“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

>Cuando estábamos en pánico, solo Videgaray acertó

Titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, de las pocas mentes lúcidas que rodean al Presidente

Por Juan Bustillos

Conforme a la experiencia, no faltará quien lea ahora que cambié de candidato presidencial y que ya no lo es Miguel Osorio Chong, sino Luis Videgaray.

No es así; insisto, no tengo candidato y nada hay que me obligue a tenerlo, amén de que a nadie le importa si lo tengo o no.

Conozco al secretario de Relaciones Exteriores menos que al de Gobernación. Lo entrevisté en una ocasión para IMPACTO TV, cuando era presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados. Creían que se promovía para suceder a Enrique Peña Nieto en el Estado de México, pero en realidad luchaba contra el subejercicio de Juan Molinar Horcasitas en la Secretaría de Comunicaciones, a evitar que Felipe Calderón consiguiera un impuesto especial para que Ernesto Cordero combatiera a la pobreza y se convirtiera en candidato presidencial del PAN, y  coadyuvaba a construir la candidatura de Enrique Peña Nieto para que el PRI recuperara la Presidencia de la República.

Todos hemos hecho escarnio de Videgaray, en especial a partir de que se confesó promotor de la visita de Donald Trump a Los Pinos, razón por la que en un acto de heroísmo dejó la Secretaría de Hacienda, desde la cual parecía, con Miguel Osorio Chong, uno de los 2 aspirantes naturales a la candidatura presidencial del PRI en 2018.

Pero con el triunfo del candidato republicano en Estados Unidos y a que, en contra de lo que cualquiera diga ahora, fue el único en vislumbrarlo, su lugar en el espacio político mejoró mucho en relación a su salida inopinada del gabinete de Enrique Peña Nieto, en el que se manejaba como jefe de grupo.

La cuestión es que los acontecimientos le están dando la razón al secretario de Relaciones Exteriores y su posición en el equipo de Peña Nieto ha vuelto a ser la privilegiada del pasado, incluso, creo que hoy es más influyente que antes.

El miércoles, Peña Nieto habló por teléfono con Trump. La plática se puede resumir en que el Tratado de Libre Comercio de México con Estados Unidos y Canadá no morirá, sino al contrario, será modernizado.

El comunicado de la Presidencia de la República parecía calca de lo que desde un principio dijo Videgaray al ocupar la oficina que fue de Claudia Ruiz Massieu. Ayer, el Presidente de México habló con el primer Ministro de Canadá, Trudeau, y dijeron lo mismo.

Para registrarlo de otro modo, mientras Trump amenazaba con acabar con el Tratado y en México entrábamos en pánico porque, a diferencia de 1993, hoy nos parece que sin TLCAN  no podremos vivir, el único que mantenía  la calma y sabía leer las señales norteamericanas era Videgaray.

Se dirá que no hay mérito, que el yerno de Trump, Jared Kushner, posee información privilegiada y que la comparte con nuestro secretario de Relaciones Exteriores por razones que no sabemos, y que por eso su lenguaje anticipó al empleado el miércoles por Trump, pero también es cierto que en eso consiste la diplomacia. De los mexicanos, Videgaray fue de los pocos en anticipar que el Tratado no expiraría y que sólo sería modernizado.  Acertó, queramos aceptarlo o no.

Quizás en su clarividencia, o en su capacidad para saber, de antemano, lo que piensa Trump, al margen del Twitter y del discurso, está la explicación de por qué Peña Nieto decidió desafiar a los críticos y lo regresó al primer nivel de su círculo asfixiante.

Ahora bien, no sabemos si Trump comparte con Videgaray la definición de modernidad del Tratado; de hecho, es difícil saber con antelación lo que piensa el mandatario norteamericano, pero es indiscutible que Luis supo anticipar lo que haría el mandatario norteamericano cuando, en México, todo el mundo temblaba por la amenaza de muerte al TCLAN.

Como empecé hablando de sucesión presidencial y candidatos debo decir que la plática de Peña Nieto con Trump no indica que el conocimiento de la verdadera manera de pensar y actuar que Videgaray tiene de Trump le garantiza que Peña Nieto ponga en sus manos la suerte del PRI en 2018, pero sí es muestra clara de que el secretario de Relaciones Exteriores, más allá de su proclividad a no caer bien a nadie, a su gusto de mostrarse hosco y soberbio, es una de las pocas mentes lúcidas que rodean al Presidente.