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Víctima de abusos del Sodalicio en Perú no supera trauma tras poner denuncia

Lima, 4 feb (EFE).- El primer denunciante de los abusos cometidos contra menores dentro de la congregación religiosa peruana Sodalicio de Vida Cristiana aseguró este lunes ante la comisión parlamentaria que investiga el caso que no puede superar ese trauma por la inacción del Estado y las represalias que recibe.

El periodista José Enrique Escardó, cuyo testimonio fue revelado por primera vez en el libro “Mitad monjes, mitad soldados”, de los también periodistas peruanos Pedro Salinas y Paola Ugaz, indicó que se siente un sobreviviente y no una víctima, pero ya sin la esperanza de poder vencer a los traumas vividos.

Escardó advirtió que, tras su denuncia, el mismo Sodalicio se encargó de cerrarle oportunidades laborales y que la Fiscalía no actuó de oficio una vez iniciadas las querellas, mientras que él tiene que soportar desde hace años represalias que lo tildan de loco, mentiroso y de querer destruir a la iglesia.

El denunciante relató diferentes abusos sufridos cuando era aspirante para ingresar en esta organización religiosa fundada por el peruano Luis Figari.

Escardó contó que los tutores los llevaban a situaciones extremas, manipulaban sus emociones para hacerlos más vulnerables y lo hacían siguiendo un protocolo y aprovechando también su situación de adolescentes.

El denunciante indicó que los abusos no solo eran psicológicos, sino también físicos, emocionales e incluso sexuales, que en su caso no llegaron a concretarse pese a que en una oportunidad fue examinado físicamente por su director espiritual, Alfredo Dracen.

Afirmó que fue el mismo Dracen quien le hizo “pruebas de valor” con una navaja que le puso en el cuello y con la que luego le punzó en el pecho varias veces mientras le llamaba maricón porque Escardó se puso a llorar.

Otros de los abusos que Escardó asegura haber sido testigo fueron lavar los servicios higiénicos con las manos, sin guantes, y con esa misma agua lavarse la cara.

También ingerir solo lechugas y agua durante semanas, permanecer de pie toda la noche meditando frente a una capilla, dormir por meses en una escalera, escribir 10.000 veces una consigna de castigo o ser pintado en la cara con insultos que dañaban la autoestima.

Los baños de agua helada eran constantes, ya que los instructores del Sodalicio aprovechaban que la casa donde acogían a los aspirantes por temporadas estaba frente a la playa.

El congresista Alberto de Belaúnde, presidente de la comisión investigadora, valoró la valentía de Escardó y sostuvo que testimonios auténticos como el suyo ayudarán para tomar medidas de precaución que la comisión recomendará para que estos abusos no se repitan en comunidades de ninguna índole.

Los abusos sexuales en el Sodalicio ocurrieron entre 1974 y 2009 a al menos 36 personas, entre ellas 19 menores, según el informe de la investigación interna, pero no comenzaron a ser investigados por la Fiscalía hasta 2015, cuando apareció el libro de Salinas y Ugaz.

Además de Figari, quien se encuentra en Roma apartado de la congregación, los otros agresores sexuales identificados dentro del Sodalicio son el fallecido Germán Doig, Virgilio Levaggi y Jeffrey Daniels, los dos últimos ya retirados de la sociedad, quienes abusaron de 19 menores y 10 adultos entre 1975 y 2002. EFE

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