Una mujer con discapacidad disputa a los carpinteros de Gaza su monopolio

Saud Abu Ramadán


Gaza, 12 ene (EFE).- Magda Morad es un modelo y ejemplo de superación por ser la primera mujer en aprender el oficio de carpintera y tapicera en Gaza, a pesar de tener una discapacidad que le impide usar sus piernas.

Esta mujer de 46 años asegura a Efe que nunca ha sentido su minusvalía como un obstáculo para hacer algo que le apasiona y que supone un doble reto al ser, desde que recuerda, “monopolio exclusivo de los hombres”.

“Hace seis meses, debido a la difícil situación que atravesábamos mi familia y yo, decidí aprender estos oficios. Y ahora soy capaz de fabricar un mobiliario bueno y moderno”, afirma con orgullo.

Se inscribió en la Institución Irada (Volition), un centro de rehabilitación de Ciudad de Gaza que también da cursos de formación de entre 3 y 6 meses complementados con oportunidades laborales temporales para poner en práctica lo aprendido.

Desde 2012 han desarrollado esta labor que permite a las mujeres lanzarse al mundo de los negocios con pequeños proyectos, y garantizarse así una mejor calidad de vida para ellas y sus familias.

“Nos enseñan a hacer muebles, a ensamblar piezas, a medir, pintar y diseñar”, explica mientras corta con soltura con una sierra eléctrica unos patrones de madera para un sofá.

Antes de sufrir el accidente que inutilizó sus extremidades inferiores, Morad trabajaba como profesora, y ahora vuelve a disfrutar de la perspectiva laboral que su nuevo aprendizaje le abre.

“De aquí sacamos varios beneficios. Aprendemos habilidades manuales que nos ayudan a superar nuestras dificultades y al mismo tiempo abandonamos el aislamiento en el que caemos cuando tienes que convivir con una discapacidad”, asegura.

Mientras envuelve el trozo de madera recién serrado con un pedazo de tela roja, Morad reconoce que ella misma se encerró un año en casa tras su accidente.

“Pero, con voluntad y determinación, me las arreglé para poder moverme, levantarme poco a poco y después desplazarme”, afirma con orgullo.

Ahora “soy feliz cuando termino un mueble que además tiene una impronta artística. Nos convertimos en gente productiva para la sociedad y dejamos de ser una carga para nuestras familias”, dice.

Lamenta los gestos de lástima o conmiseración que recibe de algunos de sus vecinos, porque cree que sus capacidades están sólo limitadas por su voluntad, y aprecia que mucha gente la mire con completa normalidad.

En su centro hay otras mujeres que han decidido aprender una de las diez disciplinas que allí se enseñan y que van desde la escultura al tallado en vidrio.

Es el caso de Samiha Shaheen, de 36 años y con una malformación de nacimiento en su brazo izquierdo, que se ha convertido en una profesional de la perforación y ornamentación de madera a través de un programa informático, y coincide con Morad en que es necesario imponer el esfuerzo ante los problemas

Fuentes palestinas cifran en 43.642 los hombres, mujeres y niños en Gaza que tienen algún tipo de discapacidad física, un total del 2.4 por ciento una población que roza los dos millones.

La Asociación Nacional para la Rehabilitación de Personas con Discapacidad señala en un informe reciente que el 65 por ciento de éstas padecen dificultades económicas y un contexto complicado.

Casi el mismo porcentaje tiene estudios, mientras que un 32 por ciento no saben leer o escribir.

Según los expertos, el alto porcentaje de personas con discapacidades físicas está relacionado con las tres guerras con Israel por las que han pasado los residentes de la Franja desde 2008.

La última, que se prologó durante 51 días entre los meses de julio y agosto de 2014, fue la más larga y cruenta de las tres, con más de 2.100 palestinos muertos y un número de heridos que superó los 11.000.

El director del departamento de Relaciones Públicas y Finanzas de Irada estima en 700 las personas han participado en sus programas desde que abrieron y cuenta que, además de la formación y el empleo, el proyecto también incluye la exhibición de los productos hechos por las aprendices.

Hany el Yazouri, uno de los clientes que acuden a la exposición alojada en la Universidad Islámica, muestra a Efe su sorpresa por el origen de las obras y se rinde ante unos resultados “fenomenales, bellos e increíblemente bien hechos”. (1)EFE