“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

AMLO ofende la inteligencia de Yunes

En divertida comedia en que se ha convertido el proceso electoral del 4 de junio sólo faltaba un huevo en el arroz

Por Juan Bustillos

Los historiadores no se han puesto de acuerdo si fue Joseph Fouché o Talleyrand quien dijo ante el asesinato del duque de Enghien que no fue un crimen, sino un error.

El diplomático lenguaje de los historiadores encubre el daño que el crimen causó a Napoleón Bonaparte. La frase correcta en español mexicano habría sido: Fue una pendejada, no un asesinato.

Eso ocurrió ayer en Huatusco, Veracruz, cuando una mujer, cuya identidad permanece sin identificar, estampó un blanquillo en la cabeza de Andrés Manuel López Obrador.

No fue una agresión; fue una pendejada.

Conozco lo suficiente a Miguel Ángel Yunes para negarme a aceptar que fue él quien dio la consigna de que una mujer coronara con un huevo en la cabeza a Andrés Manuel por lo mal comediante que es, porque la agresión le benefició, en lugar de ridiculizarlo, si esa fue la intención.

López Obrador ansiaba, pedía a gritos, algo similar para ofrecerse ante el país como le gusta, como víctima; ni siquiera esperaba que, como le ocurrió a Cuauhtémoc Cárdenas, irrumpiera en sus actos de campaña un grupo de travestis en aquellos tiempos en los que la igualdad de género ni siquiera era discurso; le bastaba con la yema y la clara escurriendo en su cara.

Pregunto a quienes conocen de cerca de Andrés Manuel y están dispuestos a apostar que fue él a quien se le ocurrió que le aventaran un huevo al rostro para poder deambular por Veracruz diciendo que la mafia del poder lo agrede, pero que su escudo es su honestidad.

Prueba de la falsedad de la agresión es que nada tiene que ver un blanquillo estrellado en la cabeza con la honestidad de quien lo recibe, a menos que sea un mal actor de teatro o que la agresión haya sido planeada por él mismo.

Si Yunes estuviese atrás de la bienvenida al líder de Morena en Huatusco no habrían sido suficientes los huevos de los Bours, pero Miguel Ángel no es tan predecible como supone Andrés Manuel.

Ofender a Yunes es pensar que se le ocurren y ordena este tipo de juegos dignos de estudiantes de secundaria; es más creíble suponer que el lanzamiento del huevo nació en el cuarto de guerra del agredido.

Andrés Manuel necesitaba llegar con una novedad a Veracruz, una entidad en donde se le acumulan los videos que desmienten su honestidad valiente.

Cualquiera de sus asesores le dirían que la receta perfecta para contrarrestar la bien orquestada campaña en su contra teniendo a Eva Cadena como protagonista nada ingenua de una serie de corruptelas que parecen ser el sello de la casa morena es cambiar el rol de villano a víctima.

Casi lo logra. En coro, PRI, PAN y PRD condenaron la “agresión”. Enrique Ochoa Reza, el más novato de quienes se rasgaron las vestiduras, parece ignorar que, en su campaña presidencial, Enrique Peña Nieto fue perseguido por un grupo que se daba el lujo de viajar en avión para hacerle la vida pesada; no le estrellaban blanquillos; golpeaban su camioneta. Aquello eran agresiones, no un huevo arrojado a su cabeza.

En esta divertida comedia en que se ha convertido el proceso electoral del 4 de junio sólo faltaba un huevo en el arroz. Fue tan perfecto el episodio, tan mesurada la reacción de López Obrador y sus seguidores, que sólo los incautos pueden creer que a Yunes se le ocurriera esa broma infantil.

No, si Miguel Ángel estuviera atrás de la agresión al moreno, otro habría sido el espectáculo y no una yema y una clara escurriendo en el rostro de la “sorprendida” víctima.

Fouché tuvo razón: No fue crimen; fue una pendejada de quien planeó el huevazo.