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Una base de datos genética contra el tráfico ilegal de órganos de tigre

Gustavo Monge

Praga, 5 jun (EFE).- Prevenir y sancionar el comercio ilegal de pieles, huesos o genitales de tigre, a los que se atribuye falsamente propiedades curativas, es el objetivo de Tigris ID, un sistema de rastreo genético lanzado por República Checa y que quiere servir de base para un programa de colaboración internacional.

A comienzos de este año había en el país centroeuropeo 173 tigres registrados, 40 de ellos en zoológicos con licencia y el resto en 25 criaderos privados, informa a Efe la Inspección de Medio Ambiente.

A partir del análisis del ADN de esta numerosa población de tigres, se ha creado una base de datos que permite hacer un seguimiento cuando se interceptan órganos destinados al mercado negro y localizar su procedencia.

La iniciativa comenzó hace tres años cuando las autoridades checas detectaron un aumento del tráfico de órganos de tigre.

En la aduana de salida del aeropuerto eran interceptadas con frecuencia calaveras, colmillos o garras que trataban de embarcarse en vuelos con destino a China o Vietnam.

Esas incautaciones hicieron saltar las alarmas sobre la existencia de un gran negocio ilegal con productos de este felino en peligro de extinción, explica a Efe Pavla Rihova, directora de Biodiversidad de la Inspección de Medio Ambiente.

Las autoridades lanzaron el pasado julio una amplia operación de registros en los 25 criaderos, circos o atracciones turísticas con tigres y compararon el material genético de los animales vivos con el de los restos localizados en la aduana.

Ese cotejo permitió establecer que los restos localizados provenían de algunos de esos criaderos.

Esa operación acaba de permitir las primeras condenadas por tráfico de productos de tigre: un juzgado condenó este martes a penas de cárcel y multas al dueño de un circo que suministraba los animales a un empresario que preparaba los órganos y a un ciudadano de origen vietnamita que los vendía, localmente y en el extranjero.

Pero la demostrada eficacia de Tigris ID se diluye si el negocio se traslada a otros países, como Polonia, Eslovaquia o Alemania, debido a la ausencia de un sistema internacional de intercambio de datos.

“Queremos cooperar con otros Estados que crían tigres en cautividad o libres, para que estos análisis forenses se puedan utilizar en otros lugares, ya que ahora no existe tal comunicación”, cuenta Rihova.

De hecho Tigris ID será presentado internacionalmente en la reunión que la Sociedad de Ciencias Forenses de la Fauna celebrará en Estados Unidos la semana que viene.

En la República Checa existe una compleja red de criaderos privados, a menudo vinculados a compañías de circo, empresas de mascotas y, finalmente, comerciantes que trafican con los restos de los animales para vender sus productos a la numerosa comunidad vietnamita del país o exportarlos a Asia.

Erik Geuss, director de la Inspección de Medio Ambiente, achaca esta especial situación en el país a la larga tradición de crianza y a la comunidad vietnamita, que con 60.000 personas es la tercera más numerosa de Europa, “de la que proceden aquellos que comercian con productos del tigre”.

Muchos chinos y vietnamitas siguen creyendo en las inexistentes propiedades curativas o regeneradoras de los órganos del tigre, animal del que se aprovecha todo y por cuya piel se llegan a pagar 18.000 euros (20.250 dólares).

“Si alguien cree que la garras del tigre son un remedio contra el cáncer, puede rallarse sus propias uñas. La composición química es exactamente igual”, denuncia Geuss.

El Ministerio del Interior, del que depende el programa Tigris ID, planea extender en el futuro este sistema a la lucha contra el comercio de otros animales exóticos, como leones o leopardos, de los que también hay muchos en República Checa.

Además, se está preparando una nueva legislación para que solo los zoos con licencia puedan criar tigres y establecer normas más estrictas sobre las condiciones en que deben ser mantenidos estos animales. EFE