Inicio > Columnas > “Solo parta Iniciados”, por Juan Bustillos

“Solo parta Iniciados”, por Juan Bustillos

Bienvenidos soldados y marinos a poner coto a crimen, si de eso se trata

Por Juan Bustillos

Mentiría si me declaro sorprendido por la aprobación de la ciudadanía de confiar la seguridad pública a las Fuerzas Armadas que registra la encuesta del periódico Reforma.

A pesar de la intensidad con que la izquierda de Morena las atacó en la campaña electoral de 2018 atribuyéndoles hechos deleznables, la mayoría sin prueba alguna, y ya convertida en gobierno externó su deseo de desaparecerlas para convertirlas en policías, en otros y estos tiempos solo los militares tienen el respeto y la confianza de la población.

Los mexicanos reconocemos, sin necesidad que las Fuerzas Armadas gasten miles de millones en publicidad, lo que soldados, marinos y la Fuerza Aérea, hacen por el país, muy en especial en las situaciones catastróficas, como son los desastres naturales, la pandemia del coronavirus y la guerra contra el crimen organizado de Felipe Calderón que medio continuó Enrique Peña Nieto y a la que de plano ha ¿había? renunciado Andrés Manuel López Obrador.

No nos equivoquemos, el temor de la población no es a los militares sino al uso que de ellos puedan hacer los políticos.

Tal vez nunca sabremos qué ocurrió realmente en 1968. Cuando creí en Autlán estar a punto de acercarme a la verdad recibí solamente un cariñoso agarrón de pelo en la nunca seguido de una pregunta y su respuesta: “¿sabe guardar un secreto, mihijo? ¡Yo también, cabrón!”.

A cambio, supe que hay militares, como el general Marcelino García Barragán, que no se dejan manipular por políticos, sean de aquí o de otras latitudes, y se mantienen leales a su comandante supremo sea cual sea la circunstancia que atraviese el país y que usándolo de pretexto intenten seducirlos ofreciéndoles aprovechar la oportunidad de tomar el poder, o que alguno de ellos enloquezca creyendo ser la solución a los males nacionales.

No está de más recordar por enésima ocasión al general Enrique Cervantes Aguirre, formado precisamente en las huestes de García Barragán, quien al avecinarse en el año 2000 la primera transición partidista e ideológica a mi pregunta sobre qué haría el Ejército en caso de la crisis que según algunos traería consigo que el PAN sacara al PRI de Los Pinos, me contestó: “¡No somos el IFE!”.

Y cuando Andrés Manuel López Obrador derrotado en 2006 dio la orden de que la sesión del Congreso General en la Cámara de Diputados en que tomaría posesión Felipe Calderón fuera todo, menos normal, en el último segundo de aquel último día de noviembre, Vicente Fox entregó una bandera nacional a un cadete del Heroico Colegio Militar que a su vez la depositó en las manos de Calderón.

El nuevo Presidente, a quien alguien aconsejó la sinrazón de usar chaleco antibalas bajo la camisa, que desde luego desechó, dijo esa madrugada: “Al entrar en ejercicio de mi cargo como presidente de la República (…) recibo esta bandera nacional que ondeará en las oficinas de la Presidencia durante los próximos seis años”.

Ya Calderón era comandante supremo de las Fuerzas Armadas, ocurriese lo que ocurriese en San Lázaro.

El temor no es al Ejército, es a los políticos.

Desde luego la aceptación del Presidente López Obrador de la realidad, el fracaso de la Guardia Nacional, provocó cierta alarma en algunos sectores.

Pero no tiene que ver con resignarnos a aceptar que los soldados se metan a nuestros hogares, se lleven lo que encuentren mal puesto, violen esposas, madres o hijas, asesinen o torturen por doquier y con cualquier pretexto, sino con la campaña promovida en redes sociales tendente a crear la idea de que un sector mayoritario de la población busca deponer al Presidente de la República así como el rompimiento del Pacto Federal.

Hay quienes pensamos, y así lo hemos plasmado por escrito, que tres o cuatro son los factores que empujaron al mandatario a utilizar el artículo quinto transitorio del Decreto de marzo de 2019: el Fracaso de la Guardia Nacional para abatir la violencia heredada de los sexenios pasados, las presiones del gobierno de Donald Trump por el incremento de trasiego de droga a territorio norteamericano a causa de la inexistencia en México de una estrategia para parar a los narcotraficantes, el temor del gobierno mexicano a que la crisis económica (desempleo y pobreza) genere una ola desbordada de saqueos y la polarización política de paso a estallidos sociales.

Insisto, la desconfianza no es a lo militares, sino a los políticos de la Cuarta Transformación que, a despecho del discurso de campaña en la que identificaba a las Fuerzas Armadas con la legión de demonios de la mitología persa, instalada ahora en el gobierno le encarga de todo, no solo construcción de aeropuertos, hospitales y bancos, etcétera, y en el futuro quizás más, ofreciendo la apariencia de tratarse de una adquisición de lealtad.

Es decir, que en el futuro las use para sostenerse en el poder.

Ese es el verdadero temor.

Por lo demás, bienvenidos soldados y marinos a lograr lo que, disfrazadas de Guardia Nacional, las policías militares no han conseguido, poner coto al crimen organizado… si de eso se trata.

%d bloggers like this: