de contagio nos llegaron de Vail, a donde acuden a esquiar los ricos de México, y de Europa, concretamente Italia, en donde es muy caro vacacionar.

Antes que él, el doctor Sarbelio Moreno, que labora en el Hospital de México, aventuró la hipótesis de que estamos en mejor situación que el resto del mundo en razón a que en 2009 la pandemia de la influenza A-H1N1, conocida como “porcina” y luego como “humana”, generó anticuerpos en quienes eran niños entonces y en quienes ya éramos adultos.

Quizás a causa de esta convicción sea que el Presidente de vez en vez se refiere a que nuestra “cultura” nos blinda ante el Covid-19.

Y para que no olvidemos, muy en el principio hasta el doctor López Gatell habló de la conveniencia de que el Presidente sufriera contagio porque así quedaría inmune.

Algo similar pensaba el primer ministro de Inglaterra, Boris Johnson, que pensaba que si los ingleses se contagiaban quedarían inmunes. Pero la realidad se le echó encima y lo está aplastando.

Lo cierto es que mientras los supuestamente verdaderos expertos, los políticos y personajes influyentes como Salinas Pliego confunden a la población con sus opiniones, la población empezó por su cuenta a tomar precauciones, demostrando una vez más la escasa confianza que tienen en quienes dirigen al país. Las ciudades están desiertas, el movimiento es mínimo, la economía está haciendo agua, la autoridad protege a las clases desfavorecidas y abandona a las medias.

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