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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

¿Lesa traición de Monreal dar voz al CCE y a la Coparmex?

Por Juan Bustillos

Convencido de que en tiempos de crisis los extremos no sirven, Ricardo Monreal protagoniza un juego que podría ser peligroso para su futuro político, dependiendo si juega por la libre o se mueva atendiendo las instrucciones de su manejador.

Sabiendo que al menos cada 10 días se reúne con el Presidente López Obrador se antoja difícil suponer que algunos de sus movimientos no son platicados con quien considera religión la disciplina de grupo y pecado capital moverse sin su autorización.

Pero a quienes lo hemos observado desde mucho antes que diera el paso decisivo que lo llevó a gobernar Zacatecas cuando el PRI frustró sus aspiraciones y, más recientemente, a reclamar un escaño y obtener además la coordinación de los senadores de Morena al serle negada la candidatura a jefe de Gobierno de la Ciudad de México, no nos extrañaría que en esta ocasión también jugara por inspiración a sabiendas que tiene que hacerlo al límite para no rezagarse de Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum.

En un movimiento inesperado, el coordinador de los senadores de Morena se brincó la tranca por inspiración y decisión propia o le ordenaron moverse con rapidez para evitar que el oficialismo se quede sin puentes con las cúpulas empresariales a las que el Presidente López Obrador mantiene en la congeladora, sin descontar que las ha exhibido como una especie de hienas dispuestas a aprovechar la crisis causada por la Covid-19 para hartarse como quienes lo hicieron con el Fobaproa.

En estos tiempos podría considerarse lesa traición que sin línea hubiese dado voz, en su calidad de presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Senadores, a dos apestados de la Cuarta Transformación: Gustavo de Hoyos, de la Coparmex, y a Carlos Salazar Lomelí, del Consejo Coordinador Empresarial.

La videoconferencia con los coordinadores de las fuerzas políticas que confluyen en el Senado, sirvió para que por enésima ocasión Salazar Lomelí repitiera que el Presidente López Obrador leyó mal o no entendió la propuesta de la iniciativa privada para proteger a las familias y estimular el regreso de la planta productiva.

Puntualizó: “En ninguna de las 68 recomendaciones (del CCE) se habló de rescatar a una empresa, de usar recursos que se pudieran convertir en fobaproas o para soportar pérdidas de alguna compañía o del CCE”.

Pero lo realmente importante es que Monreal se atreviera a recomendar sensibilidad y responsabilidad no sólo a empresarios y banqueros, sino al gobierno y al SAT.

Puntualmente dijo algo que debió sonar a anatema en el púlpito de Palacio Nacional: “Durante la etapa de contención de la pandemia, la importancia de los empresarios, de los generadores de empleos, es más importante y evidente que nunca. De su responsabilidad, conciencia y sensibilidad depende que el número de personas contagiadas en México no alcance niveles exponenciales”, pero, el pero que quizás lo persiga: “también, de la sensibilidad de los bancos, e incluso del Gobierno y del SAT, que tendrán que actuar con sensibilidad y con corresponsabilidad”.

Y por si fuera poco, sentenció que “cualquier exceso” puede perjudicar a la nación.

Muy bonita como para ser verdad tanta independencia, pero es muy probable que lo sea.

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