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Una plata que sabe a oro para las argentinas Gallay y Pereyra

Fernando Gimeno

Lima, 30 jul (EFE).- “Una remada terrible”, así definió la jugadora argentina de voley playa Ana Gallay todas las dificultades que atravesó para llegar a los Juegos Panamericanos de Lima 2019, donde a punto estuvo de repetir la medalla de oro de hace cuatro años, pero al final tuvo que conformarse con la plata.

Tan cerca vio el oro colgado en su cuello que la plata al final le supo a metal dorado, sobre todo por los esfuerzos que hizo desde Toronto 2015 para llegar bien a Lima 2019, los mismos que afrontó siempre motivada por la pasión que irradia por el voleibol de playa.

“No ha sido ningún sacrificio. Lo volvería a hacer mil veces”, confesó Gallay minutos después de haber perdido junto a su compañera Fernanda Pereyra la final contra las estadounidenses Karissa Cook y Jace Pardon por 1-2 (21-14, 20-22 y 10-15).

“Creíamos que podíamos llevarnos la dorada pero las chicas de Estados Unidos jugaron muy bien. Llevarnos las plata es un orgullo. La realidad es que nosotros veníamos aquí con el objetivo de una medalla y estar entre las cuatro mejores, porque aquí hay potencias compitiendo. Aun así llegamos a la final”, recordó.

Esa remada de Gallay comenzó cuando su compañera Georgina Klug se retiró para ser madre y ella se vio sola sin nadie que pudiera sustituirla.

“Estuve ocho meses buscando dupla y no conseguía. Incluso estuve a punto de dejar de jugar porque yo ya veía que esto era difícil hasta que encontré una loca igual que yo, y en un año y medio logramos esto que es muy importante”, relató Gallay.

Esa “loca” es Fernanda Pereyra, a quien Gallay vio sus dotes de bloqueadora, justo la especialidad que necesitaba para complementar su juego.

Pereyra, que ni siquiera se entrenaba en esos momentos, aceptó a ciegas la oferta de la campeona panamericana que incluía mudarse a Mar de Plata y vivir todas las limitaciones de dedicarse noche y día a un deporte como el voley playa, que “en Argentina es extremadamente amateur”, indicó Gallay.

“Fer también es una luchadora. Ella venía de no entrenar, y de repente pasó a tener que entrenar cinco horas al día, seis días a la semana, con gimnasio y playa”, agregó.

A la semana siguiente ya estaban compitiendo en el circuito sudamericano de voley playa, con un podio incluido, pero Pereyra experimentó las dificultades económicas que su compañera ya conocía para ir a competir al circuito mundial.

“No tuve ninguna adaptación. Empecé a jugar directamente el circuito sudamericano y fue difícil, por la arena, que es muy pesada, sobre todo en Mar de Plata”, narró Pereyra.

“Ana es una luchadora constante, tiene un carácter muy fuerte, siempre hacia arriba. Yo soy más tranquila, pero siempre buscamos el equilibrio. Creo que nos complementamos muy bien. Fuera de la cancha somos muy divertidas y eso me encanta”, añadió.

Por su parte, Gallay admitió que les falta “jugar más en el circuito mundial”.

“Este año hicimos seis etapas. Con Geo (Klug) jugábamos quince etapas, y es donde más rápido creces. En Argentina entrenamos con amigos, pero es fundamental jugar a nivel internacional”, precisó.

Para llegar bien a los Panamericanos, Gallay y Pereyra se fueron dos meses y medio a jugar a Europa, un tiempo donde no vieron a sus familias hasta después de jugar el primer partido en Lima 2019. La primera parte del viaje la hicieron sin entrenador y las discusiones a punto estuvieron de echar todo por tierra.

“A la dos semanas nos queríamos volver. Por suerte tuvimos dos amigos en Berlín que nos dieron una mano, y ahí empezamos a resucitar y a querer seguir jugando. Cuando vino nuestro entrenador fue fundamental”, valoró Gallay.

La siguiente meta para Gallay y Pereyra serán los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, probablemente el último gran torneo para la jugadora de la provincia de Entre Ríos, que ya piensa en retirarse y ser madre como hizo su excompañera Klug.

“Si fuésemos de Estados Unidos, Alemania o Brasil, puedo ser madre y volver al toque, pero somos argentinas. Sé que, el día que sea madre, será imposible seguir jugando. Así que lo postergaré. Después de los Juegos dependerá de cómo nos vaya en el circuito mundial”, anticipó.

Para antes de ese momento reconoció que le gustaría ver por fin un circuito profesional en Argentina. “Para los siguientes Panamericanos tendré 37 años y ojalá haya diez pibas más y que me saquen el puesto. Yo sueño con que Argentina sea potencia del voley playa”, concluyó. EFE

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