Nuevo estudio rompe mitos sobre la violencia sexual y pone el foco en la prevención

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Durango, Dgo.— La violencia sexual no puede explicarse a partir de un único perfil de agresor ni atribuirse necesariamente a un trastorno psicológico. Esa es una de las principales conclusiones de una nueva investigación que analiza las experiencias, creencias y factores sociales asociados a personas sentenciadas por delitos sexuales.

El estudio “Entender para prevenir: Factores Asociados al Delito Sexual (FADES)”, elaborado por Reinserta y el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, entrevistó a 511 personas privadas de la libertad y sentenciadas por delitos sexuales en ocho entidades del país.

Entre los principales hallazgos, la investigación encontró que 36.7 por ciento de las personas entrevistadas no tenía durante su infancia o adolescencia a alguien de confianza a quien contarle lo que le ocurría, mientras que 52 por ciento presentó un nivel bajo de empatía.

El documento también detectó la persistencia de ideas y prejuicios relacionados con la violencia sexual. Por ejemplo, 32 por ciento de los entrevistados consideró que una mujer podría mentir al denunciar una violación para llamar la atención.

¿Qué ocurre en Durango?

El tema también tiene una expresión concreta en el estado. Estadísticas del Poder Judicial de Durango muestran que durante el primer trimestre de 2026 se contabilizaron 20 asuntos de violación y 48 de abuso sexual dentro de los registros de delitos en materia penal del estado. En ese mismo periodo se registró además un caso de hostigamiento sexual.

Estos datos corresponden a asuntos registrados por el Poder Judicial y no deben interpretarse como el número total de víctimas o denuncias existentes en Durango, ya que la estadística judicial mide una etapa distinta a la incidencia delictiva reportada por las fiscalías.

La problemática también puede observarse en los casos que han llegado ante los tribunales. Durante 2026, la Fiscalía General del Estado de Durango ha informado de diversas sentencias por abuso sexual, violación y otros delitos de carácter sexual cometidos contra niñas y adolescentes.

Por ejemplo, en julio la Fiscalía dio a conocer una sentencia de 21 años de prisión por pederastia agravada contra una persona acusada de cometer actos sexuales contra una adolescente; el caso correspondía a hechos ocurridos en 2025.

En otro caso, también reportado por la FGED, un hombre recibió una sentencia de 14 años de prisión por violación agravada contra una adolescente, además de multas y reparación del daño.

Uno de los puntos centrales de FADES es que no existe una característica única que permita anticipar quién podría cometer un delito sexual. La investigación plantea, en cambio, que determinadas percepciones, creencias y sesgos pueden ser reforzados por el entorno social y convertirse en factores asociados a estas conductas.

El estudio también cuestiona la idea de que estos delitos puedan explicarse simplemente por la existencia de una enfermedad o trastorno psicopatológico. De acuerdo con los investigadores, los resultados obligan a observar también los aprendizajes sociales, las creencias y los comportamientos que pueden normalizar determinadas formas de violencia.

Esto, aclara Reinserta, no significa justificar los delitos ni reducir la responsabilidad de quienes los cometen. La organización plantea que comprender los factores asociados puede servir para desarrollar mecanismos de prevención antes de que ocurra una nueva agresión.

A partir de sus resultados, FADES plantea diez recomendaciones de política pública orientadas a fortalecer la prevención primaria, secundaria y terciaria, además de acciones que pueden impulsarse desde la sociedad.

La investigación fue presentada este 30 de septiembre de 2026 en el Museo Memoria y Tolerancia, en Ciudad de México, con la participación de especialistas del Instituto Nacional de Psiquiatría, Reinserta, autoridades, académicos y organizaciones civiles.

Para Durango, donde los registros judiciales muestran que durante los primeros meses del año ya se habían abierto procesos relacionados con violación y abuso sexual, el estudio coloca sobre la mesa la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención, atención a víctimas y detección de factores de riesgo.

La conclusión central de FADES es que prevenir la violencia sexual requiere entender los factores que la rodean sin perder de vista a las víctimas, y generar intervenciones que permitan actuar antes de que ocurra una nueva agresión.

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