Inicio > Columnas > “Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

La clase media calienta inicio de nueva normalidad

Por Juan Bustillos

 

La polarización política del país crece día a día, de suerte tal que la nueva normalidad podría tornarse en infierno y no sólo por culpa del coronavirus y la crisis económica.

Se ha vuelto costumbre que cuando Andrés Manuel López Obrador está en “La Chingada” (su finca familiar en Palenque, Chiapas) el fantasma del golpismo le quite el sueño.

En días de muertos de noviembre del año anterior, cuando el coronavirus se alistaba a atacar, sintió necesidad de referirse al rumor sobre el golpismo desatado por un discurso inusual del general de División retirado Carlos Gaytán Ochoa, pronunciado ante sus pares y los altos mandos militares.

Este domingo, listo a iniciar la gira esencial por el sureste se cobijó a la sombra de la gran ceiba hogareña para recordar por segunda ocasión en lo que va del año a José Alfredo Jiménez (la anterior fue el 17 de febrero) y decirnos que si el pueblo ya no lo quiere regresará al solar familiar a llorar su pena.

Y todo porque la campaña por el 2021 (casi 4 mil puestos de elección popular entre diputados federales y locales, gobernadores y presidentes municipales), empezó con el sonoro “¡Ya basta!” sabatino de representantes de las clases medias (la acomodada pronto encontró la manera de acomodarse más, como cada sexenio) manifestándose en sus automóviles, que dio paso a la previsible reacción presidencial: “no coman ansias”, si la oposición “neoliberal y corrupta”, los periodistas y los seudo intelectuales quieren “que me vaya”, acudan a votar la revocación de mandato en el 2022.

Los episodios del sábado y domingo son apenas esbozo de lo que vivirán los sobrevivientes a la epidemia y a la crisis económica, por el enfrentamiento entre López Obrador y sus adversarios, estos por restarle poder en 2021 y el Presidente por incrementar la presencia de Morena en las entidades federativas y mantener el control de la Cámara de Diputados, condición sine quanon para que no peligre la cimentación constitucional de la Cuarta Transformación.

La oposición partidista ofrece la apariencia de inexistencia, quizás porque es la realidad, pero el peligro es otro: sin duda el Presidente ha perdido a un buen sector de las clases medias que en 2018 le ayudaron a sacar al PRI de Los Pinos y acorralar al PAN y al PRD.

Las manifestaciones de la clase media contra López Obrador en el sexenio, empezaron con pena y sin gloria. El pretexto de la primera fue la cancelación del NAIM vía una consulta popular; le siguió la 1 de septiembre por su primer informe de gobierno.

Pero el 1 de diciembre, al cumplirse un año su toma de posesión, la multitud creció, aunque la contabilidad oficial la desdeñó.

En marzo vino la multitudinaria de las mujeres, seguida de un paro nacional por un día, con una causa legítima que López Obrador contaminó al afirmar que fue manipulada por neoliberales y conservadores.

La del sábado constituyó una sorpresa porque, a bordo de sus automóviles para salvaguardarse de la posibilidad de sufrir contagios, unas 200 mil personas ganaron la calle en las más importantes ciudades el país.

Esta circunstancia (el uso de automóviles) permitió a las huestes de AMLO en redes sociales cebarse en los manifestantes. En uso del caló presidencial la calificaron de “fifí”, sin embargo, este fue el que detalle prendió la alarma entre los amlistas inteligentes, como el coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal.

La movilización sabatina fue antecedida por una intensa campaña en redes sociales y en medios escritos y electrónicos abordando el tema que sirvió de consigna a los manifestantes: dimisión presidencial.

Pero, a diferencia del rumor sobre el supuesto golpismo desatado en octubre y noviembre por el discurso de Gaytán Ochoa que involucraría a militares, los abordantes de la necesidad de destituir a AMLO se cuidaron de no hablar de violencia, sino de aprovechar las elecciones del 2021 y la de 2022 cuando se ponga a votación la revocación de su mandato.

Y por eso la respuesta presidencial desde Palenque: “no coman ansias”.

Ya lo había dicho Carlos Salazar Lomelí a los afiliados del Consejo Coordinador Empresarial que hablaron de lo mismo en videoconferencia en el contexto del pleito entre el gobierno y los empresarios por la falta de apoyos para superar la crisis: esperen a 2022 y si reúnen 30 millones de votos, entonces.

Habrá que ver si quienes quieren la destitución del Presidente acuden en 2022 a las urnas o se comportan como quienes despotricaban en su contra por la cancelación de las obras del NAIM y cuando vino la consulta popular se quedaron en casa y no fueron a votar.

Por lo pronto, con la clase media más encabronada, la nueva normalidad inicia calientita.

Y el Presidente en su elemento, en campaña.

%d bloggers like this: