“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Para Beltrones, coalición; ni cuates ni cuotas

Poseedores de capacidad constitucional de iniciar leyes no parecen tener la urgencia de Manlio por evitar la colisión apocalíptica a la que nos dirigimos

Por Juan Bustillos

El futuro del poder está en la Cámara de Diputados; puede parecer poco, pero no lo es si se toma en cuenta que los legisladores se podrán reelegir hasta sumar 12 años de servicio legislativo continuo. Esto hará más preciadas las candidaturas plurinominales.

Una de las frases favoritas de Manlio Fabio Beltrones para zarandear a Felipe Calderón rezaba en el sentido de que su gobierno era de “cuates y cuotas”; éstas últimas serían las posiciones que tuvieron, por ejemplo, los allegados de Elba Esther Gordillo. Por cierto, éstos pagaron a la Profesora como ya se sabe que lo hacen quienes huyen apenas su benefactor cae en desgracia.

En el foro Gobierno de Coalición en la Ciudad de México, organizado por la Asamblea Legislativa, el ex Presidente del PRI recordó aquellos tiempos: “Ya tuvimos épocas en las cuales las cuotas y los cuates fueron aquellos que se hicieron evidentes e indispensables en alguna administración”.

Y para que “nunca más (el gobierno sea) una escuela de aprendices” es que apoya los gobiernos de coalición, su última iniciativa como coordinador de los senadores priistas cuando buscaba la candidatura presidencial del PRI.

En aquel entonces, septiembre de 2011, Beltrones usó la tribuna del Senado para proponer los gobiernos de coalición “en donde las distintas fuerzas políticas puedan acordar políticas públicas con objetivos claros, que compartamos todos, y, adicionalmente, éstas se hagan efectivas en el Congreso”.

Su propuesta recibió apoyo variopinto. En un desplegado periodístico se comprometieron Juan Ramón de la Fuente, Carlos Fuentes, Jorge Volpi, José Woldenberg, Cuauhtémoc Cárdenas, Marcelo Ebrard, Xóchitl Gálvez, Rolando Cordera, Lorenzo Córdova, Javier Corral, Lázaro Cárdenas Batel, Patricia Mercado, Gabino Cué, Santiago Creel, etcétera. Desde entonces, el más entusiasta ideólogo de la propuesta es Diego Valadés.

La idea central es que los puestos del gabinete sean aprobados por la Cámara de Diputados, salvo los militares.

Para Beltrones, el gobierno de coalición a nivel federal es la única alternativa que tenemos para evitar la colisión política “a la que vamos” en 2018, el crucial año electoral en el que todo indica que será mínima la diferencia de la votación de los 3 candidatos de las fuerzas políticas más importantes, como en 2006 entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador.

Explicó Manlio que de 1994 a la fecha, es decir, a partir de la elección de Ernesto Zedillo, los presidentes que han sido electos no superan el 45 por ciento de los votos. En 2012, con Enrique Peña Nieto, no fue muy distinta. “El candidato triunfador tuvo 38.6 por ciento del PRI y 7 del Verde. ¡Ojo! La caída en lo que es el apoyo electoral a uno de los presidentes es evidente”.

En octubre de 2016 fue igual de gráfico en un encuentro perredista en el que también participó el ex director del IFE José Woldenberg: “Fue en 2006 cuando se rompió todo y empezamos a juntar pedacitos… el drama de ese 1 de diciembre que no quisiéramos vivir nunca más, en el cual estuvo a punto de no protestar el entonces candidato triunfador, Felipe Calderón”.

Su pronóstico es que en la próxima elección presidencial, el ganador podría no ser de tercios, sino de cuartas partes; el triunfador tendría aun apoyo de menos de 30 por ciento. En la elección, de junio próximo, en el Estado de México, el ganador podría alzarse con el triunfo con un porcentaje menor.

En febrero pasado fue más pesimista basado en las encuestas, en las que dijo ya no creer mucho: “…tener un Presidente de la República votado por el 30 por ciento del 60 por ciento del padrón, lo cual le podría dar entonces el 18 por ciento de los electores. Y con ellos intentar gobernar un país tan plural como el nuestro con una sola persona”.

La solución está, para Manlio, en un gobierno de coalición en 2018. El problema es que existiendo la figura en la Constitución, falta la ley reglamentaria.

La cuestión está en que los poseedores de capacidad constitucional de iniciar leyes no parecen tener la urgencia de Manlio por evitar la colisión apocalíptica a la que nos dirigimos.