“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

José Narro y cómo sacar al PRI del pasado

Vana será la espera de la nomenklatura tricolor si sus planes de supervivencia y recuperación dependen de los errores que cometa el gobierno de Andrés Manuel López Obrador

Por Juan Bustillos

Que lo encabece el doctor José Narro sería lo mejor que pudiera pasar al PRI, un partido que vive sus peores momentos (para algunos está en los estertores previos a la extinción) a causa del rechazo de la sociedad y el divorcio de su cúpula con la militancia.
El ex rector de la UNAM posee, entre los aspirantes a suceder a Claudia Ruiz Massieu, el mejor perfil para intentar la reconciliación del PRI con las clases media y dirigente del país, la comunidad académica y los jóvenes universitarios.
Sin embargo, para iniciar la recuperación en el escenario más catastrófico de la casi centenaria historia del partido otrora invencible, Narro necesita que él mismo y quienes empujan su candidatura a presidirlo encuentren la manera de reconciliarlo con el grueso de la población, la más desfavorecida, la que se marchó tras Andrés Manuel López Obrador, y con ella unos 10 millones de priistas desilusionados.
En la sesión del Consejo Político Nacional, en la que, por razones económicas y de inexistencia de un padrón confiable, la cúpula priista decidió prescindir del INE para elegir a su nueva dirigencia nacional, exhibió el peor de los rostros, el de la derrota aún no digerida.
La nomenklatura que en las últimas décadas mantuvo el control del PRI y del país da la apariencia de no percatarse aún que dejó de ser gobierno, que su situación es de desahucio y de estar a la espera de un error mayúsculo que hunda al nuevo grupo gobernante, conformado, en su cúpula, por varios ex priistas (Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard, Alfonso Durazo, Esteban Moctezuma y Ricardo Monreal), y en su base dirigente por ex perredistas con origen en la fractura del tricolor, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo en tiempos de Miguel de la Madrid.
Vana será la espera de la nomenklatura priista si sus planes de supervivencia y recuperación dependen de los errores que cometa el gobierno de López Obrador porque, más allá de algunas de sus polémicas propuestas y de acciones que a la vista parecen errores con consecuencias monumentales previsibles, el rechazo de la sociedad al PRI y la popularidad del Presidente, aún a la baja, según algunos conteos, son factores que, unidos, permiten vaticinar que el camino de regreso de los tricolores será largo y penoso.
Y lo será más aún si el doctor Narro, o a quien sea encomendada la misión de encontrar el camino a la tierra prometida, no logra modificar la mentalidad del priismo dirigente atrapado aún en el pasado.
Me parece escuchar las usuales frases del priismo cupular en el sentido de la inexistencia de derrotas o victorias para siempre, y quizás hasta se me diga falso profeta de una extinción que no ocurrirá, pero intento ser fiel a la convicción con que se marcharon de la sesión de su Consejo Político Nacional algunos priistas fiables del más alto nivel, que aún los hay.