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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Desventaja de fifís, corruptos y conservadores en concurso de insultos

Por Juan Bustillos

 

Contra lo que suele afirmar, el Presidente López Obrador tiene la piel muy sensible; dice que no, pero todo lo que no es halago o lisonja le duele y se nota.

No es la primera ocasión que se queja de la existencia de un concurso para insultarlo, en el que competirían quienes se afana en exhibirse léperos y groseros con él, si bien no especifica quiénes participan, tampoco si son convocados por el BOA, cualquier otro sospechoso de ser desestabilizador o se trata de espontáneos.

Como no soy asiduo a las redes sociales poco puedo decir de lo que en ese mundo paralelo ocurre, sin embargo, por whatsapp suelo recibir buena cantidad de memes elaborados por quienes aprovechan su folclorismo. En efecto, algunos rayan en el insulto, otros sólo son divertidos.

No ocurre en la prensa escrita y electrónica; por lo general los periodistas e intelectuales lo enfrentan con argumentos y, aunque también usan adjetivos, difícilmente puede señalarlos como groseros.

Tampoco la escasa oposición partidista que tiene, en especial la panista, puede ser calificada de lépera o grosera. Ni siquiera el doble reclamo airado que le ha hecho en sendas cartas su amigo de otros tiempos, Dante Delgado, líder de Movimiento Ciudadano.

Lo que ocurre es que al Presidente, que se la pasa hablando de respeto a la libertad de expresión, la pretende unificada, pero a su favor.

Nada dice, sin embargo, de su costumbre consuetudinaria de, a la menor provocación, calificar como corruptos, neoliberales, conservadores, neoporfiristas y fifís a medios de comunicación y periodistas, y como minoría rapaz a quienes se le oponen de la clase empresarial.

Es curioso que se refiera a la prensa y a los periodistas como corruptos y hasta hoy no haya iniciado acción jurídica contra alguno. También lo es que la “minoría rapaz” cada vez está más cerca suya.

De existir un concurso de insultos, sin duda van ganando él mismo, los “reporteros” como Lord Molécula que en las mañaneras le dan pie para soltar la andanada de epítetos contra los medios de comunicación y los periodistas, así como sus seguidores, “orgánicos” o bots, que en las redes sociales le hacen el juego llegando a extremos amenazadores.

En ocasiones son divertidos, como el video que lo muestra ante un reducido auditorio de sus leales enviando a los conservadores a Palenque, es decir, a la Chingada, como se llama su rancho chiapaneco.

Como los medios convencionales hemos perdido terreno poco se puede competir con el volumen que López Obrador alcanza desde el tribunal de la Inquisición que ha instaurado en el Salón Panamericano en Palacio Nacional.

Los descontones que asesta a medios y periodistas en lo particular son reproducidos por la señal oficial de los medios públicos y por las “benditas” redes sociales que le siguen siendo fieles.

Como un Savonarola moderno, el Presidente señala con su índice flamígero y poco o nada se puede hacer contra quien es la encarnación de la moral y tiene la misión divina de desterrar la corrupción.

Quien se atreve a disentir, tenga la razón o no, correrá la suerte de no ser encerrado en los “sótanos del poder” porque oficialmente ya no existen, y en lugar de ser llevado al quemadero en el que la Santa Inquisición realizaba su obra depuradora, cerca de la Iglesia de San Hipólito, en donde hoy se venera a San Judas Tadeo (en el cruce de las avenidas Hidalgo y Reforma en el centro de la Ciudad de México), su nombre será proclamado como corrupto desde el púlpito mayor del Palacio Nacional hasta el último rincón del país.

En cambio, el alcance de lo que digan los inscritos en el supuesto concurso para denostarlo para insultarlo con majaderías y leperadas no llegan más allá de donde aún circula el papel en que son impresas las columnas políticas, en los portales electrónicos y los hilos de twitter en los que, como decía Roberto Blanco Moheno, el club de tú me lees y yo te leo.

Si hubiese concurso de denuestos, no hay comparación en el volumen entre unos y otros.