“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

¿Y las pruebas de corrupción de AMLO y Duarte?

No hay razón para que el líder de Morena reaccione como si la policía lo estuviera esperando a la vuelta de la esquina

Por Juan Bustillos

 

 

No es obsesión, pero como Andrés Manuel López Obrador es quien fija la agenda política en México, es necesario volver a él una y otra vez.

Ni él ni sus más acérrimos colaboradores pueden negar que lo puso nervioso la captura de Javier Duarte, al grado de que se dedicó a rogar, por aquí y allá, que nadie crea en quienes utilizan, o utilizarán, al ex gobernador veracruzano en contra suya, que es un chivo expiatorio, que él, Andrés Manuel, es un monumento a la honradez, etcétera.

Insisto: En los últimos 16 años nunca lo había visto acorralado, defendiéndose, cuando lo suyo es atacar; no lo hizo ni siquiera en tiempos que todo indicaba que no se levantaría de la difusión del video que mostraba a su ex secretario particular y ex coordinador de su campaña como candidato a jefe de Gobierno del Distrito Federal, René Bejarano, echándose a la bolsa los billetes y las ligas de Carlos Ahumada; tampoco cuando su entonces tesorero en el gobierno capitalino fue grabado, en un casino de Las Vegas, jugando el dinero de no sé quién.

Pero apenas el ex gobernador de Veracruz cayó en manos de la policía guatemalteca y de los elementos de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, AMLO reaccionó de manera irracional. Insisto: No lo hizo igual ni siquiera cuando el general Rafael Macedo de la Concha consiguió su desafuero como jefe de Gobierno con una argumentación jurídica impecable.

Pero, hoy, su reacción histérica, dirían los psicólogos, arranca sospechas, pues el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, ha dicho que Morena, el partido de López Obrador, recibió recursos millonarios del gobierno de Duarte.

Yunes retomó el tema apenas su antecesor cayó en prisión, pero, para ser justos, más allá de la consabida historia de que algunos ejidatarios relacionado con Morena recibían 2 millones 500 mil pesos mensuales para no cumplir su amenaza de dejar sin agua a Coatzacoalcos, no aportó prueba alguna de que el partido de López Obrador recibiera dinero de Duarte.

Dijo, sí, que una cuñada de Andrés Manuel, Carol Jessica Moreno Torres, trabaja como Oficial Mayor en el sector educativo veracruzano y que maneja miles de millones de pesos, pero no aportó pruebas de que la esposa de su hermano le diera dinero destinado a la educación de los niños y jóvenes veracruzanos.

En febrero pasado, Yunes difundió un audio en el que Duarte dice a su interlocutor que “vamos a aliarnos un poquito con Morena”; eran tiempos en que Yunes competía contra el candidato de Morena, Cuitláhuac García.

Pero nada más. Ni una prueba ni un dato concreto que justifique la histérica reacción de Andrés Manuel.

El líder de Morena ha hecho de su real o supuesta honestidad el único mérito en su pretensión de gobernar a México; en sus tiempos de jefe de Gobierno chilango hablaba de “honestidad valiente”; lo sigue haciendo. En contrario, sus contrincantes políticos le exigen revelar de dónde saca el dinero con que vive si no se le conoce trabajo productivo.

Yunes dice que recibía dinero del gran saqueador, que, como todo lo indica, fue Duarte; de ser verdad, lo convertiría en cómplice. No obstante, lo cierto es que hasta hoy se trata de puras habladas. El gobernador de Veracruz no ha ofrecido una sola prueba y su antecesor aún no lo implica.

Es decir, no hay razón para que Andrés Manuel reaccione como si la policía lo estuviera esperando a la vuelta de la esquina.

Dicen que quien nada debe nada teme, y, hasta hoy, los señalamientos en su contra son sólo habladas de Miguel Ángel. Si el gobernador tiene pruebas, está desaprovechando el reto de Andrés Manuel de renunciar a la política si le comprueba que fue beneficiario de Duarte.