Valparaíso otra vez escenario favorito de ciclistas de alto riesgo

AS Chile – Diario AS

Alberto Valdés Gómez

Valparaíso (Chile), 11 feb (EFE).- La ciudad chilena de Valparaíso se convirtió hoy en el “patio de juego” de los mejores riders del mundo, que compitieron por la corona de campeón del descenso urbano en bicicleta, un espectáculo bañado en adrenalina en el que los asistentes contuvieron el aliento con saltos y acrobacias de infarto.

Entre dos y tres minutos. Ese es el tiempo que tarda un profesional de la “mountain bike” en recorrer los casi dos kilómetros que separan el punto más alto del Cerro Alegre de la céntrica plaza Anibal Pinto, un camino plagado de obstáculos y callejones, donde solo la sangre fría y los reflejos son capaces de convertir una potencial caída mortal en una fiesta.

Así lo atestiguaron las miles de personas que asistieron a la decimosexta edición de esta competición auspiciada por Red Bull, en la que el checo Tomas Slavik se alzó como vencedor por segunda vez consecutiva al completar el circuito en 2 minutos y 42 segundos, seis menos que el año anterior.

Para lograrlo, Slavik tuvo que derrotar a 34 riders de 18 nacionalidades distintas, entre los que destaca la presencia de varios chilenos como Mauricio Acuña, Andreas Kukulis y Matías Núñez, quien logró el tercer puesto en la clasificación final, a solo dos segundos de igualar la marca del bicampeón checo.

La jornada estuvo marcada por el calor abrasador del verano chileno y por los comentarios que se escuchaban cada vez que uno de los “profesionales del riesgo” surcaba el cielo realizando trucos imposibles, la mayoría expresados en forma de pregunta retórica donde primaba la incredulidad ante lo que acababan de presenciar.

El mejor resumen lo protagonizaron los propios competidores, los cuales no podían evitar detenerse durante unos segundos a contemplar la impresionante vista de la bahía de Valparaíso desde lo alto del Cerro Alegre antes de emprender el descenso.

Desde esa altura, la ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2013, aparece como una postal casi irreal, llena de colores y calles que se entrelazan entre sí, formando un laberinto repleto de graffitis y murales de todas las dimensiones y formas imaginables.

Sin embargo, la calma de tan bella escena era interrumpida cada diez minutos por un silbato, que anunciaba la salida de un nuevo corredor, lo que generaba la euforia entre los presentes, quienes sabían que en un abrir y cerrar de ojos su ídolo desaparecería a toda velocidad.

Tanta era la rapidez a la que bajaban los riders que un grupo de amigos no pudo evitar señalar la similitud que estos tenían con los coches de carreras y comenzaron a reproducir el sonido de motor característico de los eventos de la Fórmula 1, desatando la risa entre los que se encontraban cerca.

Pero sin duda, los otros protagonistas de la jornada fueron los niños que acudieron al evento con sus padres, quienes corrían alrededor de los especialistas del descenso rogándoles que se sacaran una foto con ellos e incluso pidiéndoles que les dejaran la bicicleta “para dar una vuelta”.

La frenética jornada, que se alargó hasta la tarde del domingo, terminó con una gran fiesta en la falda del cerro, donde los ganadores recibieron la ovación de un público entregado que nunca guardó el teléfono móvil, como si quisiera inmortalizar con una cámara de vídeo aquello que sus ojos y memoria eran incapaces de retener.

Así, como indicó el prestigioso fotógrafo francés Cartier-Bresson en uno de sus escritos más conocidos, cada uno de ellos retrató “el momento decisivo” de la acción y guardó para sí y sus amigos en las redes sociales un pedacito de la adrenalina que desata un deporte donde lo imposible no tiene límites. EFE